El enemigo de Morena no está en la oposición sino dentro de sus filas. En la acera de enfrente no hay con qué se le pueda hacer mella al partido gobernante. No han podido salir de su letargo ni han entendido que si no cambian y asumen un papel más propositivo están condenados al fracaso, sobre todo ante los niveles de popularidad de la presidenta Claudia Sheinbaum.
No hay modo de que puedan recuperar el poder con las siglas del PAN, PRI o de Movimiento Ciudadano. La gente ya no cree en esos partidos y el rechazo a todo lo que huela a PRIAN es generalizado.
Lo único que puede derrotar a Morena es la traición alentada por las ambiciones desmedidas de poder y, hay que decirlo, se están incubando a su interior por figuras que inexplicablemente ocupan posiciones importantes a sabiendas de que no son nada confiables.
En ese partido, lamentablemente se les abrió la puerta a personajes indeseables y con un pasado de corrupción, que uno no se explica cómo es que los dejaron entrar si en lugar de aportar le restan imagen, credibilidad y confianza al movimiento.
Navegan con bandera de progresistas, pero en el fondo son autoritarios, soberbios, déspotas y engreídos. Se creen con merecimientos y no son más que oportunistas y corruptos, a quienes lo que menos les interesa es procurar el bien común, sino servirse con la cuchara grande.
En México y Tabasco la felonía está al asecho. Mientras la presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, y el gobernador, Javier May Rodríguez, están dedicados a gobernar al país y al estado, llevando obras y programas sociales que contribuyen al bienestar del pueblo, sus enemigos operan en las sombras, no han dejado de alentar la insidia.
A nivel nacional, ya vimos que le han puesto obstáculos y piedras en el camino a la presidenta. El más reciente, la impunidad que le otorgaron al exgobernador de Morelos, Cuauhtémoc Banco, para que no enfrente la justicia ante la acusación presentada en su contra por una familiar que asegura que intentó violarla.
Eso, como ya vimos, tuvo su repercusión en las mañaneras del miércoles y jueves últimos. Fue pregunta obligada para ahondar en la llaga abierta por diputados de Morena al rechazar el desafuero de Blanco.
CERO IMPUNIDAD
La presidenta tuvo que hacer frente a ese señalamiento que pega directo al movimiento, que ha sido impulsor y defensor de causas feministas.
“Nosotros no vamos a proteger a nadie, eso debe quedar clarísimo, pero tiene que demostrarse que, en efecto, hay un delito. ¿Quién lo define? La Fiscalía”, reviró la presidenta ante la insistencia de los reporteros sobre ese asunto que sigue dando mucho de qué hablar.
Y como lo reveló la herramienta de Inteligencia Artificial de la plataforma X, antes Twitter, las mañaneras son el espacio más influyente en la opinión pública nacional. Pareciera que hay cierta intencionalidad en perjudicar la imagen presidencial con este tipo de comportamientos en el Congreso de la Unión, pues en el Senado de la República también se cuecen habas.
Colectivos feministas, especialmente en el contexto del reciente 8M, han señalado este caso como un retroceso en la lucha contra la violencia de género. Han acusado a Morena de traicionar sus promesas de apoyo a las víctimas. Este rechazo podría traducirse en una pérdida de apoyo entre sectores progresistas y mujeres votadas. Es lo que piensan analistas y no se equivocan.
El caso ha reavivado el debate sobre la utilidad del fuero constitucional. Aunque Blanco se presentó voluntariamente en la Fiscalía de Morelos ayer para declarar, el hecho de que conserva su inmunidad subraya cómo esta figura puede ser percibida como un escudo contra la rendición de cuentas, alimentando propuestas para reformarla o eliminarla en casos de delitos graves, algo que se debería de hacer a la voz de ya.
La influencia de líderes como Ricardo Monreal, coordinador de la bancada, y Hugo Eric Flores, presidente de la Sección Instructora, en la decisión de desechar el desafuero por supuestas fallas técnicas en la carpeta de investigación, ha sido interpretada como una manipulación para proteger a un aliado. Esto refuerza la idea de que Morena prioriza intereses políticos sobre la transparencia, afectando su imagen ante un electorado cada vez más crítico.
Una vez más las recomendaciones de AMLO en su carta de despedida no han sido tomadas en cuenta.
En un momento en que la representación femenina en el Congreso es histórica, el apoyo mayoritario de diputadas morenistas a Blanco, solo 22 de 146 votaron en contra, ha generado críticas por falta de sororidad y perspectiva de género. Esto podría alienar a votar mujeres, un segmento clave para Morena, y debilitar su narrativa de inclusión.
Analistas consideran que la presidenta, ante este hecho, se enfrenta a un dilema, sobre todo porque ella es la primera mujer en México en ocupar la Presidencia y ha hecho de la defensa de las mujeres una bandera de su gobierno.
Esto podría poner en riesgo su credibilidad en temas de género, especialmente si no logra distanciarse claramente del caso. Está claro que al interior de Morena existe el interés de que su figura se debilite porque eso les conviene a sus planes de arrebatarle el poder. El enemigo no duerme, maquina todo el tiempo.
