DE FILIACIONES Y AFINIDADES
Una antigua conseja popular reza: sé leal, pero no esclavo; sé noble, pero no sumiso; sé fiero, pero no agresivo y siempre orgulloso, pero jamás altivo. En las décadas durante las que se aplicaba y respetaba a pie juntillas esta conseja, surgieron en el país los mejores hombres y los más grandes políticos y estadistas de México.
Después todo se volvió bajuno; procaz; de mediana y baja estofa: no habían leales sino esclavos, ni nobleza en el actuar sino vil sumisión, agresividad, permisividad y agresión altanera. Por ello, ahora se insiste en pedir se manifieste públicamente la lealtad; hay urgencia de lealtades, aunque solo sea de palabra.
Jacques Camatte en su composición denominada ‘Sobre la organización’ (1969) llega a la sagaz conclusión de que las agrupaciones políticas terminan siendo como ‘pandillas’ que se definen por la exclusión -a menudo la primera lealtad de los miembros es hacia el grupo en vez de hacia la lucha-. Su crítica es aplicable especialmente a las miríadas de sectas izquierdistas y grupúsculos a las que estaba dirigida pero es aplicable también aunque en menor grado a la mentalidad activista.
Por eso me llama sobremanera la atención el hecho que se presenta hace mes y medio con insistencia en Tabasco: la urgencia de impulsar a cual más, a que se manifieste y se anuncie como leal. Y peor aún, que en aras de la lealtad se presuma que se ordenó parar a las personas de ir a un evento encabezado el domingo 19 de febrero por el líder nacional de Morena; y que “desde arriba” se emitió la “prohibición” de apoyarle o hacer alguna actividad a su favor.
¿Por qué hay tanta urgencia en Tabasco por declarar lealtades? ¡Vaya usted a saber!
Ordenar al tabasqueño que no asista a un evento de un líder que ha mantenido convencido al paisano de que es una fuente confiable de ejercicio político y de oportunidad de participación en el poder, de opción abierta para aquel que no tiene voz, es tan fútil como ordenarle al viento o al aire, que no entre a una habitación.
Por eso llama la atención que con gran perversidad y con torpeza tramposa incluso, se haya soltado la especie de que “desde arriba” se instruía no asistir al evento del 19 de febrero en Plaza de la Revolución; y más perversa la especie cuando se observa que “desde arriba”, mantiene a un ser de su más cercana y leal filiación en el campo de participación de aquel líder que ha mantenido convencido a los paisanos. Junto con Ricardo Monreal tienen allá un promisorio futuro.
Por otra parte, y como muestra de que se está confundiendo lealtad con fidelidad y también, lealtad con militancia y definición personal, han aparecido dos declaraciones bastante significativas respecto al tema filiación partidista y afinidad política.
Una de ellas la dio, el 27 de febrero, en la Ciudad de México, el coordinador del PRD en el Senado, Miguel Barbosa, –de quien, le confieso, amable lector, no es santo de mi devoción-, quien con refulgente luz anunció que apoyará desde el PRD las aspiraciones presidenciales del líder nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador. Insistió en que el partido del sol azteca debe ir a respaldar, en 2018, a nuestro paisano. “El PRD debe apoyar a AMLO; no me estoy yendo del PRD… soy un perredista digno”, dijo el senador perredista.
Barbosa Huerta explicó que esta decisión la tomó teniendo una cercanía y simpatía por el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, pero Mancera quedó “atrapado en las telarañas de las corrientes políticas” del PRD”. Dijo que él está expresando su postura y sus simpatías como otros perredistas lo están haciendo a favor del movimiento Ahora, que encabeza Emilio Álvarez Icaza.
Y con gran contundencia apuntó: “El PRI y el PAN han resuelto soltar a sus gobernadores para combatir a López Obrador. Desafortunadamente para ellos, no tienen la altura y la autoridad moral y política para dañarlo”, dijo.
Así las cosas, quienes soltaron la especie de que “desde arriba” se había ordenado exigir no asistir al evento del 19 y que se requería expresar lealtades –aunque sólo fuese verbal-, a quien realmente querían dañar era a aquel que, aunque lo ordenara un millón de veces, no iba a poder parar el torrente de más de 30 mil tabasqueños en el evento de Plaza de la Revolución y a quien le iban a ubicar como parte de la cofradía de mandatarios a los que el PRI y el PAN habían “resuelto soltar” para combatir al líder de Morena.