En cada proceso electoral, los aspirantes a un cargo público o de elección popular suelen sonreír, abrazar y palmear a los votantes para solicitar su apoyo.
Lamentablemente, una vez en el poder, cierran la puerta a sus electores. Ruiz Pérez, aunque forma parte de una nueva generación de políticos, arrastra ciertos vicios del pasado, como ignorar llamadas telefónicas y mensajes instantáneos, que los dirigentes deportivos, por vivir lejos de la capital tabasqueña, utilizan sin éxito.
Se entiende que el cargo de director general de la institución deportiva y el intenso trabajo que le exige el ejecutivo estatal le requieren dedicación completa.
Sin embargo, cuenta con colaboradores a quienes puede delegar la función de atender a esos ciudadanos que, por alguna razón, no puede atender personalmente.
La preparación académica y la experiencia como exdeportista de Ruiz Pérez son indiscutibles.
No obstante, el deporte requiere, además de lo anterior, inyección de recursos financieros, como lo está llevando a cabo la presente administración, lo que podría mejorar los resultados en la Olimpiada Nacional Conade.
Quizás sea equivocado comunicarse vía celular o mensaje con el funcionario público, pero si en campaña se utilizan esas formas de comunicación, no hay argumento para prohibirlas después. La política y la sociedad han cambiado, y ahora se exige más diálogo entre gobernante y gobernado. De lo contrario, se refleja en las urnas.
Gabriel Isaac Ruiz Pérez tiene la tarea de reflexionar sobre quienes lo apoyaron en campaña y corregir el desliz. El poder el poder.
