La filosofía, la educación y el rescate de los valores
11ª Parte
La distancia en tiempo, existente entre los filósofos de las culturas antiguas que hemos recordado en estas notas, no marca diferencias entre el fondo de su pensamiento y sus rutas propuestas o ejercidas para la educación. Con enfoques entendibles por su trabajo en los contextos en que vivieron, en todos se dibujan criterios y acciones que tienden a impulsar, para la humanidad, la conformación de formas de vida dentro de los ámbitos de la libertad, la fraternidad y la felicidad colectivas. La educación es la vía para crear al ser humano libre que pregonaron e intentaron crear en su tiempo.
Para nuestra Región las preocupaciones son las mismas: encontrar caminos a la felicidad de todos, en igualdad de circunstancias. Acá el empeño filosófico y educativo se concentra a mediados del siglo XX, en las teorías de la liberación y de la dependencia. Esta última emerge y se constituye en la década de los 60. Es un intento analítico y con propuestas, para esclarecer rasgos del desarrollo socioeconómico de la Región, que sienta plaza entre 1930-45 en casi todos los países que la integran. Es así porque desde el inicio de la década de los 30, las economías latinoamericanas, bajo el impacto de la crisis económica mundial iniciada en 1929, se encaminan a la industrialización -sustitución de productos industriales importados por producción nacional- resultado del extenso ciclo depresivo -dos guerras mundiales, crisis global de 1929 y tirantez por el proteccionismo y nacionalismo exacerbado-.
El proceso industrializador se repone tras la 2ª Guerra Mundial, pero reconducido por la dominación estadounidense y el inicio de la integración de la economía mundial. E.U. utiliza el capital que llenó sus arcas para esparcirse en el Planeta, aprovechando o creando oportunidades de inversión en el ámbito industrial. Para ello impulsa el Fordismo como norma de producción y circulación, provocando una revolución científico-tecnológica en la década de los 40. Un nuevo ciclo “expansivo” de la economía, requería la propagación de tales particularidades económicas en el ámbito planetario. El capital transnacional asumió dicha tarea, partiendo de la vasta economía estadounidense, con apoyo de su poderoso Estado-nacional, que impulsó la creación de un sistema de instituciones internacionales y multilaterales, establecido en Bretton Woods (1944) con el aval de la ONU.
La industrialización –a ritmo y condiciones específicas para cada país y subregión- se instala entre 1930-40 en nuestras naciones. Se trata de países dependientes o coloniales, que confiaron en mantener en la post guerra las mismas condiciones que permitieron su expansión industrial, pero que, bajo presiones financieras de los organismos creados en Breton Woods, terminaron concertando con la expansión del capital transnacional, actuando por mediación de las empresas trans y multinacionales establecidas entre 1940-60.
Tal circunstancia lleva al cambio de paradigmas económicos. Los científicos sociales latinoamericanos y caribeños, apuntalados por otros, nacidos y educados en los imperios, entendieron al desarrollo y subdesarrollo como derivación histórica del desarrollo capitalista mundial, que tenía consecuencias a dos puntas y al mismo tiempo: desarrollo para los países dueños del capital y subdesarrollo para quienes serían meros receptores de ese capital y sus empresas.
Tales condiciones, a la luz de los analistas regionales, llevaron a completar la teoría del desarrollo y subdesarrollo como resultado de la victoria sobre la dominación colonial, que lleva al “surgimiento” de burguesías locales, afanosas por definir su ruta de concurrencia en la expansión del capitalismo mundial. Así es como surge la Teoría de la Dependencia, en la 2ª mitad de la década de 1960 –en los claustros universitarios y en los organismos regionales como la CEPAL, con desarrollos teóricos de científicos sociales, según vimos.
La Teoría de la Dependencia significa un aliento crítico para interpretar y descifrar los inconvenientes y limitaciones de un desarrollo surgido en un momento histórico, poco propicio, ante una economía planetaria organizada bajo dominación de imponentes conjuntos económicos y potentes fuerzas imperialistas, si bien una porción de ellas vivían en crisis, que alentaba la esperanza de recorrer caminos propios de desarrollo a los países pobres y estimuló a los coloniales aún, a participar activamente en el encausamiento hacia su descolonización, propiciado y activado por la ONU.
Los economistas suecos Magnus Blomströn y Bjorn Hettne se interesaron en el tema erigiéndose en obligados historiadores de la teoría de la dependencia, a quienes conviene acudir para su profundización. Su libro más completo sobre el tema (Blomströn y Hettne, 1990, p. 15) afirma que hay un “conflicto de paradigmas” entre el modernizante y el enfoque de la dependencia. Identifican dos antecedentes inmediatos para el enfoque de la dependencia: a) Creación de tradición crítica al eurocentrismo sobrentendido en la teoría del desarrollo.
Se deben adjuntar en este tema, las críticas nacionalistas al imperialismo euro estadounidense y a la economía neoclásica de Raúl Prebisch y de la CEPAL.
b) El debate latinoamericano acerca del subdesarrollo, cuyo 1er antecedente se da en la rivalidad entre marxismo clásico y neo marxismo, en que resaltan las figuras de Paul Baran y Paul Sweezy. Estos resumen en cuatro puntos las ideas centrales de la Teoría de la dependencia:
a) El subdesarrollo está conectado estrechamente al florecimiento de los países industrializados;
b) Desarrollo y subdesarrollo son aspectos diferentes del mismo proceso universal;
c) El subdesarrollo no puede ser considerado 1ª condición para un proceso evolucionista;
d) la dependencia no es sólo fenómeno externo, se manifiesta también bajo diferentes formas en la estructura interna (social, ideológica, educativa y política).
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