• La Verdad del Sureste |
  • Lunes 23 de Febrero de 2026

Los de abajo

Pedro Jiménez y la falta de dignidad ciudadana

Publicado el:

Alejandro Hernández


• “Dignidad Parlamentaria”: nada de verdad y sí mucho de cinismo de su autor
• Un testimonio parcial, interesado; nada justifica la represión de hace 30 años

Lo que advertimos la víspera de la presentación de su libro se cumplió: Pedro Jiménez León no dijo nada relevante de aquel vergonzoso y repudiable episodio del 19 de enero de 1995. No podía ser de otro modo, pues lo que hicieron hace 30 años no tiene justificación alguna.
Se trató simple y llanamente de una represión violenta a un movimiento que repudiaba el fraude electoral de 1994 y defendía la democracia, amenazada por una mafia política-empresarial que recurrió al aparato represor del estado y a delincuentes para salvaguardar sus intereses económicos con la entronización en el poder de uno de sus miembros más conspicuos: Roberto Madrazo Pintado.
Dicho y hecho. No hay nada digno en “Dignidad Parlamentaria”. Como dicen los chavos, es puro “choro” para tratar de lavarse la cara tres décadas después, demasiado tarde para rememorar ese negro capítulo en la biografía de varios actores políticos que intervinieron en esa cobarde acción. Desde estudiante, Pedro Jiménez fue campeón del choro y colocó a su familia en el presupuesto cambiándose de camiseta.
Ahí estaban en primera fila. Tomándose la foto, junto al autor de ese bodrio, Gustavo Rosario Torres, disminuido físicamente por el paso de los años, pero sin perder esa mirada siniestra que lo caracteriza. Nunca dejará de ser lo que es, un indeseable, un tipo avieso.
Félix Eladio Sarracino Acuña, un priista segundón, mediocre. Aquella tarde noche aciaga del 19 de 1995, azuzaba con su arenga a los pandilleros reclutados para golpear a los perredistas que protestaban pacíficamente.
Posó junto a Pedro Jiménez y a Nicolás Haddad López, a la sazón dirigente estatal del PRI. Tanto defendió a Madrazo para que tiempo después terminara enemistado con él. Se le recuerda más por el escándalo en el “Borrego chino” (acusado de fraude) y por su locuaz Pacto de Salsipuedes.
Obvio, la clase pudiente, esa que se ha enriquecido del presupuesto público, también hizo acto de presencia. Como no recordar aquel Frente Ciudadano que creó el charro constructor Manuel Ordóñez Galán, para disfrazar de sociedad civil su rebelión contra el presidente Zedillo, que ya había decidido remover de la gubernatura a Madrazo ante las evidencias del fraude que cometió para ganar la elección en 1994.
LOS ASALTANTES DE TELEREPORTAJE
Dice Pedro Jiménez que la toma de la XEVA y de la Corat fue en “defensa de la soberanía” de Tabasco para “contrarrestar” la información oficial emitida por el gobierno zedillista, en la cual, según él, se amagaba con recortes presupuestales al gobierno estatal.
Lo que jamás admitirá Pedro “Porro” es que esa medida fue para silenciar los micrófonos de Telereportaje, único medio de esa época que no estaba copado por el gobierno priista y que informaba sobre la crisis política que se vivía en el estado por el fraude electoral. Cómo han cambiado los micrófonos.
Esa es la realidad no la excusa plasmada en ese libelo por su autor y protagonista principal de la represión en Plaza de Armas.
Quizá el único dato novedoso, es el ofrecimiento que le hizo Zedillo a Madrazo para resolver el conflicto poselectoral: irse de embajador a Brasil, pero que según Pedro Jiménez, el exgobernador “negoció” la Secretaría de Educación y posteriormente ser candidato presidencial.
Durante la presentación de su “Dignidad Parlamentaria”, dijo que escribió el libro para “dejar un testimonio de su visión de la política” y para “abogar por un ejercicio político basado en principios y valores”.
El libro sólo refleja un testimonio interesado, justificatorio y a destiempo, pues las nuevas generaciones no saben qué fue lo que realmente pasó hace 30 años, porque no conocen ni les interesa la historia. Menos una basada en mentiras.
Me parece de un enorme cinismo que diga que promueve una política basada en valores y principios, pues sabemos que su comportamiento político y su trayectoria han estado marcados por la deshonestidad, la impostura y la desvergüenza.
Su testimonio, a la distancia, carece de relevancia. Más allá de quienes fueron partícipes y creen a ciegas que hicieron lo correcto, a nadie más importa lo que diga Pedro Jiménez León, porque no hay nada de verdad y sí mucho de cinismo.