Manuel Andrade Díaz no sólo es un bufón de la política sino también un consumado mitómano. Hace tiempo que sus dichos y gracejadas sólo son tomados en cuenta por los detractores del Gobierno del Pueblo y, obviamente, le dan revuelo para colocarlo en la palestra política en donde se quiere mostrar como un conspicuo analista cuando en realidad es corto de ideas y limitado de conocimiento de la praxis política.
Eso ha pasado con el tema de la inseguridad. Las opiniones del apodado “puerquito valiente” no responden a un análisis objetivo de la realidad, sino tienen una intencionalidad política: negar y descalificar lo bueno que se está haciendo para aminorar la inseguridad; magnificar y pegar alaridos de plañideras por cada episodio de violencia registrado.
“¡Oh, qué horror!” “¡Estamos peor que Sinaloa!” “¡Tabasco merece paz!”, ¡Si no pueden, que renuncien!”, son algunos de los adjetivos utilizados por los gritones de la política y los malquerientes de Javier May.
Andrade Díaz fue uno de los que despotricaron contra el gobierno por el lamentable asesinato del empresario Mario Peralta Jiménez, pero enmudeció cuando se anunció la captura de sus asesinos dos días después de su acción criminal.
Inclusive, puso en duda esa reacción inmediata de las fuerzas de seguridad, estatales y federales, ante ese hecho funesto.
En sus redes sociales restó méritos a esa captura y sugirió que fue por la “presión social”, y porque el gobierno “tiene ubicada a la delincuencia”. Nada le embona.
Ocurrido el crimen, se escucharon las voces que exigían justicia pronta y se garantizó que no habría impunidad y se cumplió: se detuvo a los responsables. Claro, eso no lo puede reconocer el exgobernador por su mezquindad y espolea mejor con sus invectivas, y acusa al gobierno por “su ineficiencia” y por dejar a una familia “sin su proveedor y a tres mujeres desamparadas”.
UN INEPTO
OLVIDADIZO
Vamos recordarle a este político farsante lo que pasó durante su gobierno. Hay quienes sostienen que pactó con los zetas, que en ese tiempo era la organización criminal dominante en varias entidades del país y principalmente en el corredor del sureste.
El “comandante Mateo”, líder de ese grupo delincuencial, hacía y deshacía a su antojo aquí en el estado. Era el dueño de la plaza. Se sentía impune este criminal. Sin embargo, una bravuconada en un pleito de cantina, precipitó su caída. Su arresto desató un escándalo, no por capo de la droga, sino por pendenciero.
Así se supo quién era este sujeto y le peor vino después cuando sus huestes trataron de liberarlo de la cárcel preventiva del Palacio Municipal de Cunduacán, adonde llevan a los borrachos escandalosos, a sangre y fuego y con un bazucazo que estremeció los cimientos del inmueble.
Fue un escándalo nacional. Un importante líder criminal operaba sin ser molestado por el gobierno de Andrade. No puede negarlo aunque quisiera. Eso sí es verdad, no las sandeces que dice este político de medio pelo.
Tampoco puede negar que durante su gestión el crimen organizado mató a un presidente municipal: Walter Herrera Ramírez, el 15 de noviembre de 2006, en las postrimerías de su gobierno.
“Ola de violencia en Tabasco; asesinan al edil de Huimanguillo”, tituló el diario La Jornada al día siguiente. En la nota se hacía referencia a “varios hechos violentos, presuntamente vinculados al crimen organizado, se han suscitado en esa región desde el año pasado”.
Ah, pero hoy vocifera contra este gobierno que sí combate al crimen organizado. Es como el bandido que grita ¡Al ladrón!, para desviar la atención y no ser apresado por sus fechorías.
No fue el único muerto de renombre en su gobierno. Meses antes del asesinato del exalcalde perredista, ultimaron a Ponciano Vázquez Lagunes, ganadero a quien relacionaron con el narco. Había sido plagiado y poco después apareció muerto en un paraje de Huimanguillo.
En ese tiempo, su hermano Cirilo Vázquez, acusó al gobierno de Andrade “de estar involucrado en el secuestro de su hermano Ponciano, quien apareció ejecutado en el interior de una camioneta cerca de Huimanguillo”, según publicó la revista Proceso.
LA SOMBRA DE HERNÁN
El medio difundió un extracto de una conversación telefónica sostenida entre Cirilo Vázquez y Hernán Bermúdez Requena, subsecretario de Protección Civil, Prevención y Readaptación Social de Tabasco con Andrade, donde le “reclama al funcionario la negligencia de la administración que encabeza Manuel Andrade en las investigaciones sobre el secuestro”.
Vázquez aseguró que el gobierno de Andrade “tuvo conocimiento de la identidad de quienes perpetraron el secuestro de su hermano”.
Al poco tiempo Bermúdez Requena fue detenido por la entonces SIEDO cuando cenaba con Cirilo Vázquez, Narciso Oropeza (Tornillo) y Jaime Echeverría en el Hotel Camino Real de esta ciudad, donde estuvo varias semanas recluido en una casa de arraigo de la entonces PGR. El negro historial de este personaje, causante directo de la violencia desatada actualmente en la entidad, data desde esa época.
Presumía Andrade Díaz que, en su periodo, Tabasco era “el mejor lugar para vivir”, pero la terca realidad le mostró que no. Si no, leamos este fragmento noticioso de La Jornada.
“El asesinato del alcalde perredista de Huimanguillo es parte de una serie de hechos violentos ocurridos en Tabasco, entre levantones y secuestros que se incrementaron en 2006. Pese a las críticas que ha generado esta situación, el gobernador Manuel Andrade Díaz difunde constantemente en radio y televisión el espot “Tabasco es el mejor lugar para vivir”.
Más pronto cae un hablador que un cojo.
