México: el rescate de la identidad por la educación
Primera parte
Un sistema planetario en crisis, se adiciona con la presión de la potencia hegemónica en América, para instar a que la vida de nuestras naciones se incline forzadamente hacia valores que contravienen los históricos de la solidaridad y la democracia, a fin de fortalecer los de globalidad y derechos individuales, que impulsaron desde los años 80 del siglo XX, a través del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, provocando desarraigo y confusión en diversos órdenes de la vida de nuestros pueblos y comunidades.
Esas presiones por mantener el control de “su traspatio”, que lleva al imperio hacia actitudes marcadamente de control y vigilancia de nuestras decisiones soberanas, provocan pobreza y miseria en los pobladores, que reaccionan emigrando masivamente hacia las fronteras de la nación que induce el éxodo y que califica tal movimiento poblacional, cada vez con epítetos más crueles y faltos a la verdad, en algunos casos.
La renovada política de “América para los americanos” –considerándose ellos América- está dando frutos favorables a los intereses extra nacionales en el Continente, impulsando la toma del poder por grupos de la derecha, mediante “golpes blandos”, en países de una gran importancia por sus dimensiones, población y tamaño de sus economías.
Tales grupos ultraderechistas están echando por tierra resultados muy positivos para las clases marginadas, construidos por gobiernos progresistas, que les estaban sacando del marasmo de siglos en que habían vivido.
Pero las condiciones espinosas no disminuyen. The Wall Street Journal dice que la decisión de EU para destituir al presidente Nicolás Maduro, es el primer paso del gobierno de Donald Trump para “remodelar” Latinoamérica, siendo Cuba su siguiente objetivo. El informe señala que EU proyecta divulgar nuevas medidas contra Cuba en próximas semanas, considerando nuevas sanciones –como si las que sufre no fueran suficientes- y volver a calificar a la Isla como estado adalid del terrorismo. Se juzga que la medida podría complicar duramente las inversiones extranjeras en ese país.
The Wall Street Journal, indica también, que EU apuntaría luego a Nicaragua. Se recuerda que en noviembre, el asesor de seguridad nacional John Bolton calificó a las tres naciones citadas, como una “troika de la tiranía”. En esta línea de pensamiento, la semana pasada, el vicepresidente Mike Pence afirmó que a Trump “no le entusiasman” intervenciones estadounidenses en el extranjero, “excepto en este hemisferio”.
En los procesos electorales recientes -salvo el caso de México- se hace sentir en la mayoría, la fórmula de servicio a los intereses trasnacionales, en una trama donde las “benditas redes sociales”–Andrés Manuel López Obrador, dixit- forman parte de la política activa, apreciándose la participación cada vez mayor en la Región, de las iglesias evangélicas, situaciones que impactan en los resultados electorales, conviviendo con asiduos y enraizados problemas como: corrupción, violencia y narcotráfico.
México es hoy –tras décadas de alejamiento, posiciones contradictorias o francamente negativas- una paradigmática circunstancia para la Región. Tras un acosado proceso electoral federal, las urnas rebosaron apoyo para Andrés Manuel López Obrador (AMLO), candidato del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA). Este personaje popular, desde el 1º de Diciembre del 2018, despacha como presidente de la República.
Durante la intensa campaña electoral fue desarrollando, en lenguaje llano, comprensible para todos, sus propuestas para la transformación de la vida nacional, que de manera compacta se enmarcan en el logro de la Cuarta Transformación Nacional. Algunos rasgos caracterizan a esta meta, que empezó a plantearse socialmente, aún antes de su toma de posesión como mandatario, lo que despertó esperanzas en la ruta del renacer de México.
La nación mexicana venía –para la elección del 2018- de más de tres décadas de empeños por terminar con los residuos del movimiento social más vigoroso y creativo del siglo XX: La Revolución Mexicana. Ésta construyó un andamiaje ideológico llevado a lo social, que pasa por la entrega de la tierra a quien la trabaja; la organización de los gremios: obrero (en sus diversas expresiones); campesino (economía social incluyendo a ejidos, comunidades y pequeña propiedad); magisterial (el más importante de la Región) y otros que fueron fortaleza del régimen de la revolución. También se buscó la organización empresarial como contrapeso y equilibrio en la construcción de una nación, que rescató el petróleo y con los recursos obtenidos, apuntaló financieramente períodos amplios con crecimiento económico por arriba del 6%.
El resultado de la acción de esas más de tres décadas, fue desmantelar el estado de bienestar, que con altibajos venían conformando los gobiernos “emanados de la Revolución”, hasta conformar un gobierno que, basado en la corrupción y la impunidad, se dio a la tarea de ir entregando a transnacionales los recursos de la nación y a coludirse con ellas, para formar una casta gubernamental que no tenía división entre lo empresarial y lo gubernamental. Así nace un poderoso grupo de multimillonarios que no respetan ninguna de las conformaciones, que para bien de la sociedad se habían construido hasta la década de los 80s del Siglo XX o simplemente las incorporaron a su ritmo de entrega del país al proceso neoliberal.
A partir de diciembre del 2018, una nueva nación inicia su construcción. La encabeza el presidente López Obrador, quien muestra sus determinaciones gubernamentales, confrontándolas diariamente con la opinión pública, en sesiones informativas mañaneras, de lunes a viernes, en donde da respuesta puntual –en ocasiones en boca de los encargados de los asuntos cuestionados- a preguntas de los periodistas presentes, que cada vez son más, representando todas las tendencias de la prensa nacional.
La opinión ciudadana es considerada por el gobierno de López Obrador, con un asiduo seguimiento a las opiniones vertidas en las “benditas redes sociales” como el presidente las calificó, con lo que, el costo político de las medidas que se aplican, es tomado directamente, en acciones que buscan invariablemente que se mantenga incólume la confianza del pueblo mexicano en su presidente.
A casi dos meses y medio de la asunción al poder de AMLO, diversos analistas hacen observaciones pretendiendo prospectar lo que ocurre ahora y lograr respuestas a diversas interrogantes como ¿Cuál es la perspectiva respecto a sus ofrecimientos y la posibilidad de realizarlos? ¿Cuáles son los retos que continuará enfrentando su régimen? ¿Cómo entender y aprovechar las experiencias habidas y presentes en Latinoamérica y el Caribe, de países progresistas? ¿Qué llevó al fracaso los regímenes de avanzada en importante países de la Región?.
Continuará
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