Huachicoleeeros
Así como Hamlet, el dilema era ser o no ser. ¿Qué se supone que debería hacer un gobierno que llega con el mayor respaldo de la era moderna en nuestro país y encuentra que el robo de combustible es de mayores proporciones que aquellas que se pensaban inicialmente? ¿Cerrar los ojos para que todo siguiera igual?
No hay mejor respaldo para las acciones del gobierno federal en el combate al “huachicoleo” que la gran votación obtenida el primero de julio del año pasado, sobre todo porque el eje del discurso de Andrés Manuel -no de ahora- ha sido combatir la corrupción en todos los niveles. Aunque no todos lo ven así.
Las acciones tomadas han causado mucha molestia entre determinados sectores de la población y seguramente habrá costos económicos. Se habla de cientos de millones de pesos de pérdidas, pero frente a dichos intereses particulares los beneficios para los ingresos públicos ya superan los dos mil millones de pesos en apenas tres semanas.
La actividad ilícita del “huachicoleo” tiene varias claves: no es solo quien “pincha” los ductos para extraer el combustible, sino la existencia de un mercado paralelo que lo mismo abastecía estaciones de servicio que a grandes empresas (durante el sexenio de Peña se detectaron empresas de renombre cuya flotilla se abastecía de esta forma). Y si hay producto es porque hay un consumidor que incrementa su utilidad con insumos ilegales.
La cereza en este gran pastel de corrupción es la complicidad de personal de Pemex, de todos los niveles, donde los operadores de pipas son el último eslabón de la cadena que inicia en las oficinas de la torre sede en Ciudad de México. Desde ahí se sabía, permitía u ordenaba el desvío de millones de litros de combustible, eufemísticamente llamados “mermas”, un concepto contable que no tiene razón de existir en bienes públicos.
Durante el sexenio del panista Felipe Calderón las tomas clandestinas pasaron de 213 a casi 1,600; y durante el gobierno de Enrique Peña este número se elevó a más de 10,500 puntos de extracción ilícita de combustibles, lo que representa anualmente un robo de más de sesenta mil millones de pesos. ¿Qué hicieron dichas administraciones para combatir el saqueo? Esencialmente nada, sólo aplicar el concepto de “merma”.
Sin embargo, a pesar de lo escandalosas que son dichas cifras por sí mismas, en realidad apenas representan el veinte por ciento de las “mermas” de Pemex pues el resto del negocio ilícito se alimenta de la colusión de empleados, transportistas, estaciones de servicio y autoridades diversas, con el uso de documentos falsos o duplicados. El descaro se vive en la propia capital del país donde las cifras de venta de combustible de varias decenas de gasolineras no cuadran con las compras oficiales que realizan. Y si puede causarnos asombro que el robo a Pemex -antes de las acciones del nuevo gobierno- era el equivalente a unas mil pipas diarias, es alucinante saber que la delincuencia también desmantela plataformas marinas para venderlas en el mercado negro. La suma de los anteriores elementos explica la razón por la cual el segundo negocio ilícito más productivo en México –después del narcotráfico- es el asociado al robo de hidrocarburos.
Los críticos de las medidas tomadas, que más parecen defensores de la actividad ilegal del “huachicoleo”, afirman que faltó planeación para evitar desabasto en los estados que actualmente padecen de crisis de distribución. Supongo que entonces hubieran preferido que el gobierno de la República anunciara sus acciones futuras para que la población estuviera enterada y almacenara combustible, total, los “huachicoleros” ni se hubieran enterado que ellos eran el blanco. Una medida drástica como la que estamos viendo, no se anuncia, simplemente se ejecuta. ¿O acaso no nos reímos cuando la policía anuncia que habrá operativos en determinadas colonias de una ciudad en una fecha y hora determinadas? Aquí se trata de lo mismo: cualquier indicio alertaría a los grupos delincuenciales que se benefician de la riqueza pública. Actualmente hay investigaciones en curso que llevarán a más de uno a enfrentar un proceso formal. Tal vez por eso el líder del sindicato petrolero, que junto con sus cercanos gusta de la buena comida de restaurantes de Paseo de la Reforma, haya solicitado un amparo. Su conciencia debe rechinar de limpia.