Un Marchesín
@UTufigno
Si para usted, amable lector, el fútbol es una de las diez mil cosas que le parecen poco importantes, sólo déjeme ponerlo al tanto -en pocas líneas- de quién es Agustín Marchesín.
Marchesín es un portero de origen argentino que milita en el fútbol mexicano. Ha jugado en distintos equipos, incluso ha defendido los colores de su país, y para la actual temporada se incorporó al América, equipo del que había dicho que “no juega con el corazón” y, por lo tanto, “nunca jugaría ahí”.
Y puede ser cierto que el equipo de la televisora no “juega con el corazón”, pero sí con la cartera, de tal suerte que Marchesín no pudo rechazar una jugosa oferta, y al momento de escribir esta colaboración es el tercer portero más goleado de la liga mexicana defendiendo al equipo de Coapa.
En los primeros años del gobierno de Salinas la agenda de los derechos humanos en México era un tema en ciernes desde el punto de vista práctico y dogmático. Las inquietudes propias de un recién egresado de la carrera de derecho me llevaron a acercarme al tema y a participar en algunas organizaciones; incluso, fui de los fundadores de una que, posteriormente, destacó por la defensa del caso Radilla.
Poco duró la luna de miel. Al poco tiempo de haberse constituido la organización a la que me referí anteriormente -omitiré su nombre-, descubrí que recibía financiamiento de una agencia del gobierno de los Estados Unidos. No era cualquier agencia (financiaba grupos radicales de Miami, entre otras lindezas) ni era cualquier tiempo: eran los tiempos del “fin de la historia”, del mundo unipolar y del “triunfo del capitalismo”. Así que decidí separarme.
La titular de la organización me dijo que yo debía entender que se requería dinero para la defensa de los derechos humanos. Sí, pero no a cualquier costo. Le repliqué que ese financiamiento no era de “a gratis” y que tarde o temprano habría un cobro de facturas.
Hace varios días circuló la convocatoria para una gran marcha en México como protesta en contra de las demenciales políticas que ha comenzado a operar Donald Trump, el inefable amigo de Luis Videgaray. La marcha es organizada un poco a destiempo si consideramos la “Women’s March”, celebrada el 21 de enero y que congregó, tan solo en Washington, a un millón de participantes y más de cinco millones en diversas partes del planeta.
Nuestra marcha, agrupada en torno a la etiqueta “Vibra México”, contrasta con “Women’s March” no únicamente por la inmediatez, sino también porque ésta se trata de un movimiento continuo que busca realizar distintas acciones durante al menos 100 días (la idea es realizar una acción cada 10 días) y no quedarse en la parálisis de un simple día de campo en Reforma cantando el Himno Nacional.
Por supuesto que hay razones para repudiar las acciones de Donald Trump, pero cuando ciertos sectores -usualmente insensibles a las demandas sociales- llaman a la “unidad nacional”, al menos hay que levantar las cejas.
La manifestación espontánea es aplaudible y es un ejercicio del derecho a la libertad de expresión. Sin embargo, algunos nombres de personajes y organizaciones convocantes le quitan frescura a la marcha. Es el caso de las fundaciones “Mexicanos contra la corrupción” y “Mexicanos primero”, del empresario Claudio X. González, quien no se caracteriza por su identificación con las causas populares.
En el mismo saco caben la Coparmex, la revista Letras Libres (de Héctor Aguilar Camín), “Causa en común” (de María Elena Morera), y no se diga la más oportunista de todas: “Alto al secuestro” (de Isabel Miranda), que siempre ha criticado a los defensores de los derechos humanos.
También parece un cálculo deliberado que la marcha se realice tres días después de la ceremonia del 104 aniversario de la “Marcha de la lealtad”, en la que el Secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, pidió que los mexicanos “cerremos filas en torno a nuestro presidente”.
Para completar el cuadro, la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión, envió una circular a sus afiliados -siempre comprometidos con la libertad de expresión- para que el día de la marcha, a las catorce horas, se transmita el himno nacional “como una muestra de unidad”. No es marcha, es marchesín.