Las vallas de la ignominia gubernamental mexiquense
Un nutrido destacamento de policías estatales, y una infranqueable hilera de vallas metálicas que impidieron el acceso a la principal plaza pública de Toluca, fueron los componentes de la agresiva recepción que el gobierno del Estado de México dio ayer a los 25 mil mexiquenses que, en pleno uso de su derecho constitucional a manifestarse, fueron a buscar al gobernador de esa entidad, Doctor en Derecho Eruviel Ávila Villegas, para demandar que se detenga la agresiva e ilegal campaña contra el Movimiento Antorchista y los gobiernos municipales de Chimalhuacán e Ixtapaluca, ambos gobernados por militantes de nuestra organización, y que están en esos puestos después de vencer miles de trampas, amenazas y boicoteos; organización y municipios que han sido sometidos al bloqueo de sus peticiones de obra pública (literalmente, no les dan ni agua…), al ahogo financiero de las administraciones municipales y a la desestabilización criminal cobijada desde algunas estructuras de poder gubernamental mexiquense, principalmente desde las secretarías de Gobierno y de Transporte, lo que se ha traducido ya en un saldo trágico de seis personas, integrantes de nuestro Movimiento, asesinadas en lo que va del sexenio.
El propósito inmediato de esta burda treta del gobierno fue cerrar el espacio donde cabían todos los manifestantes, impedir que se colocaran sobre la plancha de la plaza ubicada frente al despacho del gobernador, para que éstos permanecieran en el arroyo vehicular y así se impidiera de manera absoluta el tránsito de vehículos y personas de la ciudad de Toluca, lo que daría material suficiente para la campaña de linchamiento mediático previamente preparada y pagada con recursos del erario, maniobra a la que son muy aficionados algunos de los políticos que ahora despachan en el Palacio de Gobierno de Toluca, que piensan que gobernar es sinónimo de mandar un piquete de policías.
Una vez ubicado e inflado artificialmente ese punto de irritación social, los repetidores de invectivas contratados a destajo iniciaron su trabajo denigrante del oficio periodístico; en las redes sociales, en la televisión propiedad del gobierno mexiquense y en varias columnas y espacios de noticias, se dedicaron a infamar a cientos de miles de mexicanos organizados en Antorcha y a sus líderes. En una fiel aplicación del manual excrementicio elaborado por los maestros del periodicazo mercenario, acusaron a los manifestantes de chantajistas, sucios y alteradores del orden público. Incluso, algunos de esos voceros oficiosos del gobierno mexiquense agregaron la amenaza estúpida de que se debe encarcelar a los líderes antorchistas, al modo que hizo el gobierno federal con la ex líder magisterial. Ah, pero eso sí, para que nadie piense que esos señores de la pluma alquilada y la conciencia turbia se oponen al derecho a la manifestación, algunos aclararon que no están en contra de las marchas, siempre y cuando éstas no afecten a “los terceros” que circulan por las calles. O sea que los “primeros”, que en este caso son los manifestantes, y que han sido afectados por la prepotencia y el boicot de “los segundos”, es decir por los funcionarios del gobierno, pueden manifestarse, siempre y cuando lo hagan volando, o en alguna lejana serranía.
Obviamente, ninguno de esos bien cebados comunicadores mencionó ni una letra del origen de la protesta, que no es otro que el daño provocado por una operación gubernamental para frenar ilegalmente el desarrollo de una organización y de gobiernos emanados de sus filas, a pesar de que se trate de cientos de miles de mexiquenses con pleno derecho a militar en el grupo social que les plazca. Tampoco se dijo nada en esos medios, de la afectación que provoca la actitud del gobierno a la vida cotidiana y al bienestar de los habitantes de Chimalhuacán e Ixtapaluca, municipios que se encuentran entre los más densamente poblados de todo el país. Claro que no, a ellos los contrataron para herir y denigrar, no para pensar.
