LA FRANQUICIA DE LAS GALLINAS SIN CABEZA
El Gregueriano: Yo, con Lenin: “si los de abajo ya no quieren
vivir como antes, los de arriba ya no pueden gobernar como antes”.
Ciertamente: lo que fue el pri ya no está ahí. Los otrora militantes y simpatizantes que aún le puedan quedar al pri, han entrado en territorio desconocido, tan lleno de riesgos como de oportunidades. Hábitos formados en 90 años no desaparecen fácilmente… aunque ya no tengan en qué sostenerse.
Aunque la franquicia llamada pri sigue presente -como presente sigue lo que hemos denominado el Estado-nación democrático (que es la forma política del capitalismo), ha llegado a su fin la forma específica que adoptó en México ese régimen a partir de 1929 y que se materializó en un partido de cuadros o corporativo, de sectores y de estructura estratificada.
Hasta días antes de la elección los priistas se daban ánimo unos a otros; “estructura mata encuesta”, decían. Confiados en que sus supuestos 6 millones de promotores producirían el primero de julio los 24 millones de votos que necesitaban. Repetían que su sector “obrero” –en donde no hay obreros- por boca de su “líder” sindical corporativo les había ofrecido y asegurado 10 millones de votos; así también, que su llamado “voto verde” –refiriéndose con el vocablo “verde” a los colores vívidos del campo nacional- era un caudal millonario de votos duros.
No se enteraron que la estructura misma había desaparecido. Que está en huesos, sin carne; peor, que hasta el hueso se acabaron. Que sólo habían unos cuantos “líderes” que no representan más que sus intereses cupulares y de cofradía. No lo saben aún. Ensimismados, en embeleso, fondos, huesos y edificios que aún tienen, les permiten –y les hacen- creer que el pri todavía está ahí. Pero ya no está. El dispositivo que caracterizaba al régimen político mexicano desapareció: 30 años después de que iniciaran el depredador programa de derruir al país y poner en ruinas y en quiebra a la nación.
Hoy, sólo 13 legisladores priístas en el Senado. Un número cabalístico. Triste inicio de sexenio para el nonagenario ex revolucionario dispositivo. Hoy rememoro aquellos tiempos cuando brotaron lágrimas de un ex Presidente al argumentar que defendería el peso como un perro –pero que a la vez predijo que él era el último Presidente de la revolución-: ahora los priistas defenderán el hueso como un perro. ¿Y el perro? No aparece el perro. ¡Se llevaron hasta el perro! Y también el pueblo les escondió el hueso, en reciprocidad o de igual manera como los priistas, por más de 80 años, le escondieron al pueblo, el bienestar.
Que el pri no haya ganado una gubernatura, un solo diputado ¿fue una sorpresa? Para ellos sí; para el pueblo no. Igual que el partido de la reacción nacional que solo ganó en 5 distritos, de 300, el pri solo en uno, de 300: desapareció; ¿Que no se preveía su virtual extinción? SI. Algunos ya le habíamos extendido su acta de defunción y asignado la tumba donde iba a ser enterrado. Literalmente se esfumó o fue borrado del mapa electoral. Y esto fue apenas síntoma de lo que en realidad había desaparecido.
Hoy se siguen dando ánimos de que pueden revivir a un muerto ya sepultado, para seguir alimentando la esperanza de resurrección. Las patéticas declaraciones de los dirigentes del PRI son reveladoras. Se angustian ante un cadáver cuya condición no quieren reconocer. No es metáfora sino descripción el decir que parecen gallinas sin cabeza; con mi afirmación describo el estado de sus cosas.
El PRI nunca fue partido de militantes. Nació como criatura gubernamental, desde arriba, con una estructura corporativa, y se mantuvo en esa condición hasta su muerte. Dulce María Sauri, que lo presidió, hizo un diagnóstico preciso: el PRI enfrenta la irrelevancia porque las termitas desmantelaron sus cimientos.
Miguel de la Madrid dio golpe de Estado excluyendo a su vieja clase política. Salinas usó los recursos de la privatización en programas sociales que individualizaban la pobreza, con un diseño del Banco Mundial que liquidaba las formas tradicionales de control político, para desaparecerlo. La sobrina viene a eso: a culminar la encomienda. Zedillo operó cediendo la presidencia. Perdida literalmente la cabeza, para mantener el flujo de fondos ¿Seguirán recurriendo a la intimidación y el asesinato, y a esos mecanismos de coerción que fueron entretejiendo con los de otras organizaciones criminales, como las del narco, a las cuales se asociaron?
Peor: no extirpan al fantasma del chupacabras y nombran a su sobrina en el CEN. Siguen sin entender. La que se llamó presidencia imperial no existe ya. Son la franquicia de las gallinas sin cabeza.