• La Verdad del Sureste |
  • Viernes 06 de Marzo de 2026

INUNDADOS ¿SOLO POR EL AGUA? AGUSTÍN DÍAZ LASTRA

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AGUSTÍN DÍAZ LASTRA


Quienes nacimos y crecimos en Tabasco pero vivimos fuera, escuchamos y vemos con dolor, todos los males que sufren los habitantes de nuestra tierra.
    Por ello escribo estas notas con profundo dolor e impotencia.
     Por lo mismo, dedico este texto a las familias que padecen de la inundación, y también a quienes no la padecen pero sí se compadecen y se dedican a ayudar.
    Nadie ignora que el territorio de nuestro Estado se encuentra naturalmente expuesto al exceso de paso de agua hacia el mar, lo que provoca inundaciones periódicas.
    Sin embargo, pasan los años, los sexenios y los decenios, sin que se actúe de manera contundente y efectiva.
    Eso no tiene justificación, por decir lo menos.
    Hubo una época cuando las inundaciones no costaban ni remotamente lo que actualmente. ¿Por qué? De un lado, porque no poseíamos tantos bienes que pudiéramos perder.
    Quizá por eso se cuidaban con mayor denuedo y tino.
    El deseo por posesiones se enfocaba más a mantener lo poco que ya se tenía.
    Eran valiosos y cuidados un perro, una gallina, una vaca, una muda de ropa, los víveres, el carbón seco, el único par de zapatos, etc.
    Luego llegó el dinero, los autos, las teles, los acondicionadores de aire, las computadoras, los celulares, la ropa ‘de marca’ (más costosa que valiosa), los restaurantes con platillos sofisticados, etc.
    Junto con ello, llegó la ocupación, el entretenimiento, los compromisos, los empleos bien pagados pero esclavizantes, las comidas fuera de casa, los viajes, los gimnasios para modelar la figura, las escuelas de inglés, los negocios los increíbles negocios, y casi todo ello, en las ciudades o lo más cerca posible.
    Junto con todo lo anterior, poco a poco nos fue inundando el deseo y su hermana la ambición. Pero no crecieron igual ni se mantuvo sus contrapesos: los valores.  
    Más, más, más cantidad, sin importar la calidad.
    El valor se fue quedando rezagado con riesgo de extinción. Dentro de tales valores difuminados, también se fue abandonando el respeto y el amor a lo natural, a la natura.
    Lo importante pasó de moda y de allí al olvido.
    Cada vez más clientela y mejores puestos, pero menos familia. Si la frivolidad no habitara en nuestras casas, ¿habría tantas plazas comerciales? ¿Podemos imaginar a nuestros austeros abuelos vestidos con ropa de marcas finas importadas, y gastando su tiempo frente a un karaoke?
    La naturaleza no ha cambiado tanto, así que eventualmente nos recuerda su importancia real. Pero solo parece importarnos durante la dificultad.
    El resto del año, a lo mero bueno: el dinero, los negocios, el poder, el lujo, el deseo, más, más, siempre más.
    Nadie ignora lo anterior, pero ¿a quiénes le importa?, ¿a los gobernantes? La tragedia de la gente ha pasado a ser materia prima para el lucimiento momentáneo de gobernantes, presidentes, candidatos, aspirantes y otros similares.
    Alguna parte de las fortunas en Tabasco han sido amasadas gracias al infortunio y la tragedia de la gente; asimismo son aprovechadas para exaltaciones personales de varios políticos.
    Los valores, la ética, la moral, parecen incomodar y estorban al ‘éxito’ personal.
    Ahora nos quejamos, y hay razón, pero… ¿hemos hecho lo necesario cuando no hay inundaciones? Los planes hídricos resultan ser un filón dorado para quienes tienen el poder, pero también para quienes tanto lo anhelan. Planes hídricos, costaleras, bordos, etc., son importantes en tanto originan contratos, contratos, contratos.
    Palabra mágica.
    Las periódicas tragedias de la gente, causan dolor.
    Pero las actitudes de los poderosos, continúan provocando lo mismo: náuseas. Mientras los valores continúen siendo mal vistos en los ‘palacios’ estatal, municipales, de ‘justicia’, legislativos y federales, no habrá solución real.
    No se trata solo de una situación natural, cuyos efectos podría aliviar por ejemplo la construcción del cauce de alivio Samaria-Mecoacán, tan defendido por el gobernador Leandro Rovirosa, como denostado por otros.
    Siempre se trata de problemas humanos, sociales, políticos. Finalmente, las personas, la gente tienen, tenemos la palabra.
    Mi sentido pesar por todos los damnificados, y mi reconocimiento y admiración respetuosos a cada una de las personas quienes se encuentran dedicadas a ayudar, sin anunciarse en diarios con fondos del erario.
Que pase Usted una mejor semana y hasta la próxima.