VILLAHERMOSA, TABASCO, 3 DE OCTUBRE DE 2011/ Las cabezas visibles de los cinco sexenios neoliberales que ha padecido México desmantelaron el sector energético del Estado, y los beneficios de esta área estratégica paulatinamente han sido trasladados al capital privado.
Lo que la Constitución garantiza ha sido entregado a intereses particulares por esa quinteta de gerentes de Los Pinos. A estas alturas, las dos paraestatales más relevantes del país sirven a cualquier tipo de interés, menos al que, por ley, están obligadas a garantizar, es decir, el de los mexicanos.
En la última década, la panista, exportó más crudo a Estados Unidos que el consumido por el país, agotando prematuramente a Cantarell y desperdiciando la oportunidad de desarrollar la industria petroquímica nacional.
En esa década, el gobierno federal sustrajo cinco billones de pesos de los ocho que obtuvo Pemex por ventas, y sólo le dejó para mal operar la empresa. Contrató deuda a 20 años por 1.3 billones de pesos para atender las inversiones requeridas PARA INCREMENTAR LA EXTRACCIÓN DE CRUDO DIRIGIDO AL MERCADO ESTADUNIDENSE.
Importó petrolíferos por 22 mil millones de dólares, monto suficiente para construir dos refinerías de alta tecnología, dejar de importar gasolinas, activar la economía interna, aumentar el empleo y elevar la captación de impuestos.
La llamada reforma energética de 2008 permite el acceso de las trasnacionales en la explotación de los hidrocarburos y la apropiación de la renta petrolera.
EL SECTOR ELÉCTRICO TAMPOCO SE HA ADMINISTRADO PARA BENEFICIO NACIONAL. Se compra electricidad cara a las empresas extranjeras. La CFE ha establecido contratos a largo plazo con empresas trasnacionales para comprar gas natural licuado a precios internacionales y no ha aprovechado la opción de adquirir directamente este energético.
La expansión del sistema de transmisión y distribución beneficia a grandes empresas trasnacionales que financian con tasas de descuento en dólares al 10 por ciento anual; desaparecieron cientos de empresas mexicanas medianas en contratos de obra pequeños, ante la embestida de grandes consorcios de construcción.
Asociado a lo anterior, se creó un mercado de electricidad paralelo al de CFE con una venta disfrazada de las empresas extranjeras, que conjuntamente con su asociado se apropian de los remanentes de la paraestatal, perjudicando a todos los demás usuarios que ven incrementadas sus tarifas.
La exportación de electricidad a Estados Unidos, que debiera atender CFE para beneficio de México, es una rentable concesión otorgada a los inversionistas extranjeros. El potencial de producción de electricidad eólica es de 12 mil megavatios y la Comisión podría generar a la mitad del costo respecto de utilizar combustóleo; pero el gobierno decidió conceder a las trasnacionales este negocio y ya tienen autorizados para 2015 más de 2 mil megavatios eólicos.
El caso energético no es el único, pero sirve para ejemplificar hasta dónde ha llegado el saqueo, algo que, por lo demás, nunca aparece registrado en los idílicos informes de gobierno.
Lo que la Constitución garantiza ha sido entregado a intereses particulares por esa quinteta de gerentes de Los Pinos. A estas alturas, las dos paraestatales más relevantes del país sirven a cualquier tipo de interés, menos al que, por ley, están obligadas a garantizar, es decir, el de los mexicanos.
En la última década, la panista, exportó más crudo a Estados Unidos que el consumido por el país, agotando prematuramente a Cantarell y desperdiciando la oportunidad de desarrollar la industria petroquímica nacional.
En esa década, el gobierno federal sustrajo cinco billones de pesos de los ocho que obtuvo Pemex por ventas, y sólo le dejó para mal operar la empresa. Contrató deuda a 20 años por 1.3 billones de pesos para atender las inversiones requeridas PARA INCREMENTAR LA EXTRACCIÓN DE CRUDO DIRIGIDO AL MERCADO ESTADUNIDENSE.
Importó petrolíferos por 22 mil millones de dólares, monto suficiente para construir dos refinerías de alta tecnología, dejar de importar gasolinas, activar la economía interna, aumentar el empleo y elevar la captación de impuestos.
La llamada reforma energética de 2008 permite el acceso de las trasnacionales en la explotación de los hidrocarburos y la apropiación de la renta petrolera.
EL SECTOR ELÉCTRICO TAMPOCO SE HA ADMINISTRADO PARA BENEFICIO NACIONAL. Se compra electricidad cara a las empresas extranjeras. La CFE ha establecido contratos a largo plazo con empresas trasnacionales para comprar gas natural licuado a precios internacionales y no ha aprovechado la opción de adquirir directamente este energético.
La expansión del sistema de transmisión y distribución beneficia a grandes empresas trasnacionales que financian con tasas de descuento en dólares al 10 por ciento anual; desaparecieron cientos de empresas mexicanas medianas en contratos de obra pequeños, ante la embestida de grandes consorcios de construcción.
Asociado a lo anterior, se creó un mercado de electricidad paralelo al de CFE con una venta disfrazada de las empresas extranjeras, que conjuntamente con su asociado se apropian de los remanentes de la paraestatal, perjudicando a todos los demás usuarios que ven incrementadas sus tarifas.
La exportación de electricidad a Estados Unidos, que debiera atender CFE para beneficio de México, es una rentable concesión otorgada a los inversionistas extranjeros. El potencial de producción de electricidad eólica es de 12 mil megavatios y la Comisión podría generar a la mitad del costo respecto de utilizar combustóleo; pero el gobierno decidió conceder a las trasnacionales este negocio y ya tienen autorizados para 2015 más de 2 mil megavatios eólicos.
El caso energético no es el único, pero sirve para ejemplificar hasta dónde ha llegado el saqueo, algo que, por lo demás, nunca aparece registrado en los idílicos informes de gobierno.