¡LA GUERRA INVISIBLE QUE SE VIVE!
El territorio mexicano es consolidado como una zona de riesgo para las mujeres, ya que a diario nos enteramos de la desaparición y el cobro de vida de las mujeres. La idea humanitaria universal de que ninguna niña o mujer en el mundo debería tener que sufrir ningún tipo de violencia se hace añicos ante una realidad lacerante y atroz; víctimas de tortura, mal trato, violencia sexual, de trata y explotación inmisericorde.
Por datos certeros y frecuentes, las estadísticas demuestran -y por lo tanto se sabe- que muchas de las víctimas no denuncian y las que lo hacen, son asesinadas o más golpeadas: habían denunciado y no obtuvieron la protección que buscaban. Reiteradas situaciones en las que se requiere adoptar acciones en donde se inicie la búsqueda de mujeres que son desaparecidas, las que denuncian violencia o los casos de feminicidios en los que se encuentra la omisión y negligencia de las instituciones.
No se puede negar el incontrastable hecho de que el tiempo cambió algo para el beneficio de la mujer; en las épocas anteriores las mujeres no tenían voz ni voto y se les negaba o impedía cualquier forma de expresión. Se avanzó en dotarle de ciertos derechos políticos, pero en el rubro de avances sociales hay déficit. Ciertamente ni los derechos políticos ni los sociales son transversales para las mujeres. En cambio la violencia de género es un problema que traspasa fronteras y que está presente en la mayor parte de los países con la particularidad de que las vivencias del maltrato son enormemente parecidas en todos los lugares y culturas.
Las políticas y las actuaciones públicas contra la violencia de género tienen que ser conscientes de la auténtica dimensión de un problema que afecta diariamente a miles de mujeres. Sabemos que en el largo plazo, la educación y la sensibilización para promover un rechazo social total a la violencia de género son la solución. Pero, hoy por hoy, además hay que poner en marcha medidas de protección a las víctimas.
Lo importante de promover acciones de protección y empoderamiento es que producen el sentir en las mujeresde que realmente están siendo respaldadas –no solo por el Estado sino también por la población-, les da la certeza de que se puede contar con personas o instancias capacitadas para ayudarles en un conflicto.Se ven como urgentes y necesarias, mejoras en la justicia, en la protección policial y en las medidas sociales de apoyo; enraizar en la conciencia de la sociedad par que sea consciente del riesgo al que se enfrentan las mujeres que viven y denuncian la violencia de género.
Necesitamos también que las mujeres que sufren violencia confíen en la protección que les puede proporcionar el Estado. No existe la medida perfecta y no se puede reaccionar sólo cuando hay una situación de crisis. Hay que fijar objetivos posibles de mejora, ser persistentes y, sobre todo, facilitar los recursos.La ley integral de violencia de género es sin duda una herramienta necesaria para ello, pero no suficiente. Urge la necesidad de abordar la verdadera causa del problema, su naturaleza ideológica, una cuestión de ideología de género que afecta a hombres y a mujeres.