Le comentaba ayer que Juan José Peralta Fócil, electo fiscal superior del OSFE la noche del martes por el Congreso local, se sacó la rifa del tigre. Está ante el difícil reto de marcar diferencia frente a quienes han estado en esa posición, porque los tres fiscales “superiores” que han ocupado el cargo se mostraron muy inferiores a la responsabilidad asignada.
Ahí estuvieron Francisco Rullán, José del Carmen López Carrera y Alejandro Álvarez González.
Ya le contamos la negra historia de Rullán Silva, quien llegó avalado por Manuel Andrade Díaz, para luego ser ratificado por el grupo de Andrés Granier, dos “des gobernadores” que dejaron una estela de corrupción. Paco Rullán tuvo que ser desalojado con las armas de la ley porque resultó evidente que había protegido el saqueo de sus protectores Andrade y Granier.
El defenestrado fiscal finalmente se marchó. En su lugar quedó José del Carmen López Carrera, electo por el Congreso local. Llegó con la espada desenvainada e hizo una limpia en el OSFE. Más de 40 personas fueron despedidas, todas ellas ligadas al anterior fiscal superior Rullán.
López Carrera sólo estuvo cuatro años en el OSFE. En 2018, cuando Morena ya era gobierno y controlaba el Congreso, precipitaron su caída. Fue acusado de lo mismo que acusaron a su antecesor: maquillar y limpiar las cuentas públicas.
Los diputados exigieron que se le practicara una auditoría y que sus colaboradores fueran removidos porque se prestaron a la corrupción que, dijeron, prevaleció en el gobierno de Núñez Jiménez.
Durante el tiempo que estuvo López Carrera ningún alcalde fue acusado de desvío de recursos pese a que las observaciones hechas por el OSFE a las cuentas públicas de los presidentes municipales de esa época superaban los dos millones de pesos. Como siempre, los dimes y diretes en la tribuna del Congreso terminaron en circo mediático. La corrupción siguió siendo una segunda piel del sistema.
López Carrera se fue por la puerta de atrás y acusado de cometer actos de corrupción, a pesar de que su elección había generado grandes expectativas ya que contaba con maestría y doctorado en materia fiscal y fue una decepción. Ya se dijo que lo doctor no quita lo mañoso.
EL HÁBITO NO HACE AL MONJE
Fue sustituido por el todavía fiscal superior, Alejandro Álvarez González, a quien se acusa de lo mismo que acusaron a Rullán Silva y López Carrera.
Llegó al OSFE en 2013 cuando López Carrera era el fiscal superior. Era el fiscal especial, cargo en el que se mantuvo hasta 2017. Un año después, fue electo titular del Órgano Superior de Fiscalización. Se supone que tenía mucha experiencia.
Fue el responsable de armar el informe de resultados que sirvió de base a los diputados para que le reprobaran la cuenta pública de Núñez Jiménez, y la del expresidente del Tribunal Superior de Justicia, Jorge Priego Solís, a quien le fincaron responsabilidades penales por un presunto delito de peculado, cuyo proceso sigue en curso.
Se le acusa de haber permitido la opacidad en la rendición de cuentas de los gobernantes y de sólo haber actuado por consigna en ciertos casos, como el encarcelamiento de José Eduardo Rovirosa, exalcalde de Macuspana que aún permanece en prisión por el presunto delito de desvío de recursos. Claro, eso no quiete decir que Cuco sea inocente, sino sólo penitente.
López Carrera solapó los actos de corrupción cometidos en los ayuntamientos de Jalapa y Macuspana, municipios donde el Congreso desapareció los poderes y en su lugar nombró concejos municipales que resultaron peor que los exalcaldes depuestos.
Ahora Juan José Peralta Fócil, quien tiene todo el aval de Morena y una larga carrera en la administración pública, le toca pasar a la historia. Veremos. (Fin)
