El motín en el Centro de Reinserción Social de Tabasco (CREST) acaparó la atención de los medios durante varios días por el caos que se generó en torno a este hecho, dentro y fuera de la penitenciaria.
Este hecho opacó otros asuntos informativos que debieron tener la misma trascendencia porque tiene que ver con la honestidad, la transparencia y la rendición de cuentas en la función pública.
Se trata del decálogo elaborado por la dirigencia nacional de Morena para que lo suscriban los miembros de ese partido que ocupan cargos de elección popular o trabajan en la administración pública.
Ese documento, iniciativa de la actual presidenta del partido gobernante, Luisa María Alcalde Luján, están obligados a firmarlo todas “las autoridades emanadas” de ese instituto político, con el compromiso de “regir sus conductas bajo 10 principios fundamentales que guiarán su actuar” en el servicio público.
Uno de esos principios es sujetarse a la austeridad republicana, que entre otras cosas, incluye “erradicar privilegios”; rendir cuentas “con absoluta transparencia en el manejo de los recursos públicos”; cero corrupción y no hay espacio para “el nepotismo, amiguismo, influyentismo, sectarismo ni aviadores”.
Además, “el poder se ejerce con humildad. No hay espacio para las banalidades”.
Durante las giras que la lideresa partidista realizó por las 32 entidades del país, planteó a las autoridades surgidas de Morena la firma de este decálogo.
Cuando vino al estado, en el mes de noviembre, no se firmó en ese momento este documento en la asamblea informativa que encabezó Alcalde en un salón rentado para la ocasión. El decálogo está en sintonía con los principios fundamentales de la 4T a los que todo militante, pero sobre todo los que ocupan un cargo público, están obligados a cumplir no como imposición sino por convicción democrática.
Y esos principios son no mentir, no robar y no traicionar al pueblo, que en el terreno de la actuación pública hemos visto que no siempre se cumplen sino que a la primera oportunidad los violentan quienes se comprometieron a ceñirse a ellos.
El decálogo lo firmaron los diputados federales el miércoles pasado. Se tomaron fotos y todos aparecieron sonrientes. En sus manos sostenían el documento. Lo mostraron como si fuera un certificado de buena conducta.
La firma de ese papel que contiene los principios fundamentales no garantiza, de ninguna manera, que por ese simple hecho se cumplirá a cabalidad. Se requiere de convicción y de congruencia.
No basta con estampar la rúbrica sino ser consecuente entre lo que se dice y lo que se hace.
En todos los niveles de gobierno se han dado casos de servidores públicos que le meten mano al presupuesto, se comportan como verdaderos patanes y no tienen ninguna consideración con el pueblo.
Hay ejemplos notables. En tres meses de la presente administración que encabeza Javier May Rodríguez, hay funcionarios que no han estado a la altura de los circunstancias, llegaron con una actitud prepotente hacia el personal a su cargo; otros acompañan al mandatario a las audiencias públicas pero se la pasan tomándose fotos para subirlas a sus redes sociales y presumir que están cumpliendo con su labor cuando en realidad solo van a hacer bulto.
Otros servidores públicos han sido derrochadores, se gastaron una millonada en regalos, pavos y otros obsequios con el pretexto de la temporada navideña haciendo a un lado la austeridad republicana a la que se comprometieron cumplir, situación que causó molestia en el mismo mandatario cuando fue informado al respecto.
Lo mismo pasa con algunos alcaldes que de austeros no tienen nada, actúan como si fueran potentados, que llegaron a servir al pueblo no a servirse para beneficio propio. No siguen el ejemplo impuesto por el gobernador, que trabaja con denuedo y es consecuente con los principios de la 4T.
Es un gobernante que sí ciñe su conducta a lo que establece el decálogo de Morena, la autoridad más comprometida con los que menos tienen y para quien son la prioridad de su gobierno.
En ese espejo se deben mirar todos los que se dicen demócratas, porque no basta con decirlo, sino se debe demostrar en el terreno de los hechos.