Sin embargo, esta irritante (por sucia y cobarde) provocación gubernamental, que sólo sirve para tensar más el ya de por sí complicado clima político en el estado, y no por culpa de los antorchistas, no es el verdadero fondo del problema. Que nos ataquen estos cagatintas, algunos de los cuales ni siquiera dan a conocer su nombre y su rostro, porque firman con seudónimo, no es la causa última del conflicto… ellos no son los dueños del circo.
Lo que verdaderamente importa y debe saber la opinión pública es que al interior del gobierno mexiquense hay un grupo de políticos y sus respectivos operadores, algunos de ellos con posiciones de muy alto nivel y confianza en la estructura gubernamental, que se dedican todos los días a ver qué nuevos obstáculos y trampas le oponen al desarrollo del antorchismo en esa entidad, pues ven su creciente ascendencia entre los grupos populares, el éxito que tienen como líderes de masas en muchos pueblos, colonias y escuelas del estado, y como gobernantes de dos de los municipios más grandes y poblados del Estado de México y, sobre todo, la orientación decididamente proclive a los grupos populares marginados y vilipendiados, como algo contrario a los intereses de ese grupo, cualesquiera que éstos sean.
Así se explica que no hayan avanzado ni un cinco por ciento en el cumplimiento de los compromisos de la actual administración con los grupos de campesinos, colonos y estudiantes antorchistas, que siguen sin agua, luz, drenaje, pavimentos, vivienda digna, escuelas o apoyos para producir, entre otras carencias; ésa es la razón de que congelen o retrasen durante años la ejecución de proyectos trascendentales, como la construcción del edificio de la Facultad de Medicina del campus Chimalhuacán de la Universidad Autónoma del estado de México (UAEM), la entrega del transporte colectivo conocido como Mexibús, que ha sido pospuesta hasta en tres ocasiones, y el equipamiento de la biblioteca municipal en ese mismo lugar, que será la más grande de toda la zona oriente mexiquense; ése afán de frenarnos a toda costa, alentado quizá por posibles intereses económicos mutuos, los ha llevado a respaldar a mafias criminales, como la de Áxel García Aguilera, cuyo monopolio es un tumor clavado en la estructura económica y operativa del transporte mexiquense, además de un atentado directo a la vida y al derecho a laborar independientemente de muchos trabajadores del volante; también en ese grupo está la matriz de esa vergonzosa operación que infiltró delincuentes como policías de Chimalhuacán, les ordenó violar a una jovencita y asesinar a su novio, y ahora tiende sobre los criminales un manto protector mediante el cual la Procuraduría de Justicia del estado, que se precia de mantener a raya y detener a peligrosos delincuentes, “no puede encontrar” a esos delincuentes de baja estofa, porque de lo que se trata es de volver lenta la investigación y así dar espacio a los ataques contra la presidencia municipal, que por ley no es la responsable de buscarlos y castigarlos, y de operar con algunos aliados del PRD para que en las Cámaras pidan “investigación y castigo” para el presidente municipal antorchista. Si nos remontamos a unos meses atrás, esa actitud persecutoria del gobierno contra el antorchismo también fue la razón por la que áreas del gobierno dieron todo su apoyo a las maniobras y crímenes de los grupos caciquiles de Ixtapaluca en contra de la candidatura de Maricela Serrano; hoy presidenta municipal, muy a pesar de ellos.
Pero nosotros no les hemos hecho nada. Son enemigos gratuitos del antorchismo; jamás les hemos declarado la guerra en lo personal o como grupo; siempre hemos dicho que nuestro único enemigo es la pobreza y la estructura económica que la prohíja abundantemente, y contra ella luchamos. Sin embargo, debe quedar claro que, a pesar de los riesgos, no vamos a renunciar a nuestra tarea de organizar al pueblo mexicano, ni vamos a tirar en el lodo de la cobardía nuestras banderas de justicia social. Con prudencia, con razones y con la fuerza organizada que indudablemente tenemos, los antorchistas seguiremos adelante, porque es justo lo que pedimos y porque no estamos ni estaremos solos… por muchas vallas que nos pongan.