HUACHICOL SIN LÍMITES
El tema da para escribir muchos párrafos y muchas columnas. En una anterior columna sobre el huachicol hacía referencia al libro “El Cártel Negro” de Ana Lilia Pérez, en el que nos expone el crudo resultado de una investigación periodística sobre Petróleos Mexicanos y como el crimen organizado se ha apoderado de la hoy empresa productiva del Estado. En palabras de PEMEX: “El incremento en las tomas clandestinas y en el volumen estimado de robo se debe a que los sistemas de ductos en el país están tomados prácticamente por bandas del crimen organizado, asociadas con grupos fuertemente armados”.
Refiere la autora citada que entre 2001 y 2011 Pemex fue objeto de más de 40 mil “incidentes”. Durante ese periodo el jurídico de la paraestatal presentó 2611 denuncias por ordeña y tomas clandestinas, pero solo 15 concluyeron en sentencia.
Hace más de 5 años de la información anterior y hoy el problema se ha agravado. El acontecer nacional regala a los noticieros la posibilidad tener una sección específica nombrada “el huachicol nuestro de cada día”, por decir algo.
Pero no existen límites para tal actividad, ni geográficos, ni políticos, ni organizacionales. “To do México es territorio huachicol” podría ser un spot bastante original, sin embargo, el cáncer ha hecho metástasis intermuros.
La estructura jerárquica de la petrolera está infectada. Desde directivos, empresas y trabajadores sindicalizados: en todos los niveles está presente el gen chupaductos.
El caso más triste quizá, es el arraigo cultural que existe en las comunidades donde se ejerce el ilícito: pobladores que bloquean al ejército para que no puedan detener a los delincuentes que se pierden impunemente entre caminos; mujeres y hombres que apedrean y disparan mientras usan a niños como escudo humano para que los militares no puedan repeler la agresión.
Niños que crecerán entre bidones, ductos, tomas clandestinas, olor a combustible y un franco rechazo a la autoridad, la ley y el orden; niños que inician su formación en el infamante arte del delito; niños que son testimonio de que el huachicol no tiene límites.
@MartinezBriceno