Los zapateatristas
Hace 25 años, el primero de enero de 1994, el gobierno de Carlos Salinas entró en shock porque no entendía cómo la modernidad ofrecida por el neoliberalismo era rechazada por un grupo de insurrectos del estado de Chiapas. “Indios mugrosos” los llamaban los “coletos” de San Cristóbal de las Casas que defendían su posición de clase en el estado más desigual de todos.
Si el Tratado de Libre Comercio era la oferta de entrar al paraíso de la fantasía, el movimiento zapatista era el despertar del sueño, o el inicio de la pesadilla, como ustedes lo quieran ver. Aparte de San Cristóbal, Ocosingo, Las Margaritas y Altamirano fueron los escenarios donde discurrieron los primeros enfrentamientos entre bandos tan desiguales como todo en ese estado.
En una atrevida y sorpresiva acción, el ex gobernador chiapaneco Absalón Castellanos se convirtió en un simbólico “prisionero de guerra”, lo que apresuró a Carlos Salinas a decretar el 12 de enero un cese unilateral del fuego y entrar en un proceso de negociación con los alzados. La presión de la sociedad, manifestada en las calles de diversas ciudades del país, ayudó en este proceso. Cuatro días después eran liberados los presos de ambas partes.
Entre la última semana de febrero y los primeros días de marzo inician los diálogos en la catedral de San Cristóbal entre las partes beligerantes, término que el gobierno se niega a usar respecto de los rebeldes. La delegación zapatista lleva a consulta de las comunidades los compromisos que derivaron de esta fase de los diálogos. El asesinato de Colosio, ocurrido en marzo, enrarece el ambiente y se suspende provisionalmente la consulta a las comunidades.
Como “mandar obedeciendo” es la divisa de los alzados y las consultas dan como resultado la negativa de las comunidades a las propuestas gubernamentales, en junio se oficializa el rechazo a las mismas y se convoca a organizaciones cívicas, sociales y políticas a la Convención Nacional Democrática, a celebrarse en la selva lacandona del 6 al 9 de agosto.
Casi seis mil personas nos hicimos presentes en la comunidad de Guadalupe Tepeyac, lugar escogido por los zapatistas para dicho primer encuentro en el que lo mismo había reconocidos actores políticos de izquierda que gente de la cultura, pero muchos más ciudadanos entusiasmados con lo que ocurría en Chiapas.
El cuerpo de la convocatoria destacaba los propósitos de la Convención: exigencia de elecciones limpias y democráticas, “y la defensa de la voluntad popular”, ya que representa “el esfuerzo de la sociedad en contra del partido de Estado y por el tránsito a la democracia, la libertad y la justicia… como única posibilidad real de una paz con justicia y dignidad”. Muy bien, excelente. ¿Y qué sigue?
Después de algunas escaramuzas con el gobierno, entre agosto y septiembre de 1996 los rebeldes realizaron una consulta “nacional e internacional” para definir el rumbo de su lucha. El resultado mayoritario apoyó la idea de que el EZLN se convirtiera en una fuerza política, lo que se materializa meses después en un frente no partidario, independiente y pacífico. Pero hay un pero.
Muy posiblemente este “frente” constituyó el primer devaneo del Subcomandante Marcos, figura hegemónica de los alzados, dígase lo que se diga en contrario. Si el resultado de la consulta “nacional e internacional” concluyó que los consultados optaron porque el EZLN se convirtiera en una fuerza política, el mandato del millón de votantes fue desobedecido por quienes decían “mandar obedeciendo”.
A partir de entonces comenzó un camino de falacias por parte del líder más visible de los alzados. Por ejemplo, cuando su discurso duro se centraba en el “rompimiento del cerco militar”, la odisea que planteaba se tradujo en la salida de la selva de la Comandanta Ramona con resguardo de la bicameral COCOPA y autorización del Ejecutivo Federal para que viajara a la capital del país.
Posteriormente las palabras de Marcos han caído en contradicciones respecto del “enemigo” al cual le declararon la guerra en 1994: “una dictadura de más de 70 años… que representan a los más grupos más conservadores y vendepatrias”, como los que se opusieron a la expropiación petrolera y masacraron a los estudiantes en 1968.
Los propósitos inmediatos del alzamiento zapatista se cumplieron en 2018, pero el ego de Marcos es aún mayor.