Los de abajo

La oposición, en contra de todo y favor de nada


En el debate público, la crítica es indispensable para la democracia y la rendición de cuentas. Sin embargo, cuando esa postura se convierte en un fin en sí mismo y se desliga de la propuesta, pierde su valor transformador y se transforma en un lastre.

Esto es precisamente lo que hoy se observa en Tabasco, donde sectores de la oposición y la cúpula de la Canaco local parecen haber caído en la comodidad de la descalificación sistemática, una postura que Katia Ornelas Gil, secretaria de Turismo y Desarrollo Económico, definió con precisión: "estar en contra de todo y a favor de nada".

El reclamo de la funcionaria hacia la dirigencia de la Cámara Nacional de Comercio no es menor. Acusar a un organismo empresarial de "perder la brújula" y de añorar los viejos esquemas de apoyos a fondo perdido —aquellos que históricamente concentraron la riqueza en unas cuantas manos— pone el dedo en la llaga sobre qué tipo de desarrollo queremos.

La iniciativa privada es el motor del empleo, pero su liderazgo debe ejercerse con responsabilidad social y visión de Estado. Limitarse a la queja ante las cámaras de televisión o grabadoras, en lugar de arrastrar el lápiz para presentar proyectos sólidos y viables en las mesas de diálogo abiertas por el gobierno, desdibuja la representatividad de un sector que debería ser aliado del crecimiento incluyente y no ariete de intereses políticos inconfesables.

Esta resistencia al cambio no es exclusiva del terreno comercial; encuentra su eco más estridente en la arena política a través del tema de la seguridad. Como bien señala la diputada Martha Colorado Jiménez, la oposición ha tomado la legítima preocupación ciudadana por la tranquilidad pública para usarla como una bandera político-electoral.

Esos actores políticos que ahora se desgarran las vestiduras son los mismos que en el pasado reciente callaron como momias o voltearon hacia otro lado mientras los principales cabecillas del grupo criminal “La Barredora” jugaban a su antojo con la paz y la tranquilidad del estado y amasaban fortunas que lavaban en el sector inmobiliario de Yucatán.

Es innegable que la pacificación es un reto complejo y de largo aliento, como el mismo gobernador lo ha reconocido, pero regatear los avances —como la disminución en delitos de alto impacto social como el robo a transeúntes o la contención de dinámicas delictivas cotidianas— resulta mezquino.

UNA HERENCIA DEL PASADO

Quienes hoy critican con fiereza desde la comodidad del escritorio o desde una mesa de café son, en muchos casos, los mismos que en el pasado gobernaron bajo la inacción y la complicidad, entregando un estado estigmatizado a nivel nacional.

Politizar la economía y la seguridad sin el sustento de los datos duros no solo desgasta al gobierno en turno, sino que, en palabras de Ornelas Gil, "se llevan al estado entre las patas".

Sin embargo y a fuerza de ser realistas, afortunadamente estigmatizar a Tabasco, como lo hacen la oposición y la dirigencia de la Canaco, que de todo y por nada se quejan, más como una estrategia política que un justo reclamo, no ha ahuyentado las inversiones, ni ha frenado el turismo ni dinamitado los esfuerzos colectivos por diversificar la economía local y reducir las brechas de desigualdad.

Tabasco requiere una oposición y un sector empresarial fuertes, críticos y vigilantes, pero, sobre todo, propositivos, no representantes convertidos en plañideras de la política.

La confrontación estéril y la nostalgia por los privilegios del pasado no generan un solo empleo ni detienen a un solo delincuente.

Es momento de abandonar el discurso del "no" automático y transitar hacia una cultura del "cómo sí", donde el bienestar de los tabasqueños esté por encima de cualquier agenda de grupo o partido. Eso es muy pedir a actores políticos mezquinos y ambiciosos.

¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más