Los de abajo

Rigor histórico contra ceguera ideológica: El debate sobre don Enrique


Como parte de los festejos conmemorativos de los 200 años de fundación como ciudad y 110 años de llevar su actual nombre la capital tabasqueña, Villahermosa, el gobierno municipal organizó, entre otras actividades culturales y artísticas, un panel sobre el exgobernador Enrique González Pedrero titulado “Pensamiento y poder en el México contemporáneo”.
 

En ese conversatorio participarán el historiador y académico Cirilo Antonio Guzmán, el notario público, Heberto Taracena Ruiz, y el periodista Víctor Manuel Sámano Labastida. El evento se realizará en el Centro Cultural Villahermosa.
 

González Pedrero es considerado por muchos como el mejor gobernador que haya tenido Tabasco. Una amplia mayoría de historiadores y académicos, nacionales y locales, considera que fue un gobernante excepcional, que “intelectualizó” la política local y que su legado es de una trascendencia incuestionable.
 

Pero como en todo, siempre hay quien no esté de acuerdo y piensa que se ha hecho una “apología” injustificable a la obra política y social de don Enrique. Nos referimos al “historiador” Héctor Valencia Reyes, interesado más en llevar la contraria que en revisar con rigor histórico e intelectual el gobierno de González Pedrero.
 

Quizá por encargo o por ceguera, Valencia Reyes trata de desmitificar la imagen que se tiene de don Enrique. Según este ínclito historiador, González Pedrero gobernó “bajo cierta perspectiva social”.
 

Esa argumentación choca más fuerte con la realidad histórica documentada y la percepción de los tabasqueños, esa “cierta perspectiva social” se viene abajo tan solo con mencionar el concepto de los Centros Integradores (CI).
 

Antes de González Pedrero, el desarrollo de Tabasco se centraba solo en Villahermosa. Los CI no solo llevaban los servicios: salud, educación, registro civil al campo, sino que el objetivo era que el campesino no tuviera que peregrinar a la capital, otorgándoles dignidad y presencia del Estado en su propia tierra. Eso puso fin al aislamiento de las comunidades.
 

A diferencia de otros programas estatales, González Pedrero promovió que las comunidades fueran sujetos de su propio desarrollo. No se trataba solo de dar apoyos, sino de organizar la producción local. La autogestión como filosofía de vida.
 

Valencia Reyes ignora, ya sea por desconocimiento, lo que resulta imperdonable en un escritor que se precie de serlo, o mala fe, que este modelo fue tan exitoso que incluso inspiró programas federales posteriores y fue el eje de la descentralización en el estado.
 

Para el exgobernador, la pobreza no era solo falta de dinero, sino de acceso a la cultura y al conocimiento. Esa fue la razón por la que abrió bibliotecas y casas de cultura en los Centros Integradores. Entendía que la política era parte de la cultura y no al revés.
 

Eso no es “miopía absurda”, como acusa Valencia Reyes a quienes han estudiado y destacado la trascendencia de la política social de González Pedrero, sino una visión humanista de largo plazo. Tampoco fue una política asistencialista común, sino un modelo de planeación revolucionario para su época.
 

Valencia Reyes pretende descalificar a González Pedrero con el argumento de que gobernó en una época en que el PRI era sinónimo de represión, autoritarismo, corrupción e impunidad.
 

Ese es un argumento de generalización histórica que carece de matices, una falacia común donde se juzga al individuo exclusivamente por la institución política a la que perteneció, ignorando la actuación específica de don Enrique.
 

Al usar el contexto del PRI de los años 80 para descalificar a González Pedrero, comete errores de rigor imperdonables en un historiador.
 

Historiadores y analistas coinciden en que González Pedrero fue una excepción dentro del viejo régimen priista. Mientras muchos gobernantes de esa época recurrían a la represión, González Pedrero usaba la pedagogía política y el humanismo.
 

CONTRA EL AUTORITARISMO
 

En lugar de ejercer el poder vertical y caprichoso, como muchos gobernadores priistas lo hicieron en ese tiempo, Don Enrique creó estructuras para que el poder se distribuyera en las comunidades. Eso es lo opuesto al comportamiento típico de un cacique autoritario de la época.
 

González Pedrero representaba el ala más progresista, culta y reformista del PRI de los años 80. De hecho, su pensamiento influyó en muchos que después buscaron democratizar al país.
 

Cuando un historiador sustituye el análisis de los hechos por la descalificación ad hominem, deja de hacer historia para hacer propaganda o descargos ideológicos.
 

Es deshonesto pretender que un individuo es simplemente un reflejo de los vicios de su partido. Si González Pedrero hubiera sido un “represor o corrupto” más, no habría dejado un legado de infraestructura cultural, museos y bibliotecas que hay hoy son el orgullo de Tabasco, verbigracia la Biblioteca Pública “José María Pino Suárez”.
 

Un análisis serio no puede pasar por alto que los Centros Integradores fueron un modelo de descentralización y justicia social que buscaba romper, precisamente, con el control autoritario y centralista de la época.
 

Recurrir a palabras como “miopía absurda” para referirse a los académicos de alto nivel que han destacado la trascendencia de su gestión, no es una crítica académica, es un desplante de soberbia intelectual que busca invalidar el testimonio de quienes sí vivieron y documentaron el rigor de esa administración.
 

Al final, la historia se escribe con realidades tangibles. La obra escrita de González Pedrero y su modelo de gobierno siguen siendo estudiados como referentes de humanismo político, mientras que las críticas sin sustento suelen quedar en el olvido como simples notas de página de la amargura ideológica.

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