Saltar al contenido principal
La Verdad del Sureste

Los crueles estertores del neoliberalismo


Segunda y última parte


Por otro lado, Maduro abre puertas al FBI para indagar el atentado del 4 de agosto en su contra, en tanto el Grupo de Lima se pronuncia sobre el “presunto” atentado a Maduro, pidiendo que no se manipulen los hechos y se investigue con transparencia, en especial la detención del diputado Juan Requesens, arrestado luego que el gobierno iniciara la investigación. El fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, anunció este martes que el número de implicados en el atentado contra el presidente Nicolás Maduro, creció a 34 y no descarta que esta cifra pueda aumentar.
    Ello no detiene el proceso económico y social venezolano. Maduro anuncia acciones contra la llamada guerra económica: nuevo cono monetario, racionamiento de combustible, anclaje del bolívar –con cinco ceros menos- y salarios al valor del petro. ¿Cuáles son las expectativas de éxito y posibles efectos? Hay diversas apreciaciones, pero el fondo de estas es la observación para ver que ocurre con estas decisiones inéditas, que se atan más a la explotación petrolera. Mientras en Paraguay asume Mario Abdo Benitez del tradicional Partido Colorado –evento al que se declaró persona non grata al presidente de Venezuela y que contó con mandatarios y representaciones de países de la Región- en Brasil Luiz Inácio Lula da Silva escribe sobre su proceso, en la prisión, en espera de los resolutivos acerca de su proceso penal que está entrampado. Recuerda que en el 2002 se enfrentaba a sus cuartas elecciones presidenciales como candidato. En 1989 había estado muy cerca de ganar; pero en las dos siguientes había sido derrotado en la primera vuelta.
    Esta “travesía del desierto” provocó un cambio en el líder progresista. Del lenguaje exaltado de sus primeras campañas, con diatribas a “fuego y azufre” contra el sistema político, la plutocracia brasileña y los medios de comunicación, fue cincelándose un candidato consciente de que, si quería ganar, debería convencer a las clases medias urbanas, reconciliarse con la prensa y tranquilizar a los empresarios, ante el riesgo de un vuelco en la política económica. En 2002, Lula se presentó con una campaña profesional: candidato en traje oscuro, lenguaje conciliador y sin ataques a sus rivales (“Lulita Paz y Amor”, como él dijo un día de forma memorable) y un mensaje mucho más moderado. Con ese mensaje ganó las elecciones de 2002, y con él, y un programa de gobierno moderado (vivió un Congreso en el que nunca tuvo mayoría), se llevó las elecciones de 2006 y logró la elección de su candidata, Dilma Rousseff, en 2010.
    El caso Lava Jato cambió al ex presidente. “No puedo ser radical otra vez”, señaló en un mitin, antes de entrar a prisión. “Pero tampoco puedo volver a ser Lulita Paz y Amor. He dado un montón de amor y solo me he llevado hostias”. En los últimos meses, el ex presidente parece haber decidido que todos los esfuerzos para conciliarse con sus rivales políticos y con las clases medias y acomodadas del gran país sudamericano, han sido en balde. Su única opción es volver a ser su enemigo irreconciliable. Amarrada a su indiscutible popularidad, está seduciendo al resto de la izquierda brasileña, hacia ese radicalismo.
    Su reacción proviene –entre otros asuntos- de que numerosos socios durante su Gobierno, no tuvieron decoro en darle la espalda para después atacarlo durante y después de las protestas de 2013, votando a favor de la destitución de Rousseff. Las investigaciones de Lava Jato trazan un compendio de corrupción estructural en la empresa petrolera nacional, basado en la relación simbiótica entre Petrobrás y las grandes constructoras brasileñas. Insensato pensar que un sistema de corrupción así, estuviese encadenado solo a un par de los más de 20 partidos políticos existentes. Empero es el PT de Lula el que recibe la mayor parte de las condenas.
    Se afirma que el ex presidente está construyendo el relato de su martirio en prisión en aras del pueblo brasileño. Se piensa que tal vez el tiempo hizo olvidar al ex presidente que el Lula exaltado y revolucionario despertaba tanta hostilidad como admiración. Cuando moderó su discurso logró el poder, y con él, las herramientas para arribar a la proeza de sacar a millones de brasileños de la pobreza. A punto de cumplir 73 años, Luiz Inácio Lula da Silva está decidiendo cómo quiere ser recordado. Ya tiene un legado memorable. ¿Se quedará allí o insistirá en nuevas acciones políticas?. Seguramente su vitalidad y el proceso judicial en que lo encausaron, tendrán mano en sus decisiones.
Correo electrónico: [email protected]   

 

¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más