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La Verdad del Sureste

MEXICO, BRASIL, SIMILITUDES SOCIALES


Con un panorama político social muy parecido al de México (corrupción, recesión y escalada de homicidio), el gigante sudamericano Brasil se prepara para celebrar en octubre elecciones presidenciales.
    Al igual que en nuestro país la mayoría de los ciudadanos de Brasil, ya no creen en los políticos y sus respectivos partidos. El descrédito en los partidos tradicionales, los múltiples escándalos de corrupción, la violencia desbocada en muchas regiones del país y la severa crisis económica, han impulsado a este polémico candidato que ha declarado que el presidente de EE.UU., Donald Trump “es un ejemplo” para él.  Es bajo este ambiente de inconformidad social y en plena recta electoral, surge el actual diputado por el Partido Social Liberal el  popular y ex militar  retirado “Jair Bolsonaro”, quien goza la simpatía del 60% de los jóvenes y lidera las encuestas con el 17%, adelante de marina Silva activista en favor del medio ambiente con el 13 %.  Este militar retirado ha logrado posicionarse al mismo tiempo como un líder conservador que quiere “rescatar valores familiares” y armar a la población ante el aumento de la violencia urbana y sobrepoblación de las cárceles, su discurso incendiario ha permeado en sus seguidores ante la ola de crimen generalizado que se vive hoy en Brasil al proponer la venta libre de armas, torturas a delincuentes y ejecución extrajudiciales por parte de la policía, medidas drásticas para que de manera inmediata se acabe  de raíz con este mal social en plena descomposición. “En mi gabinete tendré muchos militares. Los gobiernos anteriores colocaron guerrilleros, terroristas y corruptos y nadie decía nada”, afirmó en un foro.
    Analistas y políticos de Brasil ven en Balsonaro una especie de Trump brasileño por su forma de hablar, y discursos incendiarios, “No serán la prensa ni el Tribunal Supremo quienes van a decirme cuáles son mis límites”. A semejanza de Trump, el brasileño intenta desprestigiar a los grandes medios de comunicación, a los que acusa de manipular sus declaraciones para atacarlo.
    A sus 62 años se presenta como el político de la anticorrupción -su nombre es uno de los pocos no citados en el escándalo Petrobras-. Promete mano dura y el retorno a los valores tradicionales de la familia heterosexual. Asegura que en su gobierno la mitad de los ministerios serían dirigidos por militares por ser «los únicos libres de corrupción».  Y defiende la pena de muerte, la castración química y el fin del estatuto de desarmamento que prohíbe a los brasileños tener armas en sus casas: «Tenemos que poder defendernos de los bandidos”, “Derecho a la defensa” en su retórica radical termina con su lema “Brasil por encima de todo y Dios encima de todos”.

 

 

 

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