EL ESPEJO CENTROAMERICANO
Villahermosa, Tabasco a 28 de octubre de 2018. La mucha hambre, la mucha sed, el inclemente sol o el frío que cala. La agotadora procesión. La suela insuficiente. La lastimosa distancia. El camino a la soledad. El sueño hecho combustible.
Las peripecias del migrante que ha visto en su lugar de origen cerrada toda posibilidad de desarrollo laboral, económico y humano, así como de seguridad y paz, no son pocas. Dificilísimas deben ser las circunstancias que orillan a cualquier ser humano a tomar la decisión de aventurarse a sufrir un extenuante calvario que lo dirige a la incertidumbre incluso de saber si lo peor se queda atrás, o si está por venir (como en ocasiones sucede).
Lo sabemos los mexicanos. Lo sabemos porque somos participes de esto de manera cotidiana. Nuestra sociedad está colmada de familiares, amigos o conocidos que “se fueron para el otro lado”. Que están o que estuvieron allá. Lo sabemos porque nuestra economía nacional depende en gran medida de ellos: hoy en día la segunda fuente de divisas, después del sector automotriz, proviene de las remesas de los mexicanos en el extranjero. Es decir, gracias a ellos, México es un país más fuerte. Lo sabemos también porque somos víctimas frecuentes de un racismo que cruza fronteras. Pero sobre todo lo sabemos, porque conocemos la pobreza rampante y la falta de oportunidades que azotan a millones y millones de mexicanos cada día.
Por eso, cuando el presidente del país vecino tachó al mexicano de delincuente, nos molestamos. Nos molestamos también cuando lo acusó de ilegal y prometió darle caza. Desde luego nos molestamos cuando comenzaron las múltiples deportaciones del connacional que había logrado establecerse en aquella nación.
“Las fronteras son para los países, no para las personas” exclamaban algunos; “ningún ser humano es ilegal” exclamaban otros. Y mientras tanto Trump, se erigía en Tirano.
Que rápido nos dimos cuenta que no lo era tanto. Bastó una caravana migrante surgida desde la cintura de nuestra América para cambiar los papeles. Ahora nosotros somos Trump. Ahora nosotros entendemos que las fronteras tienen utilidad política y de gobernanza. Ahora entendemos que sin controles migratorios peligra la seguridad de quienes se encuentran dentro de ellas. Ahora entendemos que la soberanía no es solo energética, sino también geográfica. Ahora entendemos que suficientes problemas tenemos en casa, para ofrecer ayuda al advenedizo. Ahora entendemos que no entendemos.
Centroamérica se nos ha vuelto en espejo, y el reflejo resulta familiarmente extraño.
Twitter: @MartinezBriceno