Los de abajo

El libreto del caos: el mundial y la ingeniería del "golpe blando"


La denuncia de la presidenta Claudia Sheinbaum en la conferencia matutina de este martes expone un montaje político de manual, orquestado por la ultraderecha mexicana con el respaldo de sectores similares estadounidenses: sembrar la percepción de caos en la víspera del Mundial de la FIFA 2026 para forzar una respuesta violenta y tildar al gobierno de represor.
 

Con los ojos del planeta sobre la Ciudad de México, el escenario ideal para la provocación ya no requiere tanques en las calles, sino cámaras grabando, narrativas infladas en redes sociales y la orquestación de una crisis artificial.
 

El escenario es ni mandado hacer para reproducir un episodio violento ocurrido hace 50 años con un gobierno priista represor: el de Luis Echeverría con el famoso halconazo del 10 de junio de 1971. Se van a quedar con las ganas de represión, dijo la presidenta en una de sus intervenciones en la mañanera. No somos iguales, sostuvo.
 

El objetivo de este libreto no es derrocar de inmediato, sino desgastar los cimientos de la administración mediante lo que la teoría política denomina un golpe de Estado blando.
 

La exhibición del empresario Ricardo Salinas Pliego en la conferencia presidencial no es un ataque gratuito, sino una respuesta directa a su explícito desdén por las vías pacíficas de protesta y a sus afanes claramente desestabilizadores de un gobierno legalmente y legítimamente constituido, todo por obligarlo a pagar sus impuestos.
 

Al afirmar públicamente que las manifestaciones pacíficas "no sirven para nada" y sugerir veladamente acciones de mayor confrontación física o bloqueos, el magnate de TV Azteca cruza el umbral de la crítica legítima para adentrarse en la inducción al desorden público. En la abierta provocación e incitación a la violencia.
 

UNA CAMPAÑA SISTEMÁTICA
 

La estrategia de la ultraderecha local es nítida y ya ha sido puesta en práctica en otros países: instrumentalizar el descontento social legítimo, como las marchas de la CNTE, para empujarlas hacia extremos violentos. Forzar el uso de la fuerza pública por parte del gobierno federal en un escaparate global, buscando la instantánea perfecta de la represión estatal.
 

Construir el mito de la ingobernabilidad a través de corporaciones mediáticas afines para desincentivar las inversiones y estrangular la economía.
 

Como bien han documentado investigaciones periodísticas en medios como Contralínea y SinEmbargo, este fenómeno no es un brote aislado de insatisfacción local.
 

Responde a una articulación transnacional que vincula a la derecha mexicana con agencias, organizaciones no gubernamentales conservadoras y laboratorios de propaganda internacionales.
 

La narrativa que intenta sembrar la idea de un "narcogobierno" o de una "crisis de liderazgo" mediante campañas digitales multimillonarias sigue exactamente las mismas pautas aplicadas en otras partes de América Latina.
 

El miedo y la desinformación son las divisas de esta guerra psicológica, diseñada para minar el amplio respaldo popular que sostiene al la presidenta del Poder Ejecutivo y restarle margen de maniobra en política internacional.
 

Ante la inminencia del evento deportivo global, la postura de la mandataria federal ha sido desactivar el conflicto mediante la transparencia. Al denunciar abiertamente la intencionalidad detrás de los disturbios y reiterar que la instrucción es no responder con la fuerza pública, el gobierno de Claudia Sheinbaum asume un costo político a corto plazo en términos de movilidad urbana, pero blinda su legitimidad de fondo.
 

El verdadero desafío de los próximos días no se jugará únicamente en las canchas de futbol, sino en la capacidad del Estado y de la sociedad civil para identificar las provocaciones, aislar los llamados al caos y no permitir que los intereses de unos cuantos magnates y sus aliados internacionales secuestren la paz pública de la nación.

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