LA HISTÓRICA VICTORIA FINAL DE FIDEL
Formo parte del Movimiento Nacional de Solidaridad con Cuba; fui parte del Comité Nacional y propicié que fuese Tabaco el Estado Sede del XIX Encuentro Nacional de Solidaridad con Cuba -que celebramos en marzo de 2014 en Villahermosa con la presencia del Embajador de Cuba en México, Aleida Guevara –hija de Ernesto “Che” Guevara-, y el operador entre Cuba y EU para reestablecer relaciones, las cuales, se lograron reabrir a finales de ese año-.
Quienes hemos visitado Cuba, reconocemos en su pueblo a una nación insobornable e indómita, que no ha sido puesta de rodillas por el imperio aunque le haya bloqueado económica, comercial y políticamente durante 55 años.
La primera vez asistí a Cuba en el lejano 1978, cuando fungía como Delegado Federal en Tabasco del INJUVE –cargo que me encomendó el muy apreciado Gobernador Leandro Rovirosa-, y luego de que establecimos un programa de radio -en Radio Pueblo-, que denominamos Poder del Pueblo Joven.
Acudí esa vez al Onceno Festival Internacional de la Juventud donde Cuba fue sede mundial. Ahí tuve la suerte de conocer personalmente al gigante que fue Fidel Castro. Le recuerdo en su uniforme verde olivo entrando en un jeep descapotado que él conducía y saludando de mano a los jóvenes que estábamos en el Majestuoso Parque Lenin con motivo de la noche de recepción a los delegados del mundo a tal Festival.
Las veces que visité Cuba me quedó demostrado que en Cuba no se ha producido un culto a la personalidad del Comandante Fidel –como el que se creó en Rusia a Lenin, a Mao en China o a los Presidentes en México-, porque en Cuba no hay estatuas ni monumentos consagrados a Fidel Castro. Lo cierto es que el culto fidelista no ha recurrido a la monumentalidad porque no la necesita y porque ha tenido tiempo para aprender lecciones del stalinismo, el maoísmo y otras simbologías. El culto a Fidel se dio por su grandeza humana y su reciedumbre de líder.
Fidel nunca le falló a Cuba; nunca perdió el rumbo histórico ni dio bandazos en sus posturas. Fidel favoreció personalmente la reproducción masiva de bustos de José Martí, la construcción del enorme mausoleo al Che Guevara en Santa Clara y un exhaustivo ceremonial de efemérides revolucionarias que colmó el calendario cívico cubano.
La sobriedad mediática del socialismo real, sobre todo en las décadas 1970-1980, y la alta calidad de la cultura gráfica cubana, hicieron que el mal gusto del culto a la personalidad no emergiera.
El capitalismo hoy en Cuba es un mal necesario, en el que la isla ha tenido que caer por culpa del bloqueo de más de medio siglo impuesto por el imperio yanqui. Por ello cuidar la memoria y el legado del Comandante es importantísimo.
Viene para Cuba una nueva etapa sin la presencia física de Fidel, aunque con toda una gigantesca noausencia de poderosa reciedumbre moral e histórica que le avala; ya sea desde aquel día en que escribió La Historia me absolverá, hasta el día en que vio doblegado al imperio yanqui reestableciendo relaciones diplomáticas con su heroico país, pasando por la Primera Declaración de La Habana.
Llega a la casa Blanca Donald J. Trump, quien, con respecto a Cuba, ha asumido, tres posiciones distintas. A fines de los noventa intentó violar el embargo comercial por medio de inversiones en el área hotelera y de casinos en resorts cubanos. Aquí se recuerda que la lucha de Fidel contra EU fue principalmente porque EU había convertido a Cuba en un garito -o como diríamos acá, en un quilombo o un lupanar- y en un paraíso para mafiosos. Al inicio de la campaña presidencial en 2015, Trump dijo que no rechazaba el restablecimiento de relaciones con la isla, pero que lograría un “mejor acuerdo” que el de Obama. Y ya en el tramo final de la contienda, seduciendo el voto republicano duro de los cubanoamericanos, ofreció revertir la política de los demócratas hacia La Habana.
En La Habana se contemplan todos los escenarios, como se desprende de la felicitación que envió Raúl Castro a Trump, poco después de que lo hiciera Putin. Los líderes cubanos saben que Trump puede resultar cualquiera de dos: un mejor aliado del régimen o un adversario más burdo y frontal. En una u otra variante, La Habana sale ganando. Y sale ganando porque Fidel, los ubicó en esa posición de fuerza poderosísima. Si la nueva Administración de EU decide, en vez de acelerar o dar marcha atrás al proceso de normalización diplomática, mantenerlo en un punto neutro, tal vez no sea del todo negativo para el avance del sector no estatal, la autonomización de la sociedad civil y, eventualmente, el fortalecimiento de una vertiente novedosa de la democracia en Cuba. Sin la amenaza de la persuasión liberal de los demócratas, las reformas podrían salir del inmovilismo que le interpone la burocracia, y sin una vuelta al viejo e irrentable expediente del embargo y el aislamiento internacional, el conservadurismo ideológico tendría mayores dificultades para reproducirse.