Esquizofrenia de partido
@UTufigno
Dentro de la lista de trastornos mentales hay dos que guardan similitudes y que suelen confundirse: la doble personalidad y la esquizofrenia. En ambos casos la persona muestra comportamientos extraños que alteran su percepción de la realidad, aunque mientras en la doble personalidad el paciente desconoce desde su yo interno lo que hacen sus otras personalidades, en la esquizofrenia el enfermo crea una falsa realidad a partir de desconectar su yo externo.
Hace seis meses Enrique Peña hizo acto de presencia en el foro denominado “Impulsando a México”, en el cual un entrevistador le recordó que en un programa de televisión “describió algunos personajes del nuevo PRI aludiendo a varios ex gobernadores, entre ellos Javier Duarte”, y le preguntó si seguía pensando que representaban al nuevo PRI.
Casi sin tomar aire, Peña Nieto se incorporó de su asiento y respondió: “No recuerdo ya la alusión, pero bueno, seguramente en algún momento la hice”, y continuó hablando no sobre la pregunta, sino sobre el PRI, “el más viejo de México”.
La pregunta hecha a Peña tenía que ver con las afirmaciones que éste había hecho a un grupo de periodistas de la gran televisora, en mayo de 2012, dentro del extinto programa denominado “Tercer Grado”. “Es un PRI que ha venido renovándose a su interior”. Y puso cuatro nombres de los jóvenes “de la nueva generación política” para acreditar sus palabras:
“El gobernador de Quintana Roo, Beto Borge, el gobernador de Veracruz, Javier Duarte, César Duarte, gobernador de Chihuahua, el gobernador de Campeche. Todos son parte de una generación nueva que ha sido parte de este proceso de renovación del partido”. ¡No me ayudes, compadre!
Cinco años después, Roberto Borge –cuyo paradero se desconoce- es investigado por la disposición que hizo de terrenos que formaban parte de la reserva territorial de Quintana Roo; César Duarte –quien presuntamente está en Texas- tiene una orden de aprehensión por una acusación de peculado (pero ni es tanto, sólo 246 millones de pesos). Y el más famoso de todos, Javier Duarte, está detenido en Guatemala.
Para no hacerlos menos, a los anteriores gobernadores del nuevo PRI habría que sumarle los nombres de Rodrigo Medina -“el Peña del norte”-, ex mandatario de Nuevo León, quien pisó la cárcel de “Topo Chico” acusado de haber dado mal uso a tres mil millones de pesos en estímulos para una armadora automotriz, y el de Tomás Yarrington, ex gobernador de Tamaulipas, detenido en Italia y quien enfrentará a la justicia de los Estados Unidos. Más los que quiera usted agregar a la lista. Bueno, casi.
Humberto Moreira es una rara avis que hasta la fecha ha gozado de protección e impunidad. Su caso pudo ser tanto o más escandaloso que el de Javier Duarte, pero incluso cuando fue detenido en España, el velo que lo protege apareció de inmediato, tal vez porque este año hay elecciones en Coahuila y el mandatario estatal es su hermano. O por alguna razón más profunda.
Dentro de esta podredumbre del ejercicio del gobierno, en el que la constante ha sido el aprovechamiento del cargo para beneficio propio, resulta demencial que los tricolores aplaudan la captura de uno de los suyos y se desvivan en elogios hacia Enrique Peña, cuyo sexenio quedará marcado por la corrupción, empezando por la “Casa blanca de las Lomas”.
La captura de Duarte en Guatemala deja más dudas que certezas (hay por lo menos cuatro versiones distintas), pero de lo que no hay duda es que las autoridades mexicanas daban por hecho que el veracruzano aceptaría ser extraditado a México, cosa que no ocurrió, y tampoco hay duda de que la esposa de Duarte (la que sí merece abundancia) viajó tranquilamente a Londres, en una ruta de escape que probablemente ya tenía acordada.
La creencia generalizada es que el gobierno federal supo en todo momento en dónde se escondía Duarte, pues es difícil creer que haya desaparecido un día después de haberse reunido con el Secretario de Gobernación, salvo que éste fuera negligente en grado extremo.
También es una suposición mayoritaria afirmar que la captura del ex gobernador se da en un momento electoral complicado para el partido en el poder. Y sí, puede ser un cálculo político. Pero quizá un mal cálculo