Líneas Cardinales
Tiembla el Grupo Atlacomulco; tiempos de cambio
Tabasco se encuentra en uno de sus momentos decisivos. En estos meses tendrá que decidirse si en el estado se continúa por la ruta del cambio, o se da un salto hacia atrás en lo que el gobernador Arturo Núñez ha denominado el riesgo de la “restauración autoritaria”. Es optimista el mandatario tabasqueño y considera que no hay signos de un retroceso.
Cierto, no es como se ha dicho un problema de fraudes electorales ni el mal funcionamiento de la democracia formal, sino que todo depende de la respuesta de los ciudadanos a una pregunta muy sencilla: ¿quieren que vuelva el PRI al poder o prefieren seguir en el camino de las transformaciones?, ¿quieren darle la oportunidad a un partido distinto del tricolor que estuvo casi un siglo en el poder o refugiarse en el dicho de “más vale malo conocido”?
Para llegar a despachar en La Quinta Girjalva las izquierdas o el anti PRI tuvieron que batallar durante años, desde 1988 y más antes. No fue fácil. No sólo lucharon contra un sistema cerrado y corrupto –como ocurre con todos los sistemas que se eternizan y donde el mismo desgaste del abuso de poder los deteriora-, sino también tuvieron que empujar una especie de mudanza cultural. No muy profunda, pero mudanza al fin. Fue necesario convencer a la gente que era posible derrotar al PRI, que su voto valía más que una despensa, una cachucha o una playera.
Claro que como no se ha llegado a la raíz los viejos hábitos pueden regresar en cualquier momento. Y se comprende, porque es tarea titánica modificar las inercias; se requiere más de un sexenio para que la sociedad se rompa con el pasado y se ponga a construir en serio el futuro.
Ahora mismo estamos viendo en el Estado de México una de las más intensas batallas entre el viejo régimen, basado en el poder casi hereditario de un grupo de familias, y quienes se presentan como una opción diferente. El gobierno federal que encabeza Enrique Peña Nieto decidió poner “toda la carne al asador” para tratar de que gane Alfredo del Mazo.
Como publicó Veneranda Mendoza en la revista Proceso: “Toda la maquinaria de los gobiernos priistas en su tres niveles –federal, estatal y municipal- se encuentra volcada para apuntalar a su candidato a la gubernatura en el Estado de México, Alfredo del Mazo. No escatima mecanismos, no repara en recursos, no se deja acotar por la ley. Y lo hace a marchas forzadas”.
No es para menos. En Edomex no sólo se juega el futuro de la entidad más poblada del país y con la mayor reserva de votos, sino que es la tierra donde los familiares de Peña Nieto han gobernado de manera directa o indirecta por lo menos desde que en los años cuarenta del siglo pasado Isidro Fabela inició lo que se llegó a designar como “Grupo Atlacomulco”. Este grupo que buscó la Presidencia en el 2006 pero que se quedó en el camino cuando Roberto Madrazo le dio un descontón al aspirante Arturo Montiel (tío de Peña Nieto). Lo que son las cosas, Madrazo Pintado formó parte también de los Atlacomulcos por la vía de Carlos Hank. Pero como bien dicen, cuando la perra es brava hasta los de casa muerde.