Espionaje psicológico
@UTufigno
“… los ojos le persiguen a uno se encuentre donde se encuentre. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, se leía en la inscripción que había al pie del gran retrato”. De la novela “1984”, de George Orwell.
Imagine usted, amable lector, que en su teléfono móvil recibe un mensaje que le es particularmente atractivo: quizá el ofrecimiento de proporcionarle datos sobre su pareja, sus hijos o algo relacionado con la labor que usted desempeña. A dicho mensaje se acompaña un enlace para que usted le dé aceptar y pueda acceder a la información ofrecida. Sin embargo, hay un pero: viene de un remitente desconocido. ¿Le daría aceptar?
Supongo que la gran mayoría dudaría antes de entrar al enlace, pero otros aceptarían inmediatamente por una razón: el mensaje hace referencia a datos que sí tienen relación con usted y que sólo alguien conocido puede saber. Ya cayó en la trampa. Al aceptar, su celular queda infectado, sin que usted lo sepa, por un virus que permitirá que “alguien” tenga acceso a la información que contiene su equipo. Y a sus actividades más íntimas.
El espía puede ver y oír en tiempo real lo que usted hace, aun con el equipo apagado, porque este tipo de espionaje no es exclusivo para los teléfonos, sino para cualquier medio tecnológico que se conecte a internet. ¿Ha pensado que desde una televisión inteligente “alguien” puede ver cómo da rienda suelta a sus pasiones en una noche de viernes? Por eso hay quienes optan por poner un pedazo de papel en las cámaras de las computadoras.
Nadie pretende descubrir el hilo negro pues el espionaje siempre ha existido y es indudable que el desarrollo de la tecnología lo facilita. En tiendas establecidas del centro de la Ciudad de México es posible encontrar equipos para interceptar llamadas telefónicas; si eso se puede encontrar ahí, imagine todo lo que puede encontrarse en el mercado negro o de manera legal con proveedores en materia de seguridad al servicio de los gobiernos.
Las grandes potencias tienen satélites dotados de cámaras que son capaces de penetrar los techos y paredes de los edificios, e incluso varios metros por debajo del nivel del piso. En los aeropuertos hay escáneres que, literalmente, desnudan a las personas, muchas veces sin que nos demos cuenta. Las cámaras de videovigilancia son un método eficaz para ubicar vehículos y personas pues cuentan con programas de reconocimiento de rostros y matrículas.
El buen uso de la tecnología es una herramienta que contribuye a la obligación del Estado de dar seguridad, pero ¿cómo se garantiza su buen uso? Digámoslo suavemente: es una cuestión de fe. Sobre todo en países como el nuestro, en donde la democracia, lejos de existir plenamente, parece alejarse.
En una declaración en donde no me queda claro si Peña Nieto dijo lo que pensó o no pensó lo que dijo –quizá le hackearon el teleprompter-, sostuvo que esperaba que la PGR “con celeridad pueda deslindar responsabilidades y, al amparo de la ley, pueda aplicarse contra aquellos que han levantado estos falsos señalamientos contra el gobierno”. Se refería a la denuncia pública por espionaje que diversos personajes realizaron la semana que concluye.
En un mundo al revés, el inquilino de Los Pinos pidió a la PGR que actuara contra los denunciantes –los espiados- e indujo los resultados de la eventual investigación de la Procuraduría cuando negó que el gobierno espiara. ¿Está seguro que nadie de su gobierno espía?
En un juego tan mental como el ajedrez, son famosos trucos psicológicos que grandes maestros han llegado a emplear en ciertas partidas. Por ejemplo, el que usó Mijaíl Tal contra Bobby Fischer (ambos, campeones mundiales en algún momento) en una partida jugada en 1959, o el que empleó Bent Larsen contra Óscar Panno en un torneo celebrado en 1969.
Si, como justifica Peña, quienes se sienten agraviados no pueden “evidenciar, siquiera, que su vida se haya visto afectada”, entonces ¿cuál fue el propósito de quien decidió tirar el anzuelo sobre los teléfonos de los personajes involucrados? ¿Acaso sólo mostrarles que son vulnerables? ¿Intimidación?
A un año de las elecciones presidenciales los actores políticos hacen su juego, y si uno de los interesados tiene acceso a esa tecnología, cabe preguntarse: ¿de quén chong los espías?