La filosofía, la educación y el rescate de los valores
El repaso por las teorías filosóficas de la educación ha sido necesariamente breve. En la historia humana es una constante que pensadores se aboquen a tan importante tarea y construyan –como hemos visto- elementos filosóficos para soportar las tendencias de su época, o continuar procesos de avanzada que pretenden consolidar la vida en sociedad.
7ª Parte
Víctor Manuel Barceló R.
En casos excepcionales, que sobresalen y trascienden a su tiempo y circunstancias, diversos filósofos plantean principios que se apoyan en los valores que unen a los grupos humanos, sea cualesquiera su origen, mismos que impactan a través de los tiempos y son la constante para la construcción de un mundo en armonía, que crezca en la paz y la concordia universales. Es la educación el camino idóneo para que tal cosa ocurra.
Por ello se considera a la filosofía de la educación como el estudio de la expresión educativa en toda su extensión y profundidad, considerando agentes, procesos y escenarios donde se lleva a cabo el binomio enseñanza-aprendizaje o aprendizaje-enseñanza. Su propósito contiguo es la creación de un cuerpo de doctrina que posibilite a los profesionales de la educación el entendimiento del sentido y los alcances antropológicos y éticos de su tarea y en su base, perfeccionar la eficacia de las acciones prácticas.
La educación es la transmisión de conocimientos que se hace de una generación a otra, con la finalidad de preservar las representaciones individuales, colectivas y sociales de un grupo cultural. Es en la práctica el proceso de construcción de conocimiento, para hacer frente a demandas históricas de una sociedad. Al final es el ideario de un Estado para administrar lo que se debe enseñar y lo que se debe aprender por parte de los alumnos-estudiantes para formar ciudadanía.
Por ello se afirma que funciona como instrumento ideológico del Estado, cuyo objetivo es auspiciar la guía de las clases sociales hegemónicas y dominantes.
Como política pública es el procedimiento para entrenamiento social y productivo que forma la mano de obra competente, eficaz para el servicio a las empresas transnacionales, en el caso de países –como la mayoría de los latinoamericanos y caribeños- infiltrados hasta la médula de su economía y vida social.
Una de sus principales consecuencias es que detona un proceso de proliferación ideológica que se transforma en hábito, mostrado en el terreno en que actúan campesinos y obreros y que les lleva a su desclasamiento.
Se constituye en una relación de fuerza y poder que persigue el control del cuerpo y el alma, a través de lo que hoy denominamos, gobernabilidad de los individuos.
Cuando la educación responde a intereses populares, siguiendo las líneas filosóficas más acordes a las zonas en que se realiza, se transforma en un proceso de liberación de los individuos ante la opresión de los gobiernos, la dominación del gran capital y la explotación subyacente en el individuo y, por lo mismo, en pueblos y comunidades.
Por eso, en la lucha social –fundamentalmente magisterial- se precisa que clase de educación deseamos para nuestra población. Por todos los rincones del Continente se busca superar la educación para formar individuos, no siempre en la libertad o para la paz, trastocándola positivamente en una educación para formar comunidades, agrupamientos humanos que se rijan por los valores esenciales que dieron vida a nuestros pueblos originarios y que se prolongan como meta en los siglos posteriores. (Continuará)
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