Esta película, que es la segunda de cinco que conforman esta muestra auspiciada por área cultural de la UJAT, que coordina Miguel Ángel Ruiz Magdonel, será estrenada hoy, a las 18:00 horas, en el Auditorio Manuel Sánchez Mármol del Instituto Juárez, ubicado en la avenida 27 Febrero, a la altura de la Plazuela del Águila.
Cuauhtémoc Cuellar, comisario de Difucine Invisible, comenta que para los amantes del séptimo arte, será una oportunidad de con doble primicia, porque no sólo será ver una cinta inédita en el país, sino la de atestiguar una de las obras crepusculares de la primera fase de la ola oriental, cuyo auge alcanzó los últimos años del milenio anterior y que apenas cinco años después, derivaría en la explotación de todos los tics del exotismo genérico basado en el susto y la trepidencia.
Además, señala, “El Bosque de Luto” está alejada del corte mediático y el oportunismo social, que tiene que ver más con la circunstancia de vivir una experiencia cifrada en claves múltiples.
“La vanguardia y la poesía que alcanzan una narrativa que privilegia el toque sutil y la sugerencia, mantieniendo el diálogo y la alusión directa en un segundo plano que permite al espectador sentir lo que no es dicho o no es mostrado”, describe Cuéllar sobre el estilo de Naomi Kawase.
Y añade que mientras los directores más mundanos se dan gusto con diálogos vertiginosos o pirotecnia visual o auditiva, Kawase suele filmar el viento, y donde los narradores preferirían tal vez, abigarrar sus estructuras, la cineasta del silencio prefiere la simplicidad de un gesto.
Cuéllar recomienda al público habitual hacer a un lado su resquemor por la vanguardia, pues la realizadora japonesa en este caso, no lo es.
“Naomi Kawase conserva solamente algunos rasgos de su paso por esa tesitura. Nos entrega una narración en toda forma a la que impregna un sentido estético que llega a rasgar nuestra vista pero con dulzura y humanidad”, dice.
La opinión de Cuéllar no es nada distante de otros cinéfilos, que también han dado el visto bueno a “El Bosque de Luto”.
“A la vez contemplativa y reflexiva, la lentitud de esta película puede retraer o expulsar a determinado público, pero su belleza y lirismo atraerán a otro, invitado a perderse en el bosque interior y descubrir otras realidades. Es una cinta de exquisita sensibilidad”, escribió por ejemplo, Julio Rodríguez Chico, en portal digital de Madrid.
“Película que, además de verse y oírse, casi se puede oler, degustar y tocar (...) un precioso e interesante ejercicio de depuración, tanto narrativa como ética”, recién coincidió también Javier Ocaña, en un artículo, publicado en el diario El País.
