Las recientes salidas del diputado federal Erubiel Alonso Que y de la exsecretaria general María del Carmen García May agravan la crisis estructural del PRI en Tabasco, colocándolo ante un escenario real de perder el registro local en las elecciones de 2027.
Tras dominar la política del estado durante décadas, el debilitamiento definitivo del tricolor se acelera debido a varios factores críticos.
Tanto Alonso Que como García May decidieron abandonar la militancia priista para sumarse formalmente a Movimiento Ciudadano (MC), un partido que busca consolidarse como la principal alternativa opositora en la entidad.
La incorporación de estos liderazgos tiene el objetivo directo de competir por alcaldías, como el municipio de Centro, usando la plataforma del partido naranja. La salida de García May se dio inmediatamente después de que la dirigencia nacional del PRI suspendiera sus derechos partidistas e inhabilitara sus funciones, evidenciando fracturas internas insalvables.
El PRI en Tabasco ha pasado de ser la fuerza hegemónica a convertirse en un partido minoritario, desplazado por el absoluto dominio político de Morena.
De acuerdo con la legislación electoral, cualquier partido que no alcance el 3% de la votación válida emitida en la elección intermedia perderá automáticamente su registro y sus prerrogativas locales.
Aunque la dirigencia estatal actual del PRI niega formalmente que exista una desarticulación institucional, la constante pérdida de estructuras territoriales y de capital político hacia otras fuerzas debilita al extremo su competitividad para el próximo ciclo electoral intermedio.
El futuro del PRI en Tabasco de cara a las elecciones de 2027 se perfila entre el riesgo de la desaparición legal y un intento forzado de supervivencia territorial. Tras haber sido la fuerza política absoluta del estado, el partido enfrenta su crisis más profunda marcada por la desarticulación interna y el avance de otras fuerzas políticas.
El mayor peligro jurídico es no alcanzar el 3% de la votación válida emitida en 2027, el mínimo exigido por la ley electoral para conservar el registro y el financiamiento público en Tabasco. Con el masivo dominio de Morena y la fuga de sus bases, el partido cuenta con un margen de maniobra históricamente reducido.
MC se está quedando con las estructuras y los cuadros que le daban presencia territorial al PRI en municipios como Centro, Paraíso y Zapata. La renuncia de figuras de alto perfil bajo declaraciones como "no veo futuro en el PRI" desincentiva el voto útil opositor hacia el tricolor.
El PRI ya no puede competir en solitario si aspira a ganar espacios de representación proporcional o alcaldías. Su viabilidad de cara al proceso intermedio dependerá exclusivamente de consolidar bloques o coaliciones con otros partidos de oposición (como el PAN o el PRD), asumiendo un rol secundario en la toma de decisiones.
El exsenador perredista Juan Manuel Fócil confirmó que existen pláticas con el PRI y el PAN para formalizar una coalición opositora de cara a 2027. El PRD opera como partido local tras perder su registro nacional en 2024, por lo que necesita sumar votos desesperadamente.
La propia dirigencia estatal de Morena ha señalado públicamente que tanto el PRI como el PRD están "obligados" a ir coaligados si pretenden evitar su desaparición jurídica definitiva en el estado.
Aunque el PAN mandó a una nueva delegada política a Tabasco, Carolina Beauregard, para estructurar una estrategia propia, históricamente su votación en el estado es muy baja, lo que los empuja a buscar el cobijo de un bloque opositor más grande.
El partido naranja mantiene una postura estricta de competir en solitario. Su estrategia actual no es aliarse con el PRI, sino "canibalizarlo", recibiendo con los brazos abiertos a las figuras de peso que renuncian al tricolor, como Erubiel Alonso y García May para usarlas como sus propios candidatos.
Electoralmente hablando, un bloque opositor (PRI-PAN-PRD) no representa un peso real competitivo, sino una alianza de supervivencia aritmética basada en los catastróficos números que obtuvieron en las elecciones de 2024. Su única meta no es ganar la mayoría de los municipios o diputaciones locales, sino evitar la extinción jurídica.
Si sumamos mecánicamente el resultado de los tres partidos en 2024 (6.8% del PRD + 4.2% del PRI + 1.1% del PAN), el bloque opositor tradicional apenas junta un 12.1% de la votación total. No es competitivo ni una amenaza real para el partido oficial.
El PRI está a solo 1.2 puntos porcentuales de caer por debajo del umbral del 3% requerido para mantener el registro local. El PAN ya no existe formalmente como fuerza real en el estado. Al perder el PRD su registro nacional, su presupuesto local para hacer campaña a ras de suelo en 2027 será mínimo.