Los crueles estertores del neoliberalismo.
El periodo de transición para que asuma un presidente electo en las urnas, que en México es largo –julio a 1º de Dic- en el caso actual de Andrés Manuel López Obrador, cambió la rutina y no se recarga sobre el presupuesto nacional como era costumbre. Ahora está siendo cubierto por empeños y determinaciones puntuales del presidente electo –el 8 de octubre recibió el reconocimiento de su triunfo por el órgano electoral- decisiones que, por primera vez en décadas, están dando pie a opiniones y críticas de toda índole, aprobatorias las más, otras no, que si bien sacan de quicio a algunos opinantes en las redes, pueden considerarse sanas, en tanto aduzcan criterios a considerar, para que el paso decidido hacia la 4ª transformación de la nación mexicana, oferta por la que masivamente votamos los mexicanos, se de en el mayor de los consensos.
De ese modo, el presidente electo va delineando el cumplimiento puntual de sus ofertas de campaña, construyendo rutas de acción con el acompañamiento de quienes integrarán su gabinete, en todos los quehaceres que competen a un ejecutivo federal, incluso con recomendaciones a los otros dos poderes en cuanto a la austeridad necesaria para contar con mayores recursos que permitan, arribando al poder el 1º de diciembre próximo, arrancar de inmediato acciones.
Ya hay planteamientos precisos para iniciar el rescate de la energía. Así, sin afectar a nadie, se plantean y definen las formas para rehabilitar las seis refinerías existentes y construir otras, a fin de abastecer los requerimientos nacionales, dejando de importar gasolinas. También se revisarán tarifas eléctricas y se insistirá en la producción de electricidad “limpia”.
Las relaciones entre el presidente en funciones y su sucesor, son positivas, hasta ahora. Eso permitirá que se presente al inicio del próximo periodo de sesiones del Congreso de la Unión, una iniciativa de Reforma a la Ley Orgánica del Servicio Público Federal para crear la Secretaria de Seguridad Pública y la integración de la Fiscalía General. Hay también acuerdos Peña-López Obrador para la renegociación del TLCAN, la construcción del polémico nuevo aeropuerto internacional de México y el proyecto de presupuesto para el 2019, entre otros temas.
Hay también propuestas de avance en asuntos muy delicados como: el asomo de crisis económica en el país –recibirá una cartera de 10 mil billones de pesos de deuda-, el incremento de los índices de inseguridad y violencia, revisión profunda de la reforma educativa, apoyos al abandonado sector Salud y buscar -en conjunto gobierno saliente y entrante- que el cierre del sexenio avance en medio de un esfuerzo serio para lograr la estabilidad económica y social y pueda iniciar su gobierno Andrés Manuel López Obrador sin perder el vertiginoso ritmo que trae desde la campaña. El apoyo a los pueblos indígenas –actividad en que participó el hoy presidente, en su juventud- será motivo de atención especial.
El terruño del flamante presidente López Obrador, dejará de estar olvidado. Allí y en parte del sureste mexicano –principalmente como consecuencia de la reciente reforma energética- se padece desempleo creciente, inseguridad, hambre, corrupción galopante, servicios de salud y educación a la baja; por ende, incremento del éxodo al otro lado de la frontera norte.
Además de que emigrarán hacia allá diversas dependencias vinculadas a la Energía y la Secretaría del Medio Ambiente, se formaliza la construcción del Tren Maya, que correrá por 1,500 kilómetros de vía que tocará e impulsará el bienestar de pobladores de Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Tabasco y Chiapas, convirtiéndose en detonador del desarrollo sustentable en esa importante zona del país en que existen diversos pueblos originarios, descendientes de maravillosas culturas como la Maya y Olmeca.
En tanto, en la Región Latinoamericana y Caribeña avanzan los impulsos desesperados y por ahora exitosos, de la derecha en su afán de desbancar a los líderes y desmantelar a los gobiernos progresistas y sus logros, siempre con el beneplácito de autoridades del imperio. Mientras la “luna de miel política” se mantiene entre Trump y López Obrador, por el centro y sur del continente se acentúan los descalabros de líderes progresistas, ya por errores graves de actuación como por presiones de toda índole que sufren cotidianamente.
Venezuela, por ejemplo, tras el intento de “magnicidio en grado de frustración”, el presidente Maduro actúa con mano dura contra quienes se considera actores del atentado, acusando al gobierno de Colombia de orquestarlo, de urdir su muerte. Una fuente con acceso a cuarteles militares, -donde se deciden o avalan parte de las acciones de gobierno de Venezuela, afirmó a SEMANA que el atentado a Nicolás Maduro realmente se produjo. “Allí no hubo ‘show’ ni lo planeó el gobierno. La expresión de Cilia (Flores, la 1ª dama) lo dice todo, demuestra miedo y sorpresa”.
Con mayor énfasis se expresó Maduro: “Hay pruebas suficientes de la participación del gobierno de Colombia, de Santos”, involucrándole en el atentado con drones cargados de explosivos que denuncia. Los cuerpos de seguridad –afirma- “han capturado a todos los autores materiales y vamos sobre los autores intelectuales. Es clara y hay pruebas suficientes de la participación del gobierno de Colombia, saliente, de Juan Manuel Santos” –ajustando aún la entrega del poder a su sucesor- dijo Maduro en un video que difundió en Twitter.
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