Muerto y resucitado
@UTufigno
La noche del viernes la noticia circuló rápidamente: Arturo Montiel, ex gobernador del estado de México, había fallecido. Medios de comunicación de alcance nacional, sistemas de noticias y periodistas en lo individual dieron por buena la información… por unos minutos. Después, vinieron momentos de confusión y de desmentidos: Montiel no había muerto pero se encontraba grave, decían algunos; internado, pero estable, decían otros.
La reacción en redes sociales no se hizo esperar: numerosos mensajes en Twitter hicieron que el nombre de Arturo Montiel adquiriera la relevancia que no tuvo como aspirante frustrado a la candidatura presidencial. La ira y el rencor acumulado en contra de quien impulsó la carrera de Enrique Peña, su pariente cercano, estallaron en redes.
Ni el infierno lo quiere. La mayoría de los tuits, cargados de ironía, carecían de respeto hacia la salud del enfermo, si es que acaso la salud de todos los enfermos es respetable. Incluso, algunos se lamentaban de que hubiera sido falsa la noticia sobre su fallecimiento. Surgía alguna explicación ultraterrenal: su lugar en la Tierra ya terminó; sin embargo, no le corresponde el cielo ni el infierno lo quiere.
Las imágenes de ratas, las mismas ratas a las que tantas veces aludió Arturo Montiel en su etapa de gobernador, se hicieron presentes en los mensajes en redes. El roedor como sinónimo de robo, de saqueo, de corrupción. Ex gobernadores como sinónimo de robo, de saqueo, de corrupción. Y Montiel como la mejor personificación de la suma de los anteriores.
Apegada al guión que manejaba en aquellos años, en octubre de 2005 Televisa dio a conocer documentos que demostraban operaciones millonarias realizadas por la familia de Montiel, en las cuales estaban involucrados hijos del gobernador mexiquense. La idea de la televisora no era combatir la corrupción, sino dinamitar las aspiraciones de Montiel. Sobra decir que lo logró.
Seguramente Montiel no imaginaba en ese entonces que su joven sobrino, el que muchas veces aparecía a su lado en ceremonias oficiales o a distancia prudente, el que posteriormente negó tener parentesco con él, terminaría por culminar el sueño de los atlacomulquenses: que uno de los suyos se avecindara en Los Pinos.
¿Qué tal durmió? A partir de que se destapó la cloaca que cubría la corrupción que rodeaba su gobierno, Montiel declinó en sus aspiraciones presidenciales y se concentró en disfrutar de su patrimonio y de la nueva familia que había formado al lado de Maude Versini, relación en la que obtuvo un nuevo revés (dejémoslo de lado porque eso pertenece a su ámbito privado). Así, la palaba corrupción y el apellido Montiel se volvieron sinónimos. Y el talentoso Germán Dehesa comenzó a cerrar sus colaboraciones periodísticas con una pregunta que las más de las veces la dirigió a Arturo Montiel: ¿qué tal durmió?
Si Vicente Fox realmente hubiera sido un demócrata, hubiera actuado en contra de varios mandatarios estatales, fundamentalmente de los emanados de las filas tricolores, ya que en ellos se concentran los poderes caciquiles y económicos que alimentan la estructura territorial del partidazo. Pero no supo, no pudo o se convirtió en cómplice.
Los Duarte, los Yarrington, los Medina, los Borge, los Moreira, son los apellidos de la generación más corrupta de gobernadores en nuestro país, todos con procesos abiertos o en prisión, en los que Arturo Montiel resucita vivo o muerto.
¡Sí se pudo! A pesar de los discursos oficiales y de las acciones para crear un “sistema nacional anticorrupción”, lo cierto es que México ocupa el último lugar –o primer lugar, como usted lo quiera ver- en la evaluación de la corrupción dentro de los países que integran la OCDE.
Datos aportados por 12 instituciones internacionales, entre ellas el Banco Mundial, llevaron a Transparencia Internacional a concluir que la corrupción en México, lejos de disminuir, ha aumentado. En ello tiene mucho tiene que ver el conocimiento internacional de los casos de corrupción de los ex gobernadores, en los que Javier Duarte es el villano favorito.
Al momento de redactar esta colaboración, los informes sobre el estado de salud de Arturo Montiel señalan que se encuentra estable e incluso ya habría dejado el hospital. Dicen los mal pensados que por ahora la libró, tal vez porque “dio una lana” para eludir a la muerte.