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La Verdad del Sureste

El Monopolio Televisivo no ha Estado a la altura de las circunstancias ante la emergencia que enfrenta México


Después del terremoto del pasado viernes 7 de septiembre con una magnitud de 8.2 y catalogado como el más fuerte de los últimos doscientos años; justamente el 19 de septiembre, aniversario 32 de los sismos de 1985, México volvió a estremecerse con un terremoto de una magnitud de 7.1, que hasta el momento, ha causado la muerte de más de trescientas personas en la Ciudad de México, Morelos, Puebla, Estado de México, Guerrero y Oaxaca.
    Esta coincidencia fatal, que según los expertos solamente tenía una probabilidad del 5 por ciento, ha envuelto al país en el dolor y la angustia de miles de mexicanos que han perdido a sus seres queridos y sus hogares; quienes ya de por si enfrentaban problemas de inseguridad, desempleo y veían con indignación a una elite gobernante corrupta que saquea las arcas públicas.
    Y tal como ocurrió en 1985, fue la sociedad civil quien tomó de manera relampagueante la iniciativa, inmediatamente después del sismo, abalanzándose al rescate de las personas sepultadas en los derrumbes, dando un ejemplo de solidaridad y amor al prójimo, buscando sobrevivientes, removiendo escombros, poniendo a disposición herramientas y equipo, ofreciendo comida, donando víveres y agua, dando albergue y consuelo.
    Desde esta perspectiva, resaltemos algunas similitudes y diferencias entre los sismos de 1985 y los de 2017. En 1985, la cifra oficial de muertes fue de 4 mil; sin embargo, cálculos extra oficiales la situaron en 40 mil; en esta ocasión, ya superó la cantidad de 360 personas fallecidas. En 1985 los daños y decesos se concentraron en el Distrito Federal, ahora se replicaron en siete entidades más.
    De manera coincidente, algunos de los puntos de la Ciudad de México afectados son los mismos, como las Colonias Roma, Condesa, Hipódromo Condesa, Del Valle y no solamente eso, sino que en la colonia Obrera donde en 1985 hubo miles de costureras muertas, una vez más en 2017 se derrumbó un edificio ocupado por talleres de costura; en 85 se colapsó la infraestructura hospitalaria y en 2017 la catástrofe se focalizo en casas habitación y oficinas.
    Con base en lo anterior, podemos concluir que después de 32 años, a pesar del avance de las tecnologías y el perfeccionamiento de los protocolos de protección civil; hubo omisión, incompetencia y corrupción en la aplicación del reglamento de construcción de la Ciudad de México, uno de los más reconocidos a nivel internacional.
    La gran similitud de 1985 y 2017 es la reacción inmediata y solidaria de la ciudadanía para enfrentar la emergencia; en ambos fechas, las autoridades se mostraron temerosas de ser rebasadas por la sociedad civil, y optaron por replegar y relegar el apoyo ciudadano; en el 85 la autoridad acordono las zonas destruidas para desmovilizar la participación ciudadana; en 2017, han acotado o rechazado la participación de las asociaciones de rescatistas y ciudadanía, para evitar la amalgama del esfuerzo conjunto entre sociedad y fuerzas armadas.
    Por ello, cobra fortaleza la hipótesis de la formación de una cortina de humo para ocultar la reacción tardía y desorganizada del gobierno federal; convirtiendo la tragedia nacional en un reality show, al desviar y focalizar la atención del país entero en la historia ficticia de la niña Frida Sofía; para lo cual el Grupo Televisa, ante la presencia del Aurelio Nuño, titular de la SEP, uso de manera perversa como locación la escuela Enrique Rébsamen, donde murieron 19 niños y seis adultos; distrayendo y centrando la atención de la opinión pública durante 72 horas, en solamente cinco construcciones colapsadas de la Ciudad de México.
    Televisa, como medio de comunicación integrante del Sistema Nacional de Protección Civil, incumplió con la ley al desacatar las obligaciones que le impone los artículos 13, 15 y 16 de la Ley General de Protección Civil, donde se establece su participación en las tareas de protección a las personas y la sociedad, “a través de la gestión integral de riesgos y el fomento de la capacidad de adaptación, auxilio y restablecimiento en la población”.
    Sin embargo, al focalizar con su engaño la atención en unos cuantos puntos de la tragedia, se convirtieron en un obstáculo para que la ayuda pudiera fluir a otras comunidades, donde reinaba la zozobra y la muerte, con sobrevivientes en espera de ser rescatados, con hambre y necesidad, como en Morelos, Puebla, Tlaxcala, Estado de México y Guerrero. También resulta desdeñable e injusto, que el gobierno federal utilice a una de las instituciones más respetadas como es la Armada de México, como chivo expiatorio, para tratar de limpiar de culpas a Televisa, a quien se le debe investigar por esta mentira al pueblo de México.
    
Manuel Rodríguez González
Presidente de la Fundación Vital Equilibrio por la naturaleza y del
Movimiento de Renovación Global
www.manuelrodriguez.mx

 

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