Llevarse a las trompadas
@UTufigno
Pocos como él festejaron el triunfo de Donald Trump. Ni los veteranos de las fuerzas amadas norteamericanas que en la misma semana de las elecciones tuvieron su celebración anual. Me lo imagino, con su nuevo “look”, siguiendo frente a una pantalla gigante el desarrollo del atípico proceso electoral de nuestros vecinos del norte. Y tal vez con una copa de champagne en la mano le llamó a su amigo Enrique para decirle: -te lo dije. O estaba junto a él.
Con su nueva apariencia, más semejante a una personificación del actor Johnny Deep o de una “narconovela” (bigote y barba crecida, lentes oscuros y cabello más largo), Luis Videgary emergió como el visionario de lo que pocos consideraban posible: la victoria del candidato republicano, que en realidad no debe verse tal, sino como el fracaso del sistema político norteamericano.
No es la primera vez que ocurre en Estados Unidos, pero volvió a ocurrir: de acuerdo a sus reglas electorales no ganó la candidata que sumó más votos entre los electores (Hillary Clinton obtuvo más votos totales que Trump); ganó el candidato del sistema que tiene su razón de ser en una arcaica visión de la democracia del siglo XVIII. Pero allá ellos y acá nosotros.
Luego de la rápida visita de Donald Trump a México en agosto pasado, los duros cuestionamientos hacia el ocupante de Los Pinos no se hicieron esperar. Incluso, medios de comunicación afines a su gestión le dieron la espalda. Videgaray tuvo que renunciar el 7 de septiembre y dos semanas después Peña aceptó que la visita del republicano propició su salida del gabinete.
Aunque Luis Videgaray optó por el silencio y el alejamiento de los reflectores en la escena nacional, desde Estados Unidos recibió el apoyo del presidente electo en aquél país. Trump escribió en su cuenta de Twitter: “México perdió a un ministro de finanzas brillante y un hombre maravilloso (con el que) hubiera hecho estupendos acuerdos”. ¿El beso de Dios o del Diablo?
A su salida del gabinete se especuló que Videgaray acudiría al estado de México, bien como candidato del PRI o como coordinador de campaña; sin embargo, en las semanas recientes trascendió que había rechazado ambas posibilidades para concentrarse en sí mismo y su futuro. Con más razón ahora que se cotiza como alguien que puede entenderse con Donald Trump.
Si su forzada salida del gabinete parecía haberle restado posibilidades en sus aspiraciones como un eventual candidato del tricolor para el 2018, la recomposición de la política norteamericana lo rescata de entre los escombros. A pesar de ello, tanto el propio Luis Videgaray como Peña Nieto deben estar valorando si la ingeniería electoral será suficiente para garantizarles el triunfo en las elecciones presidenciales. En los tiempos modernos ningún presidente había tenido tan baja aceptación como la que tiene el hijo predilecto de Atlacomulco. ¿Qué hacer?
Creo que, al menos, caben dos posibilidades iniciales: que el ex Secretario de Hacienda se convierta en candidato de su partido al gobierno del estado de México -en cuyo caso quedaría limitado para el 2018-, o que se reincorpore al gabinete, lo que mandaría la señal inequívoca de su destape. En este último supuesto, ¿dónde reubicarlo?, ¿en Gobernación, en Relaciones Exteriores?
Como ninguno de los otros aspirantes tricolores parece tener un mínimo de aceptación entre los electores, veo otra posibilidad: ¿qué tal si “queman un cartucho” (Chong, por ejemplo) y preparan el terreno para el 2024? En este escenario, Peña Nieto negociaría la presidencia con la oposición leal a cambio de mantener el control del Congreso y los gobiernos estatales.
Una damnificada indirecta de la derrota de Hillary Clinton parece ser Margarita Zavala, a quien algunas encuestas comenzaban a posicionar como cabeza de las preferencias electorales, pues tendrá que modificar su discurso de “voto por la mujer”. No obstante lo anterior y a pesar de Felipe Calderón, ella podría ser el verdadero plan de Peña.
La especulación que aquí delineo no es gratuita. Llama la atención que a principios de este mes, dentro de un evento del ITAM, Peña entregara un reconocimiento a Felipe Calderón. En política la forma es fondo, dicen los entendidos, y Margarita Zavala está emparentada con la esposa de Videgaray, dicen los lazos sanguíneos. Final feliz: todo quedaría en familia.