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La Verdad del Sureste

México 68: las venas de la Revolución


Hoy dos de octubre del 2018 se cumplen los 50 años conocidos por la represión estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, convertido por los jóvenes de la época en el corazón político de la hoy Ciudad de México. Un hecho histórico que reveló las venas aún abiertas de una revolución inconclusa.

    Momento histórico donde los estudiantes retomaron las añejas demandas relacionadas con mayores libertades sociales y políticas que en ese momento el gobierno del Presidente Gustavo Díaz Ordaz les negó y enfrentó con violentos actos represivos.  
    Nuevos documentos que se hacen públicos hoy, indican que el movimiento estudiantil que explotó el 2 de octubre, fue consecuencia de una serie de peticiones estudiantiles que defendían e impulsaba la educación superior como eje y detonador de movilizaciones en distintas (por no decir todas) las universidades públicas del país.
    Los estudiantes fueron los más indicados para demandar mejoras a la educación superior, en sus pliegos petitorios solicitaban autonomía universitaria, mayores recursos para la investigación, mayor número y mejores salarios para profesores, terminación del porrismo universitario, salida de la policía universitaria de la Universidad Autónoma de México (UNAM), becas y la construcción de las famosas casas de estudiantes en la Ciudad de México.
     Peticiones que nunca quiso negociar Díaz Ordaz, y que en la medida que cerraba los espacios de negociación y arreciaba la beligerancia del Estado contra los universitarios, en esa medida el conflicto se extendía a los estados de Puebla, Michoacán, Sinaloa, Sonora, Tabasco.
    Y en la misma Ciudad de México (antes Distrito Federal) se integraban padres de los jóvenes participantes.
     Los testimonios publicados hoy en distintos medios de comunicación reflejan la brutalidad del Estado, e implícitamente dan cuenta de las justas demandas de la lucha. Una lucha inamovible en su concepción objetiva, libre de dogmas y cargada de la lucidez del pensamiento de ese tiempo y en abierto rechazo al conformismo. Por ello los padres más informados, e informados en la retroalimentación del movimiento se unieron a las marchas.
     El saldo para el Estado fue no sólo amargo, sino también deleznable, crítico, y reveló la falta de capacidad de su gobierno como interlocutor y gestor de sus demandas.
     Se entiende que el tema de la educación superior fue el eje de la disputa.
     Nada más y nada menos que el instrumento social que sin excepción, conduce a los pueblos a crecer, o bien a mantener la sociedad sin cambios.
    Los universitarios lo sabían y pelearon por ello.  
     Conflicto que si lo vemos más atrás, la educación superior en ese tiempo tenía connotaciones “prohibitivas” en materia de enseñanza y creación tecnológica; e incluso, para ese entonces se habla que el Instituto Politécnico Nacional (IPN) creado en 1936, no desplegaba su capacidad técnica y científica en las carreras de ingeniería que impartía.
     Sin embargo, años más tarde, se deshacen los nubarrones que no dejaban ver con claridad el cielo despejado de los hechos, para decirnos que en ese tiempo era evidente la presión del exterior para que la educación superior no fuera propositiva y creativa.
     El motivo la Guerra Fría (1947-1991); la consolidación de la URSS, la separación de Alemania en dos países, como ejemplos de los acontecimientos que perturbaron el pensamiento y acrecentaron las medidas coercitivas de los Estados Unidos, hacia México particularmente. 
     En fin, finalmente el movimiento del 68 dinamizó y resolvió otros asuntos, pero el IPN no despega toda su capacidad creativa.

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