Los de abajo
Audelino Macario, la farsa del perseguido
La Fiscalía General del Estado de Tabasco desmontó la farsa armada por Audelino Macario Rodríguez para victimizarse y casi declararse perseguido político del gobierno de Javier May Rodríguez, debido a la sistemática campaña negativa en contra de su administración disfrazada de crítica periodística.
A este operador periodístico de Adán Augusto López Hernández se le debe formular la misma pregunta que Elba Esther Gordillo lanzó para evidenciar a Roberto Madrazo en sus aspiraciones presidenciales: ¿Tú le crees a Audelino? Yo tampoco.
Después de “denunciar” en una estación de radio —que lastimosamente ha dejado de ser la voz del pueblo por su entreguismo al grupo de Adán Augusto— la supuesta estructura política que armó la secretaria de Educación, Patricia Iparrea Sánchez, en el IFORTAB para cristalizar sus aspiraciones políticas con miras al 2027, salió con el cuento de que la FGE prepara una acusación en su contra solo por darle voz a la “denuncia” de un ciudadano relacionada con una gasera.
Es la misma estrategia seguida por Lorena Beaurregard: después de la exhibida que le dio el gobernador Javier May Rodríguez con los negocios de alcohol que supuestamente tiene en Macuspana, enseguida corrió a la fiscalía a presentar una denuncia penal porque sus dichos “afectaban” su impoluta imagen.
Aquí no hubo tal señalamiento de alguna autoridad hacia este periodista, a quien Jaime Avilés bautizó como “Fraudelino”, precisamente por ser un fraude. Aquí él alega falsamente que es una represalia por decir la “verdad”.
Según Audelino Macario, la FGET prepara una denuncia penal por el supuesto delito de extorsión y para ello “fabrica” pruebas para incriminarlo. Si fue capaz de elaborar una edición apócrifa de La Verdad del Sureste porque ya se había vendido al gobierno de Manuel Gurría Ordóñez cuando era director —con quien consultaba la línea editorial del periódico antes de que lo corrieran por desleal y deshonesto—, con mayor razón puede mentir para hacer creer que es perseguido por ejercer su “libertad de expresión”.
La FGET difundió un comunicado en el que precisa que no ha recibido “ninguna denuncia relacionada con los hechos que él (Audelino Macario) manifiesta”, pero aclara que, como “institución encargada de procurar justicia”, está obligada a “recibir todas las denuncias y dar el seguimiento correspondiente hasta su legal conclusión”.
Es evidente que se quiere crear un clima artificial de persecución y represión política en contra de supuestos “opositores” y exhibir al gobernador Javier May como intolerante, pero esa campaña es tan burda que se cae por su propio peso.
Parece que a Audelino ya no le funcionan esas estrategias.
Como era de esperarse, la oposición salió en su defensa para denunciar que el gobierno de Javier May persigue a opositores y periodistas que “valientemente” denuncian supuestas irregularidades.
El PRI no vaciló en declarar al periodista de marras como perseguido político, lo cual constituye “una grave amenaza para la libertad de expresión”. Hay que recordarle a Miguel Barrueta Cambrano que el periodista al que defienden es el mismo que ofreció sus servicios a Roberto Madrazo para contribuir, desde su posición, a la caída de Salvador Neme Castillo, de quien su padre, Hernán Barrueta, era secretario particular.
Lo defienden, por supuesto, por los múltiples servicios que le hizo al PRI cuando estaba en la cúspide del poder y ese partido era el todopoderoso. Le hizo trabajo de cañería a los gobiernos de Gurría, Madrazo, Andrade y Andrés Granier Melo.
En ese tiempo como ahora, el principal blanco de sus ataques era Javier May Rodríguez, solo que ahora lo hace para el grupo político de Adán Augusto López Hernández. No hay ninguna persecución política ni ataques a la libertad de expresión.
En Tabasco no hay persecución. Actores políticos y columnistas han tenido la libertad de criticar, cuestionar y hasta calumniar al gobernador sin ser molestados. En los grupos de WhatsApp abundan los insultos y el ninguneo sin que nadie sea amenazado o reconvenido.
Muchos han rebasado los límites de la ética periodística y ninguno tiene una causa penal fabricada.
Lo de Audelino es una patraña.
El modus operandi, según Mayans
Para mayor claridad, vale la pena revisar el libro “Antimemorias. Testimonio de una época”, escrito por Humberto Mayans, uno de los jefes del propio Audelino.
En la página 237, Mayans desnuda textualmente cómo operaba el comunicador en los tiempos del madracismo:
“El gobernador Gurría y su sobrino Roberto, iniciaron una “guerra de desprestigio” en medios de comunicación en mi contra, muy fuerte y permanente, consistente en hacerme ver ante los priistas y la opinión pública como un político elitista quien, al darle la mano a un campesino o a un ciudadano de una colonia popular, corría a lavarse las manos y limpiarse con gel, bautizándome con el sobrenombre de ´El Marqués´, subrayando de esta manera mi supuesto origen ´aristocrático´ como dirigente del partido.
“Toda la estrategia estaba muy bien diseñada y con alto grado de perversidad, alentando a periodistas y a comentaristas de la radio y la televisión, que replicaron noche y día los contenidos que elaboraron expertos. Lo que no evaluaron, o bien, no les importaba, era el hecho de que, al denostar al presidente del Comité Directivo Estatal, le pegaban también al partido. Al principio la jugada era perfecta, pues utilizaban para impulsar esa campaña en los medios el periódico fundado por AMLO, La Verdad del Sureste. La mayoría de la clase política pensaba que era la oposición y su periódico los que me golpeaban; pero poco a poco fue quedando claro que los directivos del diario -Audelino Macario y José Chablé-, hoy mis amigos, habían sido cooptados por el director de comunicación social del gobierno estatal, Jorge Alberto Javier Quero, gurriista de toda la vida, y que había diseñado, junto con Florizel Medina y el propio Madrazo, toda la campaña de denostación”.
A confesión de parte, relevo de pruebas. La historia es cíclica. Lo que Mayans denunció en su libro es exactamente lo que hoy él y Adán Augusto ejecutan contra Javier May, usando al mismo instrumento periodístico de los años noventa. El "golpeador" sigue siendo el mismo; solo cambiaron los jefes.