EL MURO EN CASA
Hace algunas semanas los vecinos de mi colonia se concentraban en la vía pública y mostraban una actividad (y unidad) fuera de lo cotidiano que llamó mucho mi atención: se trataba de la construcción de un muro en el paso que comunica con el fraccionamiento vecino y que nos aislaba de un sector importante de la ciudad. Agobiados por la delincuencia, vecinos del fraccionamiento contiguo decidieron replicar el método de moda en diversos puntos de la ciudad para intentar hacer frente a los amigos de lo ajeno. No fue poca la tensión que se vivió durante varios días entre fraccionamientos vecinos, aunque al final, y con ayuda de la autoridad municipal, logramos echar la indigna obra abajo.
El conocimiento de casos similares en la ciudad, de fraccionamientos que apuestan por la construcción de muros, bardas, casetas, instalación de portones, etc., como dispositivos de seguridad y tranquilidad ciudadana, da cuenta de lo siguiente: muchos mexicanos (al menos tabasqueños) si creemos en los muros y sus efectos positivos… Ponderamos el aislamiento seguro, antes que las libres “e inseguras” redes humanas.
Preferimos alejarnos del nocivo vínculo social y lo constreñimos a un universo de menor tamaño, incómodo (paradójicamente), pero tranquilo. Vaya, hasta el edil de Centro, ha hecho alusión a los beneficios secundarios de las nuevas jardineras de Paseo Tabasco, como dispositivos que abonan a la seguridad peatonal, por su naturaleza de barrera física. ¿Cómo pretender entonces que el actual presidente del país vecino se abstenga de construir un muro que divida a la sociedad estadounidense y a la mexicana? ¿Las barreras físicas acaso sólo representan solución cuando se trata de medidas locales pero no son válidas cuando involucran países?, Entonces ¿Creemos en los muros? Quizá basta con recorrer las calles de la ciudad para responder esto último. Tw: @MartinezBriceno