LOS “ENANOS DEL TAPANCO” I
Cierto mediodía, cuando me desempeñaba como Coordinador General de Control de Gestión de la Secretaría de Gobernación del gobierno federal (los Subsecretarios y Directores Generales de ese entonces en la Secretaría decían que yo era el CoGe CoGe de la Secretaría, por el vocablo de las abreviaciones que salían del nombre de la Coordinación), me encontré en los pasillos de Bucareli 99 con el reputado columnista José Luis Mejías que escribía su columna “Los Intocables” en las páginas editoriales del Excélsior.
Ese mediodía le note un poco contrariado y le vi apresurado por lo que le pregunté: “Señor Mejías, a dónde va con tanta premura? Mejías con un gesto entre molestia –como cuando alguien le había reclamado algo a uno- y prisa, contestó: “Al periódico a leer y ver lo que escribí hoy”. Y se despidió, enfilando rumbo a la redacción del Excélsior (ubicada aun hoy en Bucareli). Junto con Buendía, Mejías era uno de los 3 columnistas más leídos e influyentes del país en esas fechas.
Entendí que hay ocasiones en que uno es el texto que el autor escribe y el sentido en que lo escribe, y otro es el texto que el redactor o editor publica y el sentido que el que “hace” el periódico le da al texto del autor. O sea, la fidelidad de lo escrito, expresado o acordado por el autor –llámese columnista, articulista, autor, funcionario, diputado, o gobernador o presidente-, es traicionada por quien “hace”, manufactura, edita o elabora el medio en donde se difunde lo dicho, escrito o acordado por el autor originario. No sólo en los periódicos particulares, sino también en los oficiales existen “enanos del tapanco”. Se justifica así que, la Suprema Corte de Justicia de la Nación tenga su propio medio oficial de difusión y publicación legal: el Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta. El Poder Judicial de la Federación no depende, así, de lo que el Ejecutivo desee o quiera publicar en el Diario Oficial de la Federación (área dependiente directamente del Ejecutivo).
Hablar de “los enanos del tapanco” es equivalente a hablar de “los sicarios en la redacción” de un periódico, revista, sitio web o editora; su vergonzante labor se denota, ya sea en la prensa, las casas editoras, o en las páginas web particulares, u oficiales: una cosa es lo que se dijo, se afirmó, se escribió o se aprobó o se acordó y otra, muy diferente, es lo que, “el sicario en la redacción” imprime o escribe. Y no crea que sólo sucede en periódicos particulares o revistas privadas. Sucede con frecuencia en los Diarios y Periódicos Oficiales.
El daño que hacen los “sicarios en la redacción” a los acuerdos y decisiones que se toman oficialmente es de mucha mayor envergadura que el daño que hace un “sicario de la redacción” de un medio impreso o digital privado o particular. En el caso del medio particular basta con una “aclaración” –no sin antes pasar por el engorroso trámite de corrección ante la autoridad competente-.
Pero el daño que hace, a una decisión oficial, la acción perversa de un “sicario en la redacción” en un Diario Oficial o Periódico Oficial es de consecuencias mayúsculas y amerita severo castigo, ya que no es admisible ni legal el que, por ejemplo, el Titular del Poder Ejecutivo determine o acuerde que se destine o dote, digamos, en el Presupuesto de Egresos la aplicación de 70 millones para el Hospital General de Comalcalco y el “sicario de la redacción” imprima en el medio oficial que tales 70 millones son para el Hospital General de Zumpango.
Decenas de casos así han sucedido y se han documentado en el Congreso General, donde los Diputados Federales, en uso de su exclusiva facultad de reorientar y aprobar el Presupuesto Federal, acuerdan, votan y determinan destinar cierta cantidad para algúna obra o rubro específico en determinado lugar y, el que imprime el Diario Oficial le cambia la redacción y el destino a tal cantidad y “aprueba” la obra en lugar distinto al que los Diputados Federales acordaron, decidieron y votaron. Resulta que aquel “enano del tapanco” o “sicario en la redacción” se convierte en un Diputado Federal 501 y se pasa por su apestoso “arco del triunfo” la decisión soberana de uno de los poderes de la Unión.
También abundan “enanos del tapanco” o “sicarios en la redacción” al interior de la estructura de gobierno; por ejemplo, en las comisiones del Poder Legislativo. Los diputados discuten, aprueban y votan cierto asunto y redactan el Decreto o Ley a promulgar y en la Comisión encargada de elaborar el texto final que se da para publicar, el “enano del tapanco” o “sicario en la redacción” escribe lo que su antojo quiere, lo que interesa a sus intereses o lo que su amo le ordena. Son muy dañinos y consecuentarles en sus cargos es, realmente, sabotearse o autosabotearse.