México: el rescate de la identidad por la educación
Para aplicar los preceptos constitucionales en educación se conforma previamente la Secretaria de Educación Pública (1921), en manos de José Vasconcelos (Oaxaca, 28 de febrero de 1882-Ciudad de México, 30 de junio de 1959) quien como abogado, político, escritor, educador, lo primero que llevó a cabo fue la adecuada organización de dicha institución en tres áreas o departamentos: Escuelas. Que incrementó las escuelas elementales, dio vigoroso impulso a las escuelas rurales y técnicas; creó escuelas preparatorias en las capitales de los estados, impulsando la educación infantil y de adultos, siempre conformando talleres para impulsar la pequeña industria en las regiones en que funcionaban estas.
Su 2ª gran preocupación fueron las Bibliotecas. Consideró el requerimiento de bibliotecas ambulantes, juveniles y públicas en poblaciones mayores de 3,000 habitantes, para acercar la lectura y por ese medio la cultura al pueblo. Hubo también un gran impulso a la labor editorial, con la producción de series de libros que se movieron profusamente por todo el territorio nacional.
Las Bellas Artes fue otro factor educativo. Así se llevó la cultura a los grandes conglomerados sociales, difundiendo el arte popular: pintura, teatro, lecturas, poesía, artesanías. Se actuó en contra del intelectualismo y el “teoricismo” sin sentido práctico, dando gran importancia al artista creador.
Vasconcelos estuvo al frente de la secretaría de 1921 a 1924. Durante este tiempo convoca una gran campaña de Alfabetización –el país estaba sumido en un analfabetismo criminal que afectaba casi al 80% de la población- asunto que se considera “enraizado en los mecanismos de reproducción de las estructuras de nuestra sociedad”. El hecho que se consideró primordial para ese empeño nacional se inscribe en los conceptos de que: “se habla para que se escuche, se escribe para que se lea. En la palabra está el secreto de nuestra especie; se trata de un auténtico código de la cultura”. Para atender el tema, los estudiantes de la universidad salieron a los pueblos a brindar sus conocimientos a los ciudadanos, niños, jóvenes, ancianos, con resultados muy importantes.
Cumpliría, además, con la federalización de la enseñanza, yendo con su empeño educador a todo el país. Todos los establecimientos de educación, de todos los niveles, serán supervisados por la SEP. Ésta vigilará, organizará y señalará las disposiciones técnicas y políticas de enseñanza. Dentro de estos asuntos, el pensador y escritor, pero también funcionario, adjudicó mucha importancia al mestizaje en la conformación de una cultura nacional. No habría “indios”, sino, mexicanos conformando un solo país. Con el mestizaje quería integrar una personalidad nacional a la cual se debía incorporar poco a poco a los indígenas. Él creía que el mestizo, con el apoyo de la cultura, lograría superar las condiciones que favorecían su manipulación por parte de tiranos y hacendados. Errores posteriores redujeron su esfuerzo en bien de la educación nacional. Quedan como legados de Vasconcelos a México, sus libros: “Ulises Criollo” y “La Raza Cósmica”, dignos de análisis y propagación, entendidos y admirados en la Región.
El siguiente paso importante en el proceso de la Revolución Mexicana fue la consolidación del movimiento obrero organizado, que venía de un México vinculado al mercado mundial como proveedor de materias primas que, al estar en manos extranjeras su explotación, lleva también a la exportación de capitales. Esto se desarrolla subordinado a bancos cuyas filiales se establecen en el territorio nacional para controlar -mediante crédito- a la industria, el comercio y enviar sus ganancias al capital financiero-industrial trasnacional. Estos eran los avances que para esos momentos presentaba la dependencia económica nacional. Cualquier préstamo para desplegar proyectos productivos, industriales o agropecuarios, o para la adquisición de materias primas o maquinaria del exterior, pasaba por el visto bueno de dicho capital financiero internacional. A desearlo o no, los terratenientes o pequeños empresarios se asocian como dependientes del imperialismo. Por ello, el país se industrializa en función de necesidades del mercado planetario, apoyado en la oligarquía terrateniente local, única capaz de articularse con tal explotación.
Durante la etapa llamada constructiva de la Revolución Mexicana los movimientos obreros disfrutaron de gran influencia en educación. Respaldaron la reforma del artículo 3°, por su contenido a favor de las clases populares. La C.R.O.M y C.G.T gestionaron implantar la educación racionalista, misma que avanzó en los Estados de Yucatán y Sonora. La reforma propone propagar la enseñanza utilitaria y colectivista, para alistar a los estudiantes para la productividad, misma que inspire el amor al trabajo como un deber social e impulsor de una economía al servicio de los más necesitados.
Las bases en que se desarrolla la revolución mexicana de 1910-1940, cubre la participación social intensa y su organización posterior. En ese período comienza la intervención de “las masas, en un primer momento campesinas y después de los trabajadores que luchan instintivamente por transformar sus condiciones de vida”. En una 1ª etapa (1910-1920) son algunos terratenientes y empresarios de mediano y pequeño tamaño, quienes alcanzan niveles de dirección, aún no están listos los liderazgos del vigoroso movimiento revolucionario campesino. Es en una 2ª etapa (Maximato y cardenismo) cuando el movimiento de los trabajadores es contenido por caudillos que construyen una variación de estado, a quien la izquierda connotó como bonapartista, porque se balancea entre clases para generar condiciones de desarrollo capitalista.
Cuando Lázaro Cárdenas llega al poder, se ve comprometido a confrontarse con el imperialismo norteamericano e inglés –favorecidos por el porfiriato- ejecutando la nacionalización del petróleo mexicano, como palanca para el desarrollo de una empresa nacional fuerte, tanto en el campo como en la industria, buscando una manifiesta independencia del capital extranjero, mediante el manejo planificado de los recursos que proveería el hidrocarburo. (Continuará)
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