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La Verdad del Sureste

MEMORIA TABASQUEÑA

Discurso de Piedad González sobre la educación en Tabasco


MEMORIA TABASQUEÑA

Entre 1856 y 1857 la educación tabasqueña experimentó una transformación significativa. No solo transitó, de los dogmas basados en la fe católica, establecidos en el sistema educativo mexicano por los conservadores centralistas, hacia la educación laica y libre, que establecieron los liberales y federalistas en la constitución del 57. En ese sentido, el sistema educativo fue parte de un proceso en el que Tabasco transitó de una cultura dogmática y conservadora a un cultura de participación política determinada por los fenómenos que la república estaba experimentando. A partir de ese tiempo, nuestro estado empezó a definir su destino en función de los fenómenos nacionales. Sin embargo, como les mostraré, a pesar del contexto de transición de la educación a partir de las propuestas liberales, las concepciones patriarcales y conservadoras sobre las mujeres no se trastocó.
Al respecto cabe decir que existen documentos históricos que nos permiten ubicar cómo se dio la transición y los cambios educativos en Tabasco durante esos años. Entre ellos podemos señalar los discursos en la inauguración y clausura de los cursos escolares; los decretos y leyes que crearon nuevas escuelas bajo la perspectiva de la constitución federal y local de 1857; también, tenemos los artículos y análisis que los tabasqueños de la época hicieron para reflexionar sobre el significado social de la educación; y desde luego, podemos consultar los presupuestos, las listas de estudiantes, las listas de escuelas y los informes del gobierno sobre el quehacer educativo.
Uno de los documentos que recientemente consulté y me permite reflexionar sobre la mentalidad de las mujeres de la época; sobre cómo se incorporaron al sistema educativo y sobre cómo reproducían un discurso que legitimaba el status quo de aquel tiempo, con tintes dogmáticos y posiciones conservadoras sobre el deber ser de la mujer, es el discurso que pronunció la alumna Piedad González el 25 de diciembre de 1856 en la Escuela de Niñas de San Juan Bautista.
En el inicio del discurso se lee textualmente: “Señores (…) en mi corazón se encuentra grabado un justo reconocimiento de eterna gratitud hacia vosotros; y esa gratitud a los beneficios a la educación inspira a la mujer desde sus primeros años proporcionándole una esperanza sin límites…” con esas palabras iniciales, la alumna expresó que en ella se sintetizaba la voluntad de sus compañeras, maestras y de la directora de la Escuela de Niñas; destacó que formaba parte del “débil sexo” y que la educación de las niñas y jóvenes en Tabasco era algo reciente, que se daba bajo circunstancias en las que se expresaban las carencias económicas, la ausencia de material pedagógico y la limitada infraestructura escolar.
También, Piedad González señaló que con el aprendizaje en los libros y con los útiles escolares necesarios, la educación les proporcionaría “… ventajas favorables que no solo serán la fama y honra en nuestro sexo, sino también el progreso del suelo que nos vio nacer.” Con esta concepción, el discurso que pronunció Piedad González al abrirse la Escuela de Niñas también dejó ver cómo la mujer debía asumir su formación educativa, en la que expresó: “…la mujer desde su infancia debe poseer la religión, la virtud y la ilustración; sin estos preciosos dones, nada vale la infeliz, todos la desprecian, es la deshonra de su familia y mengua de la sociedad.”
Con estas ideas, Piedad González reivindicó su creencia religiosa. Y consideró que la principal virtud de la ilustración femenina, radicaba en el reconocimiento del carácter orientador y formador de la religión. Así, paradójicamente, como parte de la mentalidad de aquella época, expuso textualmente lo siguiente: “¿cuál ha sido y es el origen de que las naciones sean grandes y poderosas? ¡La ilustración!. Pues bien: este conjunto de grandezas debe aspirar las almas nobles porque sin religión no hay virtud, sin virtud no hay ilustración, y sin ilustración no hay progreso, no hay existencia ni patria.
Con esa retórica, el discurso de Piedad González forma parte de las expresiones de la sociedad mexicana que se había formado bajo los principios e ideas dogmáticas de la religión, pero que estaba transitando hacia una educación en la que el conocimiento y la ciencia se identificaban como motores del desarrollo y del progreso. El hecho de que una mujer expusiera esas ideas, debe verse como un acto de reproducción social en el que, culturalmente, se legitima a la estructura social, al proyecto hegemónico que determina la vida social; en este caso, la educación y formación de las niñas y adolescentes.
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