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La Verdad del Sureste

Los de abajo

El PRD, entre la difamación y el riesgo de extinción


Los de abajo

La más reciente encuesta de opinión pública de la firma Enkoll, elaborada para El Universal, ha dejado al descubierto una cruda realidad para la oposición política en Tabasco. Al medir la afinidad y las preferencias partidistas en el estado, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se desplomó hasta el último lugar, registrando apenas un 1% de identificación entre los ciudadanos tabasqueños.
 

Este mínimo histórico contrasta drásticamente con el 43% de afinidad que mantiene Morena y, sobre todo, con la sólida aprobación ciudadana del 68% otorgada a la gestión del gobernador Javier May Rodríguez.
 

La distancia abismal entre la cúpula perredista y el sentir popular evidencia que el discurso de confrontación sistemática ha dejado de conectar con las necesidades reales de la población.
 

El núcleo del problema radica en la estrategia adoptada por la dirigencia y los voceros del PRD en Tabasco. En lugar de estructurar una plataforma política propositiva o de fungir como una oposición constructiva, su dirigente, Rafael Acosta León, se ha volcado en una agenda centrada en la descalificación, el señalamiento infundado y la difamación diaria hacia el gobierno estatal.
 

Los resultados de Enkoll demuestran que esta narrativa fundamentada en el encono no está permeando en la sociedad.
 

Mientras los detractores insisten en desgastar la figura del mandatario, la ciudadanía parece valorar más las acciones gubernamentales tangibles, como los programas sociales y de vivienda, que registran altos niveles de opinión positiva en la misma muestra demoscópica. Al encasillarse en el ataque estéril, el PRD solo ha conseguido aislarse aún más del pulso de la calle.
 

UNA BRUSCA CAÍDA
 

Con un residual 1% de simpatía en la entidad que alguna vez fue su principal bastión electoral, las alarmas deberían estar encendidas de cara al próximo proceso electoral de 2027. De mantener la misma inercia, el partido se enfrenta a la posibilidad real y matemática de perder el registro legal en el estado, repitiendo el escenario de disolución que ya experimentó a nivel nacional.
 

Para evitar su extinción definitiva, el perredismo tabasqueño está obligado a replantear su rumbo de manera urgente. Dejar de lado las campañas de desprestigio que la ciudadanía ya identifica y rechaza por su evidente tinte político.
 

Volver a escuchar las demandas sociales en las comunidades en lugar de limitarse a la confrontación mediática. Oxigenar sus cuadros para desprenderse de las viejas inercias que minaron la confianza del electorado.
 

Se antoja difícil que haya ese replanteamiento dada la beligerancia intransigente de sus dirigentes, empezando por Acosta León. Le apuestan al discurso del odio como único instrumento para captar simpatizantes pese a que los números les están indicando lo fallida que ha sido esa estrategia de confrontación. Eso explica de alguna manera su perorata de que se está preparando una elección de estado con la que, se nota, buscan justificar su escasa o nula aceptación ciudadana.
 

El veredicto de los números es implacable. Si el PRD insiste en priorizar el rencor político por encima de la construcción de propuestas reales para Tabasco, el futuro de sus siglas quedará confinado a la irrelevancia y, eventualmente, al olvido definitivo en las urnas.

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