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La Verdad del Sureste

MEMORIA TABASQUEÑA

La Casa Correccional de Mujeres de Tabasco


MEMORIA TABASQUEÑA
Como en otras ocasiones lo he señalado, la presencia de las mujeres en la historia de Tabasco ha transitado entre claroscuros, omisiones y aunque en el presente, la narraciones históricas donde figuran las mujeres como protagonistas de su realidad social han aumentado, aún queda tanto por construir sobre el devenir histórico de las mujeres en el terruño tabasqueño. Porque estudiar y escribir sobre las mujeres requiere un compromiso no solo con la profesión sino con su pasado, que tradicionalmente se minimiza o ignora.
Con estas palabras iniciales, hoy les comparto en este artículo algunas acotaciones sobre un hecho significativo del siglo XIX, que aconteció en San Juan Bautista durante el gobierno de Manuel María Escobar: la creación, en 1853, de la “Casa Correccional de Mujeres”. A grandes rasgos, el gobierno de Manuel M. Escobar (1853-1855), se caracterizó por ser de corte conservador y centralista, que se apoyó en el proyecto político de Santa Anna, para establecer su control administrativo y militar en el Departamento de Tabasco.
En esas circunstancias, la administración económica, política y jurídica de la sociedad tabasqueña estuvo delimitada por los intereses de corte conservador y religioso del ejecutivo.
En ese sentido ¿cómo se definió a las mujeres?, existían dos concepciones muy marcadas del deber ser de lo femenino, en primer lugar estaban aquellas que poseían cualidades de “rectitud”, hijas de familia sobre todo de clase acomodada, las que desempeñaban labores como empleadas domésticas; en contraparte, existieron las “escandalosas”, las mujeres delincuentes, impúdicas, aquellas que el periódico oficial se encargó de describir como corruptoras de la temprana virilidad de los jóvenes.
Es decir, esas concepciones y discursos sobre las mujeres, que se difundieron durante los meses de septiembre a octubre de 1853, fueron las que se emplearon para fomentar y legitimar la creación de la “Casa Correccional de Mujeres”.
Además de los discursos patriarcales, de acuerdo con una relación de presos que se publicó (el 13 de octubre de 1853) en la prensa local, también existió la necesidad de trasladar a un solo sitio a todas las mujeres que estaban en calidad de “presas”, en el Hospital Civil y el Hospital Militar en San Juan Bautista; por ejemplo a: Gertrudis Echegaray, Carlota Campos, Juana Centella y Carmen Cámara Centella.
A finales de octubre de 1853, el gobierno destinó 60 pesos para las actividades y sostenimiento de la “Casa Correccional de Mujeres”. Y con el cuidado del fray Eduardo de Moncada, Manuel de Regil y Miguel Dondé, se elaboró el reglamento interno de dicha casa.
Así, el 6 de noviembre se publicó en el “El Tabasqueño” periódico oficial, el reglamento de la “Casa Correccional de Mujeres”, este reglamento está compuesto de 27 artículos donde se describen las funciones de la directora de la casa, así como las labores que debían realizar las mujeres presas. Cabe resaltar que además de realizar tareas domésticas, las mujeres que debían vivir en esa casa recibían un adoctrinamiento católico desde las cinco de la mañana hasta el atardecer. Además, si algún padre o madre de familia, tutor o empleador lo deseaba, podía mandar a su hija o trabajadora que recibiera la instrucción moral y religiosa que solo la “Casa Correccional de Mujeres” podía proporcionar.
¿Qué significó esa casa en Tabasco? implicó la vigilancia, represión e imposición de modelos de conducta para las mujeres de diferentes edades, no solo de aquellas que habían cometido un delito, según la legislación local; sino de las mujeres que a pesar de ser ‘libres’, también debieron someterse a la corrección moralista y religiosa de la época. Cabe señalar que algunas de las mujeres que terminaron en esa casa, fueron simpatizantes, familiares o tuvieron algún vínculo de amistad con los liberales federalistas.
A modo de conclusión, con este ejemplo podemos dimensionar cómo el proyecto conservador que se estableció en Tabasco durante el siglo XIX, definió el deber ser de las mujeres, basada en una postura moral católica, que fomentó las diferencias de clase.


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