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La Verdad del Sureste

ESPIONAJE PERVERTIDO


¡Otro escándalo más para México! Ahora resulta que las personas que lo que buscan es ponerle fin a la corrupción en la que estamos y a la violación lacerante a los derechos humanos, se encuentran vigilados como si estos fueran terroristas. Quizá así los considera el gobierno -si lo fuesen lo serian pero solo para los del gobierno- que se encarga de invadir la privacidad, violentando sus derechos, encaminando mecanismos de intimidación contra estos activistas.
La nota del The New York Time en donde menciona que existe un software de nombre Pegasus -el cual es vendido por la empresa israelí NSO Group-, sólo a gobiernos bajo la condición de que únicamente lo use el gobiernos contra terroristas, secuestradores  y delincuentes de alto riesgo-, ha conmovido hasta sus cimientos la estructura del gobierno federal y la tranquilidad de la comunidad.
    Al parecer solo hay tres dependencias gubernamentales que adquirieron este programa: la SEDENA, la PGR y el CISEN. Este software, revela el The New York Times, funciona mediante el envío de mensajes de texto con enlaces maliciosos que permiten monitorear las llamadas que haga una persona, los correos que mande, y sus contactos.
    Este programa es vendido por la empresa israelí según previene en sus contratos, sólo para espiar a terroristas y a quienes forman parte del crimen organizado; tal prevención, al parecer los gobernantes de México, no acatan o no atienden, lo cual significa que no entienden el fin benéfico de utilizar este medio.
    Es de sospechar entonces el abuso del poder que hay en el uso de este programa que además, ha costado más de 160 millones de pesos –solo el software-, ya que por ese medio, es el gobierno el responsable de vulnerar ilegalmente la privacidad de estos actores sociales. Si, según se afirma, es un programa que sólo se puede y debe utilizar contra los terroristas y criminales, y se usa para investigar y vigilar a activistas de derechos humanos y a políticos opositores al partido del régimen en turno, entonces: ¿En dónde queda el privilegio de la privacidad?
    Los habitantes del país, ya no podemos seguir aceptando el silencio y la impunidad como una respuesta. Hay que reflexionar y plantear estrategias que sean necesarios para atacar estos cánceres sociales.
    No podemos soslayar el hecho de que la economía de mercado es un terreno de combate, que la información es clave en todo, donde se vuelve imperativo conocer las fortalezas y las debilidades de los demás (como dice Sun-tzu “conócete a ti mismo y conoce a tu enemigo”); lo que está en entredicho es si esa necesidad imperativa te justifica para trasgredir la sana convivencia, la paz ciudadana y abusar del poder.
    La información se obtiene de personas; personas que conozcan la situación del adversario, cierto; pero hay rutas que no debes usar, y medios que no debes utilizar así como ejércitos que no han de ser atacados, ámbitos y ciudades que no deben ser rodeadas, terrenos sobre los que no se debe combatir, y órdenes de gobernantes civiles que no deben ser obedecidas.
    Pero en el caso del espionaje a la sociedad civil, no existe justificación válida alguna. Hacerlo es abusar del poder y convertirse en enemigo directo del pueblo y de la mayoría sólo para potenciar el almacenamiento de datos en el ente gubernamental.
    Ciertamente en el ámbito del poder, uno de sus objetivos es ejercer un cierto grado de control sobre los hechos futuros y la información es fundamental para ejercer el poder, Pero, qué el gobierno llegue al extremo de espiar a personajes que, en lugar de ser tus enemigos, resultan ser tus auxiliares, se vuelven sus aliados y buscan ayudarle a acabar con los lastres sociales, ¿acaso no denota el límite más elevado de paroxismo de la enfermedad de decadencia crónica gobernante?

 

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