México: el rescate de la identidad por la educación.
Veíamos como distinguidos filósofos, pedagogos y otros investigadores, influenciaron con su pensamiento y corrientes, en la constitución de la denominada escuela nueva o activa, que buscaba un “proceso activo, basado en la experiencia y el hacer” a fin de avanzar hacia la construcción de un hombre preparado integralmente para afrontar las situaciones de la vida en comunidad.
Por su lado, Granville Stanley Hall (1846-1924), psicólogo y pedagogo estadounidense, creó la tendencia progresista, de allí que se le califique como padre del movimiento en pro del estudio del niño y, con tal fin proponga diversas reformas al proceso educativo. Su teoría de la recapitulación sobresale por su persistencia en señalar que “…todo ser humano atraviesa por distintas fases de desarrollo en el aspecto somático lo mismo que en el psíquico, fases que repiten las de sus ancestros raciales en la escala evolutiva de la vida”.
La predominancia de la escuela nueva o activa, en donde la educación gira alrededor de los intereses de los niños (interés motor, intereses prácticos, teóricos o exteriores e interiores), se vio apuntalada por otros pensadores. Kerschensteiner (pedagogo alemán, pionero de la educación popular), quien maneja cuatro fases del desarrollo de los intereses, conjugadas con el proceso vital de la persona: la primera infancia (uno a dos años); segunda infancia o edad del juego (seis a siete años); egocentrismo o yo, por encima de todo (ocho a catorce años) y finalmente: la etapa de los intereses objetivos del trabajo, como reacción de madurez.
Sus logros se apoyan en tres finalidades interdependientes: la enseñanza profesional y responsabilidad cívica (elementos fundamentales de la educación general); de allí deriva un concepto de educación que recalca vínculos entre la educación y la vida, con intención de inscribir su sistema educativo en un contexto de mayores alcances: una filosofía de la cultura.
Desde distintos orígenes, Kerschensteiner, Natorp (alemán) y Spranger (alemán) avanzan hacia una pedagogía que apuntala la educación moral. Sus propuestas pedagógicas, aún diferentes, patrocinan una educación que busca la consolidación de la incipiente democracia planetaria de principios del siglo XX. Un panorama político así, requería educar moralmente al ciudadano. Por ello, la escuela del trabajo (Kerschensteiner), como la pedagogía social (Natorp) o la pedagogía culturalista de (Spranger) comparten un proyecto similar, moral: educar para lograr una ciudadanía activa, misma que “se fomentará a través de la educación moral basada en la igualdad política y social”.
Diferentes criterios y doctrinas educativas de las expresadas, dieron fuerza para considerar como clásica la Política educativa revolucionaria mexicana, expresada en sus fundamentos dentro de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, firmada y emitida por el Congreso Constituyente revolucionario reunido en Querétaro, a instancias del Primer jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza -si bien sus ideas fueron desechadas como veremos-. Dicha política educativa basaba sus logros en tres objetivos interdependientes: la enseñanza profesional junto a la responsabilidad cívica, elementos primordiales de la educación general; emanado de allí, un concepto de educación que subraya vínculos entre educación y vida, y el afán de asentar este sistema de educación en el contexto más amplio de una filosofía de la cultura.
El Congreso Constituyente (inicio el 1°-diciembre-1916) deliberó con toda la fuerza necesaria, asumiendo choques entre posiciones encontradas, para arribar a conceptualizaciones forjadas al calor de la lucha armada, en que diversos personeros de la cultura y el magisterio, aportaron y defendieron sus ideas, muchas de ellas confrontadas con la propuesta original de Venustiano Carranza, misma que resultó desechada.
Para ello, el pleno del Congreso conformó una comisión, encabezada por al Gral. Francisco J. Mújica -impulsor y defensor del laicismo- con el encargo de que se revisaran atentamente los temas enviados por Carranza. El total rechazo fue la conclusión, al ser ideas rebasadas por las concepciones manejadas por varios diputados, que estaban abiertos a lo más avanzado del momento.
El debate posterior se concentró en el concepto de laicismo. Se discutió desde un laicismo neutral: el maestro no debía alterar las ideas que el alumno aprendiese en casa, por muy inexactas o equivocadas que fuesen, frente a las ideas inculcadas por la iglesia. Bajo el liderazgo de Mújica, se desarrolla una fuerte oposición a un laicismo que escondía ideas perversas. Tras un intenso debate se aprueba un laicismo “científico”, fundamentado en un principio de concordia de todos los seres humanos, fundado en lo que los une. Los logros de la época juarista fueron el sustento, en aquella oportunidad, por lo que jurídicamente se decidió la separación del Estado y la iglesia católica, hoy ampliado el concepto frente a “las diferentes instituciones religiosas, agnósticas o ateas y la neutralidad del Estado con respecto a las diferentes opciones de conciencia particulares”.
