Los de abajo
El diferendo entre el TET y el OSFE: cuentas claras, instituciones fuertes
El escenario político y administrativo de Tabasco experimenta un choque de trenes de alta densidad institucional.
El diferendo entre el Tribunal Electoral de Tabasco (TET), presidido por Oswald Lara Borges, y el Órgano Superior de Fiscalización del Estado (OSFE), bajo la tutela de Juan José Peralta Fócil, a raíz de observaciones por más de 19 millones de pesos a la cuenta pública 2025 del órgano jurisdiccional, ha trascendido las fronteras de los tecnicismos contables para instalarse en el siempre sinuoso terreno de la confrontación pública.
Calificar las observaciones de acciones dolosas y despropósitos técnicos, como lo hizo la dirigencia del TET, y recibir por respuesta un aval incondicional al cuerpo de auditores por parte del fiscal superior, perfila un escenario de dimes y diretes que tensa la relación entre dos pilares de la legalidad local.
Sin embargo, detrás del ruido mediático, subyace una pregunta fundamental: ¿este conflicto beneficia o perjudica a la transparencia?
A primera vista, la estridencia y las descalificaciones mutuas amenazan con desgastar la credibilidad de ambas instituciones, haciendo parecer el proceso técnico de fiscalización como una disputa de vencidas políticas.
Sin embargo, en el fondo, la confrontación abierta puede dinamizar la rendición de cuentas. Cuando los entes fiscalizados se ven obligados a defender públicamente su probidad y a remitir masivamente documentación comprobatoria en tiempo y forma, y cuando el ente fiscalizador sostiene con firmeza técnica sus conclusiones, la simulación pierde terreno.
UNA PRUEBA DE FUEGO
El conflicto bien canalizado a través de los cauces legales obliga a ambas partes al rigor absoluto: al OSFE a no equivocarse en sus pliegos de cargos y al TET a no dejar un solo peso sin comprobar.
La actual dinámica de fiscalización introduce un matiz de diferencia respecto a épocas anteriores en el estado. En los anales de la política tabasqueña abundan los antecedentes de cuentas públicas municipales y estatales que se negociaban a trasmano en los oscuros pasillos del OSFE o del Congreso o directamente en los despachos de auditoría, caracterizándose por el tradicional maquillaje que sepultaba desfalcos evidentes a cambio de prebendas y arreglos cupulares.
El actual OSFE intenta proyectar una fisionomía distinta. Al sostener auditorías rigurosas frente a órganos autónomos de gran peso como el TET, y al ventilar públicamente observaciones a dependencias de administraciones previas que superan los mil millones de pesos, el órgano técnico busca marcar una sana distancia de la vieja práctica del encubrimiento pactado.
La resistencia del fiscal superior a recular ante la presión discursiva de un tribunal sugiere un esfuerzo por afianzar la autonomía técnica del brazo fiscalizador del Poder Legislativo.
No obstante, el verdadero veredicto sobre esta evolución institucional no se dictará en las ruedas de prensa ni en el cruce de comunicados.
La prueba de fuego para este nuevo modelo radicará en que las controversias se resuelvan con estricto apego al marco normativo, demostrando que el OSFE actúa con imparcialidad técnica sin consignas políticas, y que el TET posee la solidez administrativa indispensable para disipar cualquier sombra de duda sobre el ejercicio de sus recursos públicos.
Tabasco ya no tolera el maquillaje del pasado; pero tampoco requiere de la pirotecnia estéril, sino de la contundencia de las pruebas y de la vigencia plena del Estado de derecho.