Fidel antes la historia y cuba ante el futuro
Cultura política democracia y valores
(13 de agosto de 1926 - 26 de noviembre de 2016), acapara los titulares de los tabloides del orbe desde las horas de su deceso, por el significado de su liderazgo y de la Revolución cubana para su país y América Latina o sobre las razones de su longeva permanencia en la primera fila de la política nacional e internacional.
A lo largo de su dilatada vida política, de inicio y final consideró que todo debía girar en torno suyo. Algunas de sus frases lo ratifican así: «Condenadme, no importa, la historia me absolverá”, pronunciada en 1953, durante el juicio que lo terminaría condenando por su intento de tomar el cuartel Moncada.
En abril de 2016, en ocasión de la clausura del séptimo Congreso del Partido Comunista de Cuba, señaló: «Pronto seré ya como todos los demás”. Al afirmar que pronto sería como los demás demuestra que, de alguna manera, creía que hasta entonces no lo había sido.
En Cuba lo era todo. Nada se movía sin que él lo supiera, dada la presencia agobiante de sus servicios de inteligencia. Más del 70% de los cubanos nació con posterioridad a la Revolución, de modo que son muy pocos los que conocen a gobernantes distintos a Fidel y su hermano Raúl, una innegable omnipresencia en la sociedad cubana.
Muchos cubanos afirman que durante su infancia y adolescencia, Fidel Castro decidió desde lo que se comía, hasta el contenido de los libros escolares. Sin duda, hay una mezcla de sentimientos en Cuba frente a su muerte. No sería justo no reconocer que su fallecimiento provocó la desazón de muchos y el temor de tantos otros.
La madrugada del sábado pasado la vida cotidiana de La Habana reflejó un silencio que todo lo contagiaba, lo abarca. El silencio temeroso de quienes no saben cómo responderá el actual régimen de Raúl Castro. Todo eso contrastando la algarabía vivida frente al Café Versalles, en Miami, donde residen más de 800 mil cubanos.
Los logros más grandes de Fidel para su pueblo fueron mejorar la salud y la educación; su asignatura pendiente es la conculcación de los derechos humanos con relación a los disidentes del régimen castrista.
El final de sus días no debe haber sido fácil, obligado a contemplar una serie de cambios imparables y que atestiguaban que ya nada era como él lo había soñado en sus días de mayor gloria. Quedaron atrás los días de haber denostado a los Beatles y a la música pop, como una muestra de la decadente cultura occidental y tuvo que soportar que en La Habana, no sólo se realizara un macro concierto de los Rolling Stones o que Chanel organizara un sofisticado desfile de moda, sino presenciar que su hermano Raúl restableciera las relaciones diplomáticas interrumpidas durante casi más de medio siglo con su tradicional y satánico enemigo, los Estados Unidos.
El futuro de Cuba sin Fidel es incierto. ¿Saldrán fortalecidos, los sectores reformistas o los más conservadores o inmovilistas? La incógnita es si se profundizarán las reformas de su hermano Raúl. ¿Evolucionarán las relaciones con Estados Unidos, aunque allí interviene el factor Trump, con el anuncio que desconocerá lo acordado por Obama? No se otean nuevas y profundas reformas económicas, menos políticas. Lo que sí sabemos, es que sin Fidel ya nada en Cuba seguirá siendo como antes.