La Comisión-Mújica presenta su proyecto, que es aceptado en el pleno, originando el artículo 3° de la Constitución. Las conclusiones sustantivas incorporadas fueron: La enseñanza religiosa es contrapuesta al desarrollo psicológico del niño, la que de continuarse, puede derivar en violento fanatismo. El clero es enemigo de las libertades. Por ello la prohibición al clero para participar en la enseñanza. Laicidad lleva a una enseñanza separada pero respetuosa de toda creencia religiosa, siempre bajo la visión de la ciencia. El requerimiento de desterrar todo dogma religioso de la enseñanza pública, impidiendo la influencia del clero en la enseñanza; establecer una educación libre, laica, gratuita y obligatoria en los establecimientos escolares oficiales, lleva a la conformación de escuelas federales y escuelas “Artículo 123”.
Para aplicar los preceptos constitucionales en educación se conforma previamente la Secretaria de Educación Pública (1921), puesta en manos de José Vasconcelos (Oaxaca, 28 de febrero de 1882-Ciudad de México, 30 de junio de 1959) quien como abogado, político, escritor, educador, lo primero que llevó a cabo fue la adecuada organización de dicha institución en tres áreas o departamentos. Dentro de su actuación: incrementó las escuelas elementales, dio vigoroso impulso a las escuelas rurales y técnicas; creó escuelas preparatorias en las capitales de los estados, impulsando la educación infantil y de adultos, siempre conformando talleres para estimular la pequeña industria en las regiones en que funcionaban éstas.
Su 2ª gran preocupación fueron las Bibliotecas. Consideró el requerimiento de bibliotecas ambulantes, juveniles y públicas en poblaciones mayores de 3,000 habitantes, para acercar la lectura y por ese medio la cultura a la población, incluso la más apartada de la zonas urbanas. Hubo también un gran impulso a la labor editorial, con la producción de series de libros que se movieron profusamente por todo el territorio nacional, informando de múltiples temas, sobre todo promocionando la literatura nacional.
Las Bellas Artes fue otro factor educativo considerado por Vasconcelos. Así, se llevó la cultura a los grandes conglomerados sociales, difundiendo sobre todo el arte popular: pintura, teatro, lecturas, poesía, artesanías. Se actuó de ese modo, en contra del intelectualismo y el “teoricismo” sin sentido práctico, dando gran importancia al artista creador -incluido el artesano- que está presente en todas las regiones del país.
Vasconcelos estuvo al frente de la SEP de 1921 a 1924. Durante este tiempo, convoca una gran campaña de Alfabetización –el país estaba sumido en un analfabetismo criminal que afectaba casi al 80% de la población- asunto que se considera “enraizado en los mecanismos de reproducción de las estructuras de nuestra sociedad”. El hecho que se consideró primordial para ese empeño nacional se inscribe en los conceptos de que: “se habla para que se escuche, se escribe para que se lea. En la palabra está el secreto de nuestra especie; se trata de un auténtico código de la cultura”. Para atender el tema, los estudiantes de la universidad salieron a los pueblos a brindar sus conocimientos a los ciudadanos, niños, jóvenes, ancianos, con resultados muy importantes.
Lograría, por otro lado, la federalización de la enseñanza, yendo con su empeño educador a todo el territorio nacional. Los establecimientos educativos, de todos los niveles, serán supervisados por la SEP. Ésta vigilará, organizará y señalará las disposiciones técnicas y políticas de enseñanza. Dentro de estos temas, Vasconcelos adjudicó mucha importancia al mestizaje, en la conformación de una cultura nacional. No habría más “indios”, sino, mexicanos conformando un solo país, una sola nacionalidad. Con el mestizaje quería integrar una personalidad nacional a la cual se debía incorporar poco a poco a los indígenas. Él creía que el mestizo, con el apoyo de la cultura, lograría superar las condiciones que favorecían su manipulación por parte de tiranos y hacendados. Errores posteriores redujeron su esfuerzo en bien de la educación nacional. Quedan como legados de Vasconcelos a México, sus libros: “Ulises Criollo” y “La Raza Cósmica”, dignos de análisis y propagación, entendidos y admirados en la Región Latinoamérica-Caribe. Correo electrónico: [email protected]