Se llevó a cabo la ponencia “El Maderismo y la Lucha Social en la Revolución Mexicana”, impartida por el Doctor en Historia Felipe Ávila Espinosa, la cual fue celebrada en el auditorio de la Casa de la Cultura.
En la disertación -magno evento presidido por el secretario del ayuntamiento, Cosme Zurita Castellanos y el Síndico de Hacienda, Liborio Correa López-, el expositor Felipe Ávila explicó las principales causas de la revolución, entre las que destacan el esplendor y la decadencia del régimen porfirista, el levantamiento armado de Emiliano Zapata y Francisco Villa, la Decena Trágica en donde fueron asesinados Francisco I. Madero y el vicepresidente de origen tabasqueño José María Pino Suárez, hasta la ascensión del ingeniero Lázaro Cárdenas hasta llegar con el actual sistema tecnócrata.
Después de agradecer la presencia de jóvenes estudiantes del Colegio de Bachilleres de Tabasco, plantel 11, a quienes les destacó la importancia de conocer los orígenes de nuestra historia “para diseñar y construir un futuro mejor”, el sociólogo e historiador dijo que a Porfirio Díaz sólo le conocemos el lado oscuro; pero tiene su lado positivo, “porque él hizo el México que hoy conocemos, sobre en el terreno económico y productivo”.
Al hablar sobre la vida y obra de Francisco I. Madero, lo describió como un personaje excepcional para su tiempo, porque a pesar de pertenecer a la élite económica del país –estudiado en las mejores escuelas de Estados Unidos y Europa- tenía sensibilidad social y visión democrática para el país. Dijo que la Decena Trágica fue una de acciones más dolorosas para las causas sociales que demandaba el pueblo mexicano. El asesinato de Madero y de Pino Suárez, fraguado por fuerzas retardatarias que se negaban a perder sus privilegios, “hizo que nuestro país se retrasara 80 años”, afirmó el profesor de Historia de la UNAM.
Madero fue un empresario filántropo, vinculado a la homeopatía y al espiritismo “como método de fe”, fue capaz de reconstruir, junto a otros personajes, al México posrevolucionario creando instituciones de Estado “que perviven hoy en día”, aún cuando en 1913 emergió el Partido Católico Mexicano que hizo de la libertad de expresión su feudo de libertinaje; y que lanzó como su primer candidato a la gubernatura a José López Portillo y Rojas, ganando el estado de Jalisco.
