El próximo martes, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, dará a conocer un plan para reforzar la seguridad en Tabasco ante la escalada de violencia registrada en las últimas semanas con miras a pacificar al estado tan convulso por la disputa de la plaza entre grupos delincuenciales antagónicos.
Este anuncio confirma, una vez más, el respaldo total y absoluto al gobierno de Javier May Rodríguez, a quien desde las sombras y la fontanería sus adversarios y enemigos políticos operan para sostener sometida a la población tabasqueña en la sicosis con la intención de socavar su base social.
Este plan que se diseña en el Gabinete de Seguridad Federal es parte de las estrategias puestas en marcha para reducir los índices delictivos en todo el país.
Seguramente la mandataria tiene pleno conocimiento de lo que está sucediendo en Tabasco y quiénes son los autores de generar toda esta violencia para robarle la tranquilidad a los tabasqueños y tener en jaque al gobierno, distraerlo de sus tareas, igual de prioritarias, con el tema de la inseguridad.
El gobernador Javier May no está solo en esta lucha contra la delincuencia organizada. No es un problema que él haya ocasionado, sino que de manera deliberada le hicieron explotar cuando asumió la gubernatura para convertir en un polvorín el estado y utilizarlo como argumento para cuestionar su capacidad de gestión.
Le entregaron un estado minado y corroído hasta la médula, con relaciones de complicidad por todos lados, como lo demuestra el arresto de 13 policías municipales y dos funcionarios del ayuntamiento de Nacajuca por su involucramiento en actividades ilícitas.
Las corporaciones policiacas fueron infiltradas por grupos delincuenciales, principalmente La Barredora, presidida en ese entonces por el exjefe de la policía estatal, que tomará su tiempo sanearlas de malos elementos.
En sus tiempos libres y en actos se han dado casos de participación en hechos ilícitos de elementos uniformados estatales y municipales, y eso complica mucho la detención de los principales generadores de violencia en el estado porque les dan el pitazo.
En Nacajuca los policías involucrados con la maña nada hacían para defender a la ciudadanía de asaltos a mano armada en la vía pública, robos a casa habitación y en negocios, si quienes estaban encargados de garantizar la seguridad de los ciudadanos eran cómplices de delincuentes.
Estamos seguros que no es la única policía infiltrada, debe ocurrir lo mismo en la zona de la Chontalpa donde el tráfico de migrantes, el robo de combustible, drogas y otros delitos es el pan de cada día en esa región del estado, principalmente en los municipios de Huimanguillo, Cárdenas y Comalcalco.
El daño que ocasionaron al estado quienes tuvieron la responsabilidad de gobernar es mayúsculo y debe haber consecuencias legales, porque se ha dañado el tejido social y robado la paz y la tranquilidad a los tabasqueños; son ellos los que, a través de los mercenarios de la prensa a su servicio y actores políticos aliados, le exigen cuentas a este gobierno sobre el cual mantienen una campaña negativa permanente, hasta ejecutómetro llevan para solazarse con esta tragedia.
Está claro que estos sicarios informativos defienden delincuentes y hacen apología del delito a diario con el falso argumento de que ejercen su libertad de expresión y cualquier crítica que reciben desde el poder lo toman como una afrenta y una censura, pero esa reacción no es más que parte de su cinismo.
Mayor evidencia de que su mercenarismo está más que comprobado no podía haber. Son sujetos de la misma calaña y sirven a los mismos intereses contrarios al pueblo. Aquí cabe muy bien la el dicho popular: Dios los crea y ellos se juntan.
Cómo el rencor, el resentimiento puede llevar a un actor político a crear el caos, sembrar el miedo y el terror para hacer fracasar a su adversario político en la tarea de gobernar. Se necesita estar muy enfermo y lleno de odio para actuar de esa manera ¿Qué pensaban, que Tabasco lo tenían escriturado por la fe pública del llamado Cártel de los Notarios?
