Los de abajo
Un partido que no debe equivocarse hacia 2027
*El Consejo Estatal de Morena: La aduana donde se define el futuro de Tabasco
La política en Tabasco atravesará un momento de alta tensión donde la aparente unidad de Morena penderá de un hilo, se pondrá a prueba con la renovación de su dirigencia estatal. Detrás de las declaraciones institucionales y el discurso oficial de fraternidad, se gesta una batalla de pronóstico reservado.
El inminente Consejo Estatal extraordinario —programado para finales de julio o principios de agosto tras la salida anunciada de Jesús Selván García— no será una simple renovación de rutina.
Será el escenario de un choque frontal entre dos visiones políticas, contrarias entre sí, que buscan definir el rumbo del estado: el que desea la verdadera transformación del estado y el que ve a Tabasco como botín político.
Por un lado, el grupo político del actual gobernador, Javier May Rodríguez, intenta consolidar su hegemonía y dar rumbo al proyecto de gobierno actual que se ha desmarcado totalmente de su sucesor y antagonista.
Por el otro, la facción que lidera el exgobernador y actual senador, Adán Augusto López Hernández, mueve sus piezas con una consigna clara: resistir, avanzar y recuperar los espacios perdidos.
Esta disputa no responde a una sana competencia democrática ni a una simple revancha política; tiene tintes de venganza. El grupo de Adán Augusto llega herido a este proceso tras perder posiciones y el liderazgo en la entidad.
La herida más profunda y reciente es la captura de su principal brazo derecho, Hernán Bermúdez Requena. La caída del exmando policiaco no solo representó un golpe político, sino el desmantelamiento de una estructura de control sobre los negocios ilícitos atribuidos al grupo criminal "La Barredora", actividades que operaban en la entidad presuntamente a espaldas del propio López Hernández.
Para el adancismo, recuperar la dirigencia estatal de Morena es un asunto de supervivencia y control de daños.
UNA DECISIÓN DE PESO, NO DE PESOS
Quien se quede con el partido no solo controlará el aparato operativo en la cuna del movimiento, sino que tendrá la posibilidad de influir en las candidaturas locales y federales de los próximos procesos electorales, pese a que estas se van a definir mediante el método de las encuestas.
Adán Augusto López Hernández conoce bien las reglas del juego y lleva tiempo torpedeando la administración de Javier May. Lo hace desde la periferia y a través de alfiles estratégicamente colocados en otras fuerzas políticas.
Ejemplos de esta estrategia de desgaste abundan: desde el cobijo a Karla Rabelo en Movimiento Ciudadano, pasando por la operatividad de Evaristo Hernández Cruz, hasta el uso faccioso del Partido del Trabajo (PT) para descarrilar a los candidatos de May en bastiones como Tenosique y Jalapa durante el proceso de 2024.
Mientras la cúpula formal del partido intenta matizar las aguas —con Jesús Selván asegurando que en Morena Tabasco "no hay mandatos personales" y anunciando asambleas informativas—, la realidad en el Consejo Estatal pinta un panorama muy distinto.
En el máximo órgano de dirección partidista, donde el adancismo aún conserva una mayoría matemática, se convertirá en una aduana implacable.
Lo que suceda en las próximas semanas determinará si Morena en Tabasco camina hacia una institucionalidad real que respalde al gobierno en turno, o si se encamina a una guerra civil interna de baja intensidad que terminará por minar las bases del movimiento en su propio feudo. Ese es el riesgo que se corre por la ambición desmedida de los adancistas que claman venganza